Presentación de La Gaceta de Cuba

“Testimoniar la vitalidad
de nuestra cultura”

Oscar Zanetti Lecuona • La Habana, Cuba

Ante todo, deseo agradecer a Norberto y al consejo de redacción de la revista su invitación para presentar este último número del 2012.

Haré una presentación breve, como corresponde al carácter promocional del acto, puesto que en esencia se trata de mostrar las bondades del “producto” para que se adquiera. Claro que por tratarse de un producto cultural el acontecimiento adquiere otra dimensión.

El último programa Hurón Azul recogió muy interesantes criterios sobre el problema de la promoción en la esfera cultural. Me pareció particularmente atinada la tesis de que la satanización del mercado había generado entre nosotros un rechazo de sus recursos, muchos de los cuales son sumamente efectivos y no se asocian por su esencia con el capitalismo. La creación y las actividades culturales, sin duda, han sufrido bastante por ello. Comparada con la música y la plástica creo que a la literatura le ha ido peor, ya que a menudo la promoción de un libro o una revista no va más allá de su presentación pública. Las presentaciones han resultado así uno de los escasos procedimientos en uso para la promoción de nuestros libros y revistas. Recuerdo que cuando se inició esa práctica, hace unas tres décadas, se les llamaba “lanzamientos”, expresión caída en desuso quizá por su sabor beisbolero; por más que deba reconocerse su exactitud en el caso de algunos libros que han tenido tantos lanzamientos como un pitcher abridor.

Ahora bien, entre las distintas presentaciones posibles, las de revistas son quizá las más complicadas: primero, porque la periódica reiteración del acto conspira contra la originalidad de su formato y, después, por la pluralidad de autores que con toda legitimidad aspiran a ver presentadas sus contribuciones, algo difícil de conseguir dentro de la necesaria brevedad de una acción, al fin y al cabo “publicitaria”.

Esa dificultad se acrecienta en el caso particular de esta Gaceta, pues se trata de un número coral, polifónico como pocos. Aunque la revista se inicia con un dossier, no se trata en esta ocasión del acostumbrado conjunto de artículos y textos sobre un tema o personalidad determinados —que a veces llegan a ocupar hasta un tercio de la revista—, sino de una concisa selección de cartas de René Portocarrero, reveladoras de interesantes facetas de la vida y el carácter de nuestro famoso pintor, acompañadas de un poema de su autoría —“Distante voz y signo”— publicado originalmente en Verbum, pero que aquí, en una suerte de edición crítica, aparece cotejado contra su original por Axel Li, autor de esta valiosa compilación que La Gaceta... publica en ocasión del centenario del nacimiento del pintor. A la pluma —o el pincel— de Portocarrero se deben igualmente la mayor parte de las ilustraciones de este número de la revista.

La Gaceta… 6/2012 nos ofrece tres entrevistas. La primera de ellas, una interesante conversación sostenida hace dos décadas por César Portillo de la Luz con un periodista cultural colombiano —Rafael Bassi—, la cual había permanecido inédita y ahora se publica como celebración del 90 cumpleaños del maestro. Casi una curiosidad constituye la entrevista de Yunier Riquenes a Octavio Armand, poeta de origen guantanamero radicado desde hace años en Caracas, quien nos ofrece valoraciones y remembranzas de la revista Escandalar que él publicara durante años en Nueva York, y en la cual colaboraron Severo Sarduy, Octavio Paz, Ángel Rama y otros autores de igual renombre, con quienes anudó perdurable amistad. Pedro Pablo Rodríguez, quien desde hace años viene enriqueciendo La Gaceta... con entrevistas a destacados historiadores cubanos, nos regala en esta ocasión un diálogo de singular vivacidad con María del Carmen Barcia, evidencia mayor de hasta qué punto estos ejercicios periodísticos suyos, constituyen una fuente inapreciable para comprender incidencias y particularidades del proceso historiográfico cubano en las últimas décadas.

En una revista dirigida por Norberto Codina no podía estar ausente la poesía y este número reúne poemas de Karel Bofill e Israel Domínguez, que obtuvieran mención en el pasado concurso de La Gaceta..., con versos debidos al cineasta Jorge Fuentes, quien maneja las palabras con tanta soltura como las cámaras. A estos se suman seis breves textos poéticos de Adolfo Suárez —rescatados por el propio Israel Domínguez— como apropiada recordación de un poeta ya fallecido a quien sería injusto olvidar.

Dos narraciones atestiguan el vigor de ese género literario entre nosotros; la primera un breve cuento —Había una vez (otra vez, muchas veces)”— de Pedro de Jesús López, y la segunda, de la autoría de Rafael de Águila, ganadora de mención en la XVIII edición del Premio de Cuento de La Gaceta.

El ensayo crítico se hace presente en una reflexión cargada del fino humor de Leonardo Acosta sobre nuestro lenguaje cotidiano y en la revisión, no menos penetrante, que hace Emilia Sánchez de la narrativa de Carlos Victoria, con una perspectiva proyectada desde las circunstancias vitales del desaparecido autor. En una nota sobre el teatro cervantino, Reinaldo Montero explora con acento borgiano las conexiones de ese género con el discurso narrativo del Quijote; mientras Alejandro G. Alonso lleva el examen crítico hacia otro ámbito de la creación y nos regala un enjundioso análisis sobre el lugar y la significación de la obra escultórica de Rita Longa en nuestra plástica, particularmente en su relación con la vanguardia. De similar índole crítica es el texto de Omar Valiño que cierra este número, una breve consideración sobre el papel y la posición del intelectual en nuestra sociedad bajo las condiciones del proceso revolucionario.

Como para subrayar la variopinta tonalidad del último número de La Gaceta... en el 2012, la sección dedicada a las reseñas abarca entre sus exámenes tanto un poemario, un libro de cuentos y una novela juvenil; como comentarios en torno a una exposición de Lidzie Alvisa o apreciaciones sobre la reciente puesta en escena de El Archivo, drama del polaco Tadeusz Rosewicz llevado a las tablas por la Compañía del Cuartel.

A pesar de su diversidad, o quizá mejor, precisamente debido a ella, este número de La Gaceta de Cuba reafirma lo que a mi juicio ha sido una constante de esta publicación: testimoniar la vitalidad de nuestra cultura y el estado de nuestro potencial creativo, tal y como estos se expresan en las realizaciones y problemas del arte y la literatura.

Es a partir de esa circunstancia que me permito una consideración final, evidentemente afincada en las patologías propias de mi condición de historiador. Con este número, La Gaceta... cierra el ciclo de celebraciones por su cincuentenario. Son muy escasas las revistas que en nuestro país han rebasado la “media rueda”: la Bimestre, si se suman sus sucesivas épocas, Bohemia, con muy distinta presencia, Casa de las Américas u Orto, tanto más encomiable esta última por su ubicación de extrarradio. En ese contexto, La Gaceta... destaca como un testimonio especialmente elocuente, tanto por lo publicado como por las ausencias, de los avatares de nuestra cultura a lo largo del proceso revolucionario. Creo que esa razón, entre otras muchas, la hace merecedora de un estudio. Hagamos votos porque no demore.

Muchas gracias.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato