Nachito Herrera

“El público norteamericano está sediento
de nuestra música”

Maydelis Gómez • La Habana, Cuba

Para comenzar bien el día allá en Minnesota, desde hace más de 12 años, Nachito Herrera prepara un café bien fuerte, lo bebe en jarro de aluminio y se pone a escuchar Radio Reloj. Es un fiel seguidor de las emisoras cubanas: le gusta Radio Rebelde, el programa Alegrías de sobremesa y cuando puede dormir la siesta trata de hacerlo en sintonía de La novela de las dos. “Hay un programa en Radio Taíno que no me pierdo en las mañanas, se llama Hablando de Cuba, y lo conduce Alden Knight, uno de mis actores favoritos. Siempre lo recuerdo en aquella serie buenísima, En silencio ha tenido que ser, que tengo en casa y veo constantemente”, me cuenta en el pequeño camerino del teatro Mella y asegura que no existe la más mínima posibilidad de que se olvide de su país, de sus raíces. “Mi alma siempre ha estado en Cuba y continuará aquí por el resto de mi vida. Tenemos una misión: la de estar del otro lado, porque así podemos seguir trabajando y continuar llevando nuestro arte y nuestra música al público norteamericano. El público norteamericano está sediento de nuestra música”.

Hace poco el público norteamericano tuvo una muestra de la música de la Isla con la presentación, por primera vez en ese país, de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Cuéntenos de esa experiencia.

Fui solo un granito de arena dentro del gran equipo de trabajo que participó en la primera gira de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN) por los EE.UU. Tuve la suerte de ser invitado por el maestro Enrique Pérez Mesa a ser el solista en los más de 20 conciertos que ofrecimos y fue inolvidable.

En la música culta, como se le llama, existen protocolos que uno debe seguir por contrato y normalmente el solista no viaja con la orquesta, sino que tiene sus condiciones independientes. En este caso yo llamé a mi compañía y asumí la responsabilidad, pues quería estar con ellos. Fue una experiencia única, viajar con fundadores de la orquesta y con compañeros míos de la escuela, quienes me trajeron fotos de cuando éramos estudiantes. Fueron días muy emotivos y me sentí el hombre más dichoso del mundo. Esa gira acrecentó el compromiso que tengo con la música y con los músicos cubanos de continuar representando a mi país donde quiera que me encuentre, hasta que cierre mis ojos; aunque dicen que cuando eso pasa uno regresa en espíritu, así que seguiré apoyando en espíritu y en alma a la música cubana.

Durante la gira, el público se impresionaba mucho por la versatilidad de la orquesta que puede tocar todos los estilos de la música clásica y, además, de la música cubana y en esas presentaciones me percaté que el público americano está sediento de nuestra música.

Y ahora que regresa a Cuba, vuelve a presentarse con la OSN…

Así es. Desde 1995 no tocaba en Cuba y eso era ya mucho tiempo, pero ya estoy de vuelta con el apoyo de todas las organizaciones, del Instituto Cubano de la Música, de Orlando Vistel y de Gloria Ochoa. El Jazz Plaza me dio la posibilidad de reencontrarme con mi público, con viejos amigos y, además, me impulsó a crear un nuevo proyecto: Habana Jazz Social Club. Aquí pretendemos hacer una fusión de toda la música y es también un tributo a Pío Leyva, Ibrahím Ferrer, Lilí Martínez, Rubén González, Frank Emilio, a todos aquellos que iniciaron la música tradicional cubana como Compay Segundo, y los que encabezaron el movimiento del jazz en Cuba, como Antonio María Romeu y Gonzalo Romeu.

Habana Jazz Social Club nació el 17 de diciembre, durante nuestro primer ensayo del Jazz Plaza y con este concierto del 22 de diciembre quedó bautizado. La idea ya la tenía desde que estaba en EE.UU. y aquí se concretó con excelentes músicos cubanos con los que ya he trabajado anteriormente. El proyecto cuenta con tres percusiones, tres trompetas, dos saxofones, trombón, bajo, piano, dos cantantes y la pareja de baile Los Santos. Y, en estos momentos, ya estamos programando las presentaciones por EE.UU. para el 2013.

Pero en febrero vuelvo a Cuba para grabar en los estudios Abdala esta maravillosa fusión que hemos creado entre Habana Jazz Social Club y la Orquesta Sinfónica. Además, en mayo estaré presente en el Cubadisco.

Es evidente que a Nachito Herrera le gusta incursionar en diferentes formatos: solista, trío, cuarteto; y también en distintos géneros…

Nosotros tenemos dos tipos de música: la buena y la mala. No soporto las fronteras, no me gusta tener limitaciones a la hora de desarrollar ideas. Por eso, en este concierto se escucharon las melodías de Rachmaninov y de Bach llevadas al cha-cha-cha, al danzón y al latin jazz.

Mi carrera la inicié a los siete años en la escuela Alejandro García Caturla como pianista de música clásica. Yo era 99,9 porciento clásico, pero tenía otros grandes amigos como Miguelito Núñez y Ramoncito Valle que sí tuvieron mucha más inclinación hacia el jazz y al latin jazz casi desde sus comienzos, además de tocar muy bien la llamada música culta. Me empecé a interesar por el jazz y el latin jazz un poco más tarde y me di cuenta que la música es una sola.

Yo me nutro de toda esa gama de leyendas de la música para poder hacer lo que hago en el piano. Respeto y admiraré siempre a todos aquellos grandes que hicieron que Nachito Herrera hoy esté aquí: a mi maestro el señor Gómez Labraña, a mi otro maestro y amigo Frank Fernández, una leyenda de la música y uno de los iniciadores de lo que yo estoy continuando. Él es uno de los pocos pianistas en el mundo que puede tocar una buena guaracha con Adalberto Álvarez y hacer un buen concierto de Chopin y de Rachmaninov. Lo que hago es seguir el legado que ellos nos han dejado y con mi trabajo quiero probarle a todo el mundo que la música es una sola, lo que hay es que sentirla y tocarla.

Vive actualmente en la cuna del jazz, ¿cómo valora el que hacemos en Cuba?

Lo veo muy bien, con muy buena fusión. El jazz es pura improvisación, puro conocimiento de la armonía, pero observo que está tomando un camino más largo, ya no se enclaustran en el jazz tradicional, tenemos muchas variantes y sobre todo le ponemos el sabor que solo nosotros sabemos.

Las nuevas generaciones son muy talentosas. En mi país siempre se ha defendido mucho la juventud, las ideas jóvenes, en eso creo que les llevamos un poco de ventaja a los estadounidenses. Por eso me emocionó tanto saber que hace poco Aldo López-Gavilán se presentó en el Carnegie Hall, de Nueva York, uno de los más prestigiosos teatros del mundo, esa es una buena señal, pues demuestra que el público de los EE.UU. y del mundo reconoce la nueva generación de músicos cubanos.

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