Entrevista con el cineasta argentino Eliseo Subiela:

“Mientras pueda crear nunca me volveré loco”

Helen Hernández Hormilla • La Habana, Cuba
Fotos de Internet

Pudiera pensarse que a Eliseo Subiela le obsesiona la locura. Personajes alienados de la norma social guardan en sus filmes certezas prístinas que consiguen calar la filosofía de la vida humana. Como en Hombre mirando al sudeste (1986), la película que lo catapultó a la cima del cine latinoamericano y mundial, el director ha regresado al Hospital Psiquiátrico José Borda de Buenos Aires para filmar su entrega más reciente. Fue allí donde con 17 años Subiela ubicó su primer cortometraje, Un largo silencio (1963). Por eso no debería extrañarnos que el director argentino vuelva a elegir ese espacio, en el cual la ensoñación es parte activa de la realidad, para narrar Paisajes Devorados (2012).

Imagen: La Jiribilla

La película traerá nuevamente al autor de La Conquista del paraíso (1981) y El lado oscuro del corazón (1992) al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en su edición 34, a celebrarse del 4 al 14 de diciembre, luego de varios años de que sus obras no aparecieran la cita. La participación como actor principal de Fernando Birri, uno de los grandes cineastas del continente, añade cierta mística a la cinta, pues reúne a dos consagrados de la historia del cine latinoamericano.

“Birri dice que la película es una especie de ‘credo’ mío sobre el cine -revela Subiela a La Jiribilla. La idea surgió a partir de fantasías que he tenido en la filmación de mis últimas películas. En varios momentos me he sorprendido pensando cuándo el equipo se daría cuenta de que no están frente a un director muy ‘personal’ que pide y hace cosas ‘extrañas’, sino simplemente que me he vuelto loco. Con el cine construimos otra realidad desde el momento mismo de la filmación. Yo recuerdo que en las varias experiencias que he tenido de filmaciones en un manicomio, los internados suelen mirar con cierta ironía y hasta compasión a los integrantes del equipo de filmación, como si pensaran: ‘Pobres... Esta gente sí que está loca...’. Un día, durante el rodaje de Hombre mirando al sudeste, un internado que observaba la instalación de unos rieles para hacer un travelling, en un momento movió la cabeza resignado diciendo: ‘Lo único que falta, un ferrocarril en el hospital’.”

Sobre su obsesión por los reclusorios mentales, Subiela no encuentra una respuesta definitiva. “En los manicomios lo que más encuentras es desconcierto y dolor. Son lugares llenos de gente que no sabe donde está ni cuándo. No sé por qué me atrae tanto la locura”.

En Paisajes Devorados tres jóvenes realizadores llegan hasta un centro de salud mental para filmar a uno de sus pacientes, quien presuntamente es un gran director de cine que desapareció en los años 60 tras el caso irresuelto de una joven actriz asesinada. Cada visita al manicomio será para ellos una lección sobre el oficio de dirigir películas, impartidas por el anciano orate que encarna Birri. De esos diálogos podremos advertir, tal vez, la peculiar filosofía cinematográfica de Subiela.

“Si lo ves ‘de afuera’, los rituales de una filmación pueden ser confundidos con acciones ‘psicóticas’. Repetir 20 veces determinados movimientos diciendo las mismas palabras una y otra vez, moverte alrededor de una persona subido a un ‘pequeño tren’ que repite un recorrido de solo unos pocos metros, o inventar el viento con un ventilador gigante, son gestos inquietantes vistos por alguien ‘normal’”, señala.

La película fue filmada en dos etapas pues no tuvo apoyo del Instituto Nacional de Cinematografía y el presupuesto era mínimo. Para Subiela, Fernando Birri fue la prioridad debido a que solo contaba con 10 días en Buenos Aires. Primero rodaron sus escenas, un 80 por ciento de la película, y luego consiguieron el dinero para las otras dos semanas de rodaje y la post producción.

Para Subiela, Birri ha influenciado a buena parte de los creadores del cine en la región: “Fernando ha sido toda su vida un maestro empeñado en formar cineastas con responsabilidad social sin abandonar jamás la imaginación y la libertad creativa. Birri para mí es, sobre todo, un ejemplo de libertad personal, de búsqueda. Me gustaría algún día ser tan joven como él”.

Paisajes… se construye como un falso documental, interés relacionado con la elección del actor principal. “Quería que la película semejara un documental. El desafío era encontrar a un actor que no lo pareciera, que el público no lo descubriera como tal. Un día se me apareció la imagen de Birri y casi grité: ‘¡Es él!’. Pero claro, se suponía que estaba en Roma. Imaginando que tuviera disponibilidad de tiempo, no teníamos presupuesto para pagarle el viaje. De cualquier manera, siguiendo el ‘yo lo intento’, principal impulso que hizo posible esta película, le escribí un email. Al día siguiente recibí su respuesta contándome que estaba en Santa Fe, a 600 kilómetros de Buenos Aires. Solo quedaba viajar y proponerle el proyecto. Buen vino de por medio, no me costó convencerlo”.

Si bien comparte muchas de las angustias de su personaje, el director reconoce en el cine su mayor atadura. “Tengo en claro que mientras pueda crear nunca me volveré ‘loco’”, refuta.

El aliento de cine directo en la cinta responde a un interés narrativo. “Aunque me gusta mucho el documental, creo que soy fundamentalmente un autor de ficción. Como tal creo que hay que elegir el ‘género’ que más nos sirva para contar lo que queremos contar. En este caso  ‘disfrazar’ de documental la historia que quería contar me pareció lo más efectivo”, considera Subiela.

Cuando se ilusiona al espectador con una realidad construida, el autor de cine tiende a velar sus razones insondables. ¿Cuál es entonces el fragmento de “verdad” e “invención” de la película?

“Como diría el protagonista del filme: ‘Verdad es lo que parece verdad’. Birri fue uno de los actores más ‘obedientes’ con los que he trabajado. Aunque le di espacio para que improvisara la letra a partir de conceptos que estaban en lo que yo había escrito, Fernando dijo: ‘No. Estos textos son muy bellos y voy a decirlos tal cual fueron escritos’... No obstante, creo que los momentos de mayor ‘verdad’ en la película son aquellos en los que Birri aportó su propia ‘locura’: por ejemplo una escena que nos sorprendió y emocionó en la filmación, cuando se pone a ‘bailar’ con la cámara. Eso no estaba escrito. Después me dijo que era un homenaje a Jonas Mekas, el ‘pope’ del cine independiente norteamericano, que además es su amigo".

Rodar de manera directa con dos cámaras de fotos Canon 5D demuestra cómo Subiela ha logrado adaptarse a las posibilidades de las nuevas tecnologías digitales. Pese a la comercialización excesiva del cine y los altos costos de producción, el director se ha agenciado recursos para seguir realizando películas, muchas veces con la colaboración de los estudiantes de su Escuela Profesional de Cine.

“Enseñar es aprender. Mi visión actual del cine le debe mucho a mi experiencia como ‘formador de cineastas’”, advierte.

Para el cine latinoamericano, las posibilidades hoy son mejores que en décadas anteriores, considera, pero con eso no se siente optimista. “El dominio hegemónico del peor cine norteamericano (yo soy un admirador del buen cine norteamericano) ha ido condicionando y malformado a un público que mayoritariamente va al cine a comer y a aturdirse con la mayor cantidad de explosiones posibles. En ese contexto el cine latinoamericano tiene que resistir y conformarse con los resquicios que queden para el cine de autor, o por lo menos para un cine que trata de llegar al público con otros recursos que no son los efectos especiales. Los ‘caminos alternativos’ son la esperanza. La tecnología está de nuestro lado.

“En términos generales creo que las nuevas tecnologías nos están brindando a los cineastas posibilidades de libertad  que todavía no estamos aprovechando a fondo. Siento que somos como esos presidiarios que han estado mucho tiempo en la cárcel y cuando cumplen su condena, temen salir de la prisión porque la libertad los asusta. Yo podría insistir con las dificultades económicas del mundo actual, con la hegemonía del cine norteamericano, pero elijo hablar de lo que me parece más trascendente: ahora, más que nunca, podemos decir que todo es posible. Solo debemos atrevernos a imaginarlo”.

Apegado a un cine de autor de aliento surrealista, Eliseo continúa aportando una mirada desde el corazón y sus lados oscuros sobre el tiempo en que vive, desde historias que buscan la poesía de los actos cotidianos y ponen en evidencia lo contradictorio de la moral convencional. 

Regresar a La Habana lo reencontrará con sus nostalgias: “Mi mayor expectativa es reencontrarme con un público único en el mundo. Un público culto pero que no mira las películas con frialdad intelectual, que vive las proyecciones como si estuviera en el living de su casa, que exterioriza sus emociones con absoluta libertad. No hay público que crea tanto en la magia del cine como el público cubano. Extraño eso”.

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