Entrevista con Karla Suárez:

“La Habana de los 90 da para muchas novelas”

Helen Hernández Hormilla • La Habana, Cuba

El año 1993 está en la memoria de una buena parte de la población cubana. Fue entonces cuando la crisis económica de la década de los 90 tocó fondo y para muchas personas el horizonte perdió los matices. Es ese contexto el que elige Karla Suárez para desarrollar su más reciente novela, Habana, año cero, publicada en francés en 2012. La radicalidad de esa fecha le sirve a la escritora para urdir la vida de varios personajes aferrados a la idea de que un documento del italiano Antonio Meucci, primer inventor del teléfono, les cambiaría la vida.

A solo unos meses de estar en las librerías la escritora consiguió el aval del Grand Prix des Iles du Ponant y en diciembre se acaba de anunciar como ganadora del prestigioso Premio Carbet del Caribe y Todo el Mundo, que recae por segundo año consecutivo en la Isla tras haber sido obtenido antes por Leonardo Padura con El hombre que amaba los perros. El reconocimiento creado por el intelectual martiniqueño Edòuard Glissant ha distinguido a autores como Patrick Chamoiseau, Dany Laferrière, Raphael Confiant, Renée Depestre, Maryse Condé, Jamaica Kincaid, Daniel Boukman, entre otros. La inclusión de la escritora cubana en esta nómina no hace más que ratificarla como una de las mejores narradoras contemporáneas, dueña de un estilo literario en el que distinguen la fluidez del lenguaje, la imaginación sagaz y la intensidad de las historias trenzadas con certidumbre.

Es ingeniera informática, mas desde pequeña escribe cuentos como una necesidad enfermiza que ha redundado en suerte de las buenas letras. Sus libros de relatos Espuma y Carroza para actores son los únicos publicados en Cuba, además de Silencios, la novela que le hizo merecer en 1999 el Premio Lengua de Trapo junto con Ronaldo Menéndez y gracias a la cual se insertó en el mercado editorial europeo, continente donde reside desde hace varios años. Allí ha publicado además la novela La Viajera y varios libros de viajes. Recientemente estuvo en La Habana durante la Feria Internacional del Libro para presentar Carroza..., ocasión en la que pudimos escucharle experiencias y criterios sobre la literatura contemporánea. Con el anuncio del Premio Carbet retomamos el intercambio con la autora para explorar las razones que rondan esta novela y así mantener en vilo a los lectores hispanos, esperando la aclamada versión en español.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo surge la idea de La Habana, año cero y cuál es su argumento?

Casi todas las novelas son historias que empiezan a desarrollarse solas en la cabeza y de repente un día vemos algo, tenemos alguna conversación o simplemente pensamos en una palabra y eso es lo que hace desatar el inicio del trabajo. Ese momento normalmente lo asociamos con “el surgimiento de la idea”, pero no es más que la conciencia de tener la idea. Eso fue lo que me pasó a mí: un día me vino a la cabeza la palabra “fractal”, cuando llegué a casa empecé a buscar qué existía detrás de esa palabra y por ahí empezaron a salir los personajes y a contarme la historia. Al final, de la palabra “fractal” no hablo más que en una página, pero fue “la abre novela” o algo así.

El argumento: La Habana 1993. Pleno periodo especial. Hay cinco personajes que están desesperados: Julia, la narradora, licenciada en matemática frustrada porque en lugar de dedicarse a la investigación científica enseña matemáticas en un pre; Euclides, su antiguo profesor de la universidad y ex amante, destruido porque sus hijos se fueron del país; Ángel, hermoso y desocupado siempre en busca de dinero; Leonardo, escritor que dejó de publicar a causa del periodo especial y Bárbara, periodista italiana de turismo en la ciudad que busca una historia que le dé protagonismo profesional. Todos están fascinados por la historia de un cierto Antonio Meucci, italiano emigrado a La Habana en el siglo XIX que inventó el teléfono antes de Graham Bell, pero al que una serie de infortunios le impidieron tener el reconocimiento histórico y todos saben, por diversos caminos, de la existencia de un documento original que prueba tal cosa. Viviendo en plena crisis, en un país que se descompone, donde los valores morales, personales y políticos también están en crisis, los personajes se aferran a la idea de que encontrar ese documento podrá cambiarles la vida. Solo divergen en el uso que cada cual quiere hacer de él, pero el objetivo es el mismo: encontrar el manuscrito. Y para ello vale todo: aliarse, cambiar de bando, mentir y aferrarse a lo único que no cuesta miles de fatigas: sonreír, hacer el amor y soñar...

El año cero de la novela es 1993, ¿por qué lo ubicas en esa fecha? ¿Qué definiciones, a tu juicio, fueron más cruciales por entonces para el país y para la ciudad?

En el año 1993 se hablaba de la “opción cero”, vivir con el mínimo de los mínimos, por eso es lo del año cero. Quizá no llegamos al cero justamente, pero sí que alcanzamos un buen 0,2. Pienso que hay una Cuba antes del 93 y otra después. En ese año se legalizó la doble economía, o sea que los cubanos pasamos a diferenciarnos claramente entre los que tenían dólares y los que no tenían, con todas las consecuencias que eso trae, incluida la humillación, el tener que vivir en tu país sin tener derecho a la mitad de tu país, por ejemplo. Para mí, a partir de ese año los valores de la sociedad (de la que yo conocía hasta entonces) empezaron a cambiarse y el dinero pasó a ocupar la prioridad número uno de casi todos, porque había que vivir, claro está.

Utilizas en la novela el enigma de Antonio Meucci. ¿Por qué te atrajo? ¿Qué paralelismo encuentras entre su historia y lo que sucede a los personajes de la novela?

La primera vez que leí algo sobre Antonio Meucci fue cuando estaba en la CUJAE (Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría), estudiando ingeniería en máquinas computadoras que es mi profesión y me encantó la historia de este hombre. En aquel tiempo solo existía la hipótesis de que él había inventado el teléfono antes de Bell y que lo había inventado estando en Cuba, mientras trabajaba en el entonces teatro Tacón. En Italia siempre lo reconocieron como el verdadero inventor y algunos estudiosos, entre ellos Fernando Ortiz, habían escrito sobre el tema, pero realmente no existían pruebas que demostraran tal hecho. La prueba la encontró Basilio Catania, el ingeniero e investigador italiano que hizo todo el trabajo de búsqueda gracias al cual, finalmente, en 2002 se reconoció oficialmente a Meucci como el inventor del teléfono. La historia del inventor no reconocido y de que el teléfono se había inventado en La Habana a mí me fascinó desde el principio, por eso la seguí. En 2002 yo vivía en Roma y cuando salió la noticia del reconocimiento, en Italia fue un orgullo nacional, así que pensé que algún día escribiría algo, no sabía qué, pero eso se quedó ahí enredado hasta que salió en esta novela. ¿Por qué el paralelismo? Meucci era un genio, un inventor increíble, un hombre súper preparado y capaz. Solo tenía un pequeño defecto: no tenía dinero. Si Meucci no pudo obtener la patente del teléfono, en su momento, fue porque le faltaron los 10 dólares que costaba. Créeme, su historia es perfecta para contar la historia de mis personajes y de paso, de alguno de nosotros.

Algunos críticos hablan de que la novela se construye como un enigma matemático. ¿Cuánto de tu profesión de ingeniera se mezcló en esta historia? ¿Era la intención también escribir un relato intrigante, con algo de aventura?

En efecto, la novela es una intriga y está contada por un personaje principal que es licenciada en matemática y razona como tal. No hay que asustarse, las mentes de los matemáticos no tienen por qué ser complicadas, simplemente son estructuradas y están educadas para razonar siguiendo ciertas lógicas, por eso en la novela no utilizo un lenguaje para matemáticos sino un lenguaje comprensible para cualquier lector. Claro que hay mucho de mi profesión, eso era algo que quería hacer hace tiempo, tener un protagonista que fuera del mundo de las ciencias, de ese otro mundo mío, alguien que en lugar de tener referencias literarias, cita a matemáticos o científicos. Por otra parte, nunca había escrito una intriga y la verdad es que me divertí, aunque también sufrí un poco, porque yo al principio no sabía casi nada, ni siquiera sabía quién tenía el documento, así que, como de costumbre, me tocó seguir a los personajes que siempre saben más que uno.

¿Cómo fluyó el proceso investigativo de la novela?

Yo no quería hacer una novela “histórica” sobre Meucci, sino usar a Meucci para hablar de La Habana de 1993, pero de paso quería contar su historia. Como al principio no tenía muchas cosas claras sobre mis personajes, lo primero que hice fue recopilar documentación sobre Meucci. Contacté al profesor italiano Basilia Catania que fue muy amable y me envió todos los artículos que había escrito desde el inicio de su investigación y el libro que había publicado. Así empecé a leer, pasé más de un año leyendo. Pero además, tuve que leer otras cosas que le interesaban a la protagonista. Como dije al principio, todo empezó con la palabra “fractal” y resulta que mi personaje está estudiando sobre los fractales que, en palabras simples, son objetos geométricos cuya estructura se repite a diferentes escalas, o sea, que si miras una porción cualquiera del objeto te das cuenta de que es una réplica a menor escala de la figura principal. Las historias de mis personajes funcionan del mismo modo, historias personales que reflejan una historia colectiva. Los fractales están muy asociados con la teoría del caos, que también estudia mi personaje, y entonces tuve que leer sobre ese tema. La teoría del caos se ha aplicado en diferentes campos de la ciencia y, al final, ni mi personaje ni yo encontramos teoría más propicia para intentar explicar La Habana de aquel año. Así leyendo y leyendo, los personajes empezaron a hablarme y cuando ya no pude más, comencé a escribir.

Imagen: La Jiribilla

La Habana de los 90 ha sido sobrexplotada por cierta zona de la literatura cubana que proliferó en esa década. ¿Qué desafíos plantea entonces regresar al mismo contexto literario y desde qué punto de vista lo asumiste?

La Habana de los 90 da para muchas novelas, esos fueron años difíciles, de muchos dolores y muchos cambios, a veces tan acelerados que ni siquiera daba tiempo para intentar entender lo que estaba sucediendo, había que vivir el día a día, como fuera posible. Por eso me parece que es un periodo al que todavía hay que volver. Una obra literaria nunca podrá abarcarlo todo y nunca será, por supuesto, la realidad, es simplemente una forma de focalizarse sobre un punto, contar un pedacito. Pero cada novela, buena o mala, es una nueva mirada y cuando hay diferentes miradas la visión de conjunto siempre será más rica.

Es también en La Habana de inicios del periodo especial que termina la novela Silencios, con un personaje que opta por el ensimismamiento, la soledad ante lo adverso de la realidad que emerge. ¿Varía el punto de vista en esta nueva historia? ¿Es la mirada de La Habana, año cero, más esperanzadora en cuanto a la realidad cubana? ¿Por qué?

El punto de vista sí varía. En Silencios los personajes tenían 20 años al inicio del periodo especial, como yo tenía entonces, podría decirse que están empezando la vida de adultos. En La Habana año cero, son mayores, algunos tienen hijos, carreras, responsabilidades y la crisis los golpea de manera diferente. A los de Silencios se le destruyen los sueños futuros, a los de La Habana año cero se les destruye un presente que ya estaban realizando. Quizá podría decirte que la protagonista de Silencios sueña con los pies en las nubes, mientras que la protagonista de La Habana año cero, con los pies en la tierra. No es más esperanzadora, no, ese periodo no fue nada esperanzador, fue duro, triste y convulso.

La novela se ha publicado en francés. ¿Piensas en ese público cuando escribes? ¿Hay proyectos de publicación en español y/o en Cuba?

La verdad es que cuando escribo no pienso más que en los personajes que están viviendo su historia. Escribir es como entrar en un mundo que está sucediendo más allá de mi vida y allí no hay lectores, hay unos personajes de ficción a los que tengo que seguir y una historia que no me deja mirar para otra parte. Por esos raros misterios del mundo editorial la novela salió primero en Portugal y luego en Francia, pero espero que salga en español, por supuesto, es la lengua en la que escribo, mis personajes hablan español, o más bien, cubano. Y me encantaría publicarla en Cuba, claro, esa es mi casa.

¿Qué complejidades implica la inserción en el mundo editorial europeo? ¿Cómo las enfrentas?

Empecé a publicar en Europa gracias al Premio Lengua de Trapo que se ganó mi primera novela Silencios y a partir de la publicación en España vinieron algunas traducciones. Después he mantenido algunas de esas editoriales, otras no. Y ahora mismo La Habana año cero aún no ha salido en España, la crisis actual está dificultando mucho las cosas. Lo único claro que puedo decirte es que publicar no es fácil en ninguna parte, pero yo sigo escribiendo, esa es mi enfermedad favorita, así que, publique mucho o poco, hasta el momento lo único que no he perdido son las ganas de escribir historias.

El Premio Carbet ha sido obtenido por relevantes intelectuales de la región. ¿Cómo lo valoras dentro de tu carrera?

Eso ha sido muy bonito y emocionante para mí, además, ni siquiera sabía que La Habana año cero estaba en concurso, fue una lindísima sorpresa. Es un premio que se han ganado autores que he leído y que admiro tanto que yo ni podía creer que me estaba pasando a mí, la verdad. Este oficio es así, extrañamente maravilloso y yo, sinceramente, sigo siendo una niña que se asombra, se admira y dice gracias, muchas gracias.

El año pasado también recayó en un cubano, Leonardo Padura. ¿Tendrá que ver con un mayor reconocimiento internacional de la literatura escrita en Cuba?

No lo sé, ojalá. Sí te digo que ganarme este premio al año siguiente de que lo ganara Padura con esa grandísima novela que es El hombre que amaba los perros, a mí me ha dado una alegría que me puede durar mucho tiempo. Padura es un autor que admiro desde hace años, me gustan sus libros, su seriedad e inteligencia literarias y que cada novela es superior a las anteriores.

¿Cuánto de caribeña hay en tu identidad? ¿Cómo concibes el Caribe en tanto espacio de confluencia cultural?

El primer Caribe que yo conocí fue gracias a Carpentier, a Antonio Benítez Rojo y a otros autores que me llenaron la cabeza de colores, sonidos, islas e historias. Fue, siempre gracias a la literatura, ya con mis libros, que pude empezar a viajar físicamente a algunos sitios del Caribe y ahí ocurrió entonces el descubrimiento en carne propia de lo que podríamos llamar “una identidad caribeña”, porque siempre me sentía en casa, aunque hablaran otro idioma o tuvieran una historia reciente muy diferente de la nuestra. No sé, era el humor, la forma de mirar, la música, la gestualidad, siempre detalles sensoriales, el modo de ser. En el Caribe se han mezclado casi todas las culturas, pero no es que han convivido simplemente sino que se han mezclado y eso se siente.

Cuando visitaste La Habana comentaste que estás escribiendo algo sobre Angola y su relación con la historia de Cuba. ¿Es este tu próximo libro? ¿Qué otros proyectos te rondan?

Efectivamente, la novela que estoy escribiendo ahora es sobre la guerra de Angola, o mejor sobre la participación de Cuba en esa guerra. De otros proyectos, siempre escribo cuentos, aunque cada vez es más difícil publicarlos, pero igual, cuando los cuentos gritan, hay que escribirlos. Además, el año próximo publicaré en Francia un libro sobre Roma que hago en conjunto con el fotógrafo italiano Francesco Gattoni. Este libro es parte de un proyecto,  ya publicamos juntos un libro sobre Cuba, donde a partir de sus fotos y su mirada hacia la Isla, yo cuento historias del país y de mis viajes. Con Roma hacemos lo contrario, primero yo escribo las historias, mis experiencias de extranjera en Roma donde viví cinco años, y entonces, a partir de mis textos, Francesco hace las fotos de su ciudad natal. Siempre la mirada ajena pone la pauta y por ahí salen cosas muy interesantes.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato