Rolando González Patricio:

“Cada artista debe ser un sujeto
pensante y transformador”

Mabel Machado • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

En Cubanacán, un reparto de la alta burguesía capitalina antes del triunfo de la Revolución, el lujo del golf club y las casas de recreo pasarían a tener una función radicalmente distinta a solo dos años de haber subido al poder el nuevo gobierno. La educación y la elevación de la cultura del pueblo se habían convertido en una de las cruzadas más importantes en la nueva etapa, misión a la que se sumaron reconocidos intelectuales y artistas formados en el período prerrevolucionario. En aquellos terrenos de la zona Oeste de la capital se construyeron las primeras instalaciones de la Escuela Nacional de Arte (ENA), institución en la que enseñaron, entre otros, los pintores Servando Cabrera y Antonia Eiriz.

Imagen: La Jiribilla

Catorce años más tarde habían aumentado sustancialmente las demandas de formación y superación del talento artístico de la Isla, por lo que el 13 de septiembre de 1976, bajo la rectoría del pedagogo y crítico de arte cubano Mario Rodríguez Alemán, las escuelas de Cubanacán cedieron su espacio a las facultades que inaugurarían el tercer nivel de enseñanza artística en el país. Desde esa fecha hasta el presente, puede decirse que en la Universidad de las Artes (ISA) se han formado varias generaciones de artistas, críticos e investigadores que se cuentan entre lo más distinguido del paisaje cultural cubano.

Si bien la institución ha permitido la entrada a sus aulas de un grupo significativo de alumnos, los aspirantes a una de sus plazas deben vencer un riguroso proceso de selección. El personal docente aspira a la preparar a profesionales de excelencia, con un vasto conocimiento e información sobre el medio cultural, y entiende que para ello, se hace necesario el trabajo con grupos pequeños y el vínculo estrecho entre profesores y alumnos.

Rolando González Patricio, rector de la institución, ha confirmado en varias ocasiones que la escuela busca impactar en el desarrollo cultural y humano de la sociedad cubana a través de la formación de artistas con la más alta preparación académica y un profundo compromiso social, idea que se confirma en sus respuestas a estas interrogantes sobre los rasgos que definen al ISA, cuando se cumplen 35 años de su primera graduación:

¿Cómo valora las posibilidades que tienen los estudiantes de la escuela de dialogar con otros actores y procesos artísticos dentro del campo cultural cubano mientras permanecen en la etapa formativa?

Una universidad de artes que tiene la posibilidad de seleccionar a  buena parte de sus estudiantes a partir de los mejores resultados de la formación artística del nivel profesional que le precede, no puede permitirse el error de estar de espaldas a la vida artística y cultural del país, y debe hacer lo imposible por alcanzar una apropiación crítica de las mejores tendencias y prácticas internacionales.

Para ser profesor de arte en el nivel superior se requiere la capacidad de poder servir de referente para sus estudiantes. Además, las puertas de la universidad ven entrar y salir cada día a otros artistas de primera línea que de modo tal vez menos regular, vienen también a intervenir en el proceso de formación.”

Esa posibilidad se materializa, para la casi totalidad de los perfiles de carrera de las cinco licenciaturas del ISA, de forma directa e indirecta. Directamente, porque el grueso de los Maestros de esta universidad son artistas en ejercicio. Son parte de lo mejor del país desde el punto de vista artístico, con otra capacidad instalada que es la experiencia formativa en su campo artístico. Para ser profesor de arte en el nivel superior se requiere la capacidad de poder servir de referente para sus estudiantes. Además, las puertas de la universidad ven entrar y salir cada día a otros artistas de primera línea que de modo tal vez menos regular, vienen también a intervenir en el proceso de formación. Por otra parte, más allá de la formación curricular, al ser profesionales que cursan estudios universitarios con un componente práctico muy elevado, es muy común que nuestros estudiantes tengan compromisos directos en agrupaciones o proyectos artísticos en los cuales actúan al lado de creadores y artistas muy reconocidos, lo cual se convierte en una experiencia de formación indiscutible. Esto ocurre tanto en la música, la plástica, el teatro y la danza, como en el cine, la radio y la televisión.

De forma indirecta, ese diálogo tiene lugar cuando nuestros estudiantes se convierten en público especializado dentro de la vida cultural del país. Esto es válido en cualquier lugar, pero la casi totalidad de nuestros estudiantes del curso regular diurno están en la capital. Más de la mitad de ellos vienen de todas las provincias del país y se forman en la principal plaza artística y cultural de la nación. Esto, por supuesto, es una posibilidad que ellos explotan en correspondencia con su capacidad y voluntad individual de aprovechar estas oportunidades, en el camino de llegar a ser artistas verdaderamente cultos. No renunciamos a eso, ni a la esperanza de disponer de condiciones para, de modo selectivo, poder invitar a Cuba y al ISA a más maestros de reconocido prestigio internacional.

¿Qué particularidades tiene el proceso docente, teniendo en cuenta que una característica de la escuela es la vinculación entre formación teórica y práctica artística? ¿Cuáles son las áreas del conocimiento y de la creación más favorecidas o más consolidadas?

Existe un componente práctico imprescindible que, más que acompañar la formación teórica se alza sobre ella. En el ISA el axioma pedagógico universitario de formar del modo más parecido o cercano a la vida profesional se materializa cotidianamente, y no puede ser de otro modo. Sin esa práctica la institución no habría podido labrar el prestigio que ha ganado más allá de las fronteras nacionales. Todos los perfiles de carrera exigen un desempeño práctico y sus exámenes más trascendentes o determinantes  tienen ese carácter. Hasta los perfiles aparentemente más teóricos, como musicología, teatrología, o el recién creado danzología exigen una producción tangible, una obra para evaluar.

Es difícil comparar dentro de nuestra amplia diversidad y elevada complejidad. El perfeccionamiento verdadero es permanente o no es, y en ese proceso intervienen muchos factores. Además de los de orden material, y la calidad del estudiante que ingresa y del claustro disponible, eso tiene mucho que ver con el desarrollo mismo de las artes en el ámbito nacional. Es indiscutible que el desarrollo de la música, de las artes visuales y la danza, para poner solo tres ejemplos, favorece la formación y hasta el desarrollo mismo de los claustros. Sin embargo, son muy estimulantes los resultados de la más joven de las carreras, que es Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual. Tanto por la factura de las obras que presentan como por el número creciente de premios que vienen alcanzando nuestros estudiantes.

Pero este es un tema delicado. Nada se alcanza para siempre si no se rehace o se renueva cada día. Un claustro puede envejecer, pueden aparecer carencias formativas en los candidatos a estudiantes, o pueden acumularse carencias de orden material que imponen ciertos techos a la calidad de la formación. Formar artistas universitarios es muy costoso, y hacerlo en las condiciones que nos son posibles hoy es otro acto creativo.

¿En qué medida las  tendencias internacionales en la enseñanza artística han influido en la conformación de los actuales programas de estudio del ISA? ¿De qué forma esto ha condicionado la creación de nuevos perfiles profesionales?

La experiencia cubana de formación artística, sin renunciar al imprescindible abono externo, tiene ganado ya un lugar que la coloca como referente en varias disciplinas y latitudes. Eso no habría sido posible sin la autenticidad que le dio un proceso de construcción atento a las especificidades y necesidades nacionales...”

A la larga, las mejores experiencias internacionales ayudan a perfeccionar las experiencias propias. Pero creo que la formación artística, si bien tiene que estar, como la cultura toda, atenta al paso del mundo, tiene condicionamientos propios de tiempo y lugar. La experiencia cubana de formación artística, sin renunciar al imprescindible abono externo, tiene ganado ya un lugar que la coloca como referente en varias disciplinas y latitudes. Eso no habría sido posible sin la autenticidad que le dio un proceso de construcción atento a las especificidades y necesidades nacionales, de la mano de los más reconocidos artistas e intelectuales cubanos durante medio siglo de Revolución.

La aparición de nuevos perfiles no obedece a modas o experiencias externas. Está dado por necesidades del desarrollo artístico, cultural o de la propia enseñanza artística. Entre los más recientes se cuentan uno  para la preparación de docentes en las materias teóricas de la enseñanza de la música en los niveles precedentes, y otro para los estudios sobre la danza que se ha denominado danzología, como existen la musicología y la teatrología en sus campos respectivos. 

¿Cómo describe las experiencias del ISA más allá del ámbito escolar, como una institución actuante en diversos espacios culturales de la Isla? 

El ISA ha sido en diversos períodos de su historia una universidad en diálogo permanente con la vida artística y cultural del país. La vocación de servicio a la cultura de la nación ha estado probada sucesivamente. Desde las brigadas serranas de las décadas pasadas hasta los vínculos directos con comunidades, desde Guantánamo y el Escambray hasta El Romerillo.

Una universidad de artes tiene en la extensión universitaria sobre todo un ámbito de formación. La huella del ISA parecería multiplicarse hoy, a juzgar por la diversidad y la frecuencia en que aparece su servicio, pero lo más importante es que eso tribute tanto a la vida cultural del país —con sus estudiantes actuando en una telenovela, protagonizando una exposición o un concierto— como a una formación integral de esos artistas en el camino de ser universitarios. Esa integralidad es parte del patrón de calidad que debemos exigirnos con tanto empeño como el rigor artístico.

Junto a algunos aciertos también sería correcto mencionar algunas áreas donde se impone hacer mucho más. Esta universidad debe continuar perfeccionando su sistema de formación de postgrado, con independencia del salto que experimenta hoy, para continuar contribuyendo al desarrollo artístico y cultural. Y para hacerlo tiene que ser capaz  de investigar más y producir más conocimiento en sus ámbitos de competencia. Si el ISA aceptara ser solo una reproductora de artistas de calidad, sin contribuir con el desarrollo del pensamiento cultural, sin levantarse como una plaza de intenso debate académico e intelectual, traicionaría las esencias de la política cultural de la Revolución, y retrocederían tarde o temprano los indicadores de calidad derivados de sus procesos sustantivos. El artista en el mundo contemporáneo puede tener éxito de mercado aún siendo inculto si es técnicamente más o menos bueno, pero no le es posible dejar una huella trascendente si ignora las esencias y complejidades de su tiempo. Una universidad que forma artistas para contribuir al desarrollo cultural del país tiene que hacerlo integralmente. Nada justificaría no aspirar a hacer de cada artista un sujeto creador; capaz de tomar parte activa, pensante y culta, en la transformación de su realidad. El artista necesita estar a la altura del tiempo en que vive.

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