Che Guevara y algunas ramazones de nuestra ensayística

Ana Cairo • La Habana, Cuba

 

 

Pensar es  servir1

Lo pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue porque lo que fue está en lo que es.2

…yo escribo lo que veo y lo veo todo con sus adjuntos, antecedentes y ramazones.3

                                     José Martí

 

Cubanía, latinoamericanismo y universalidad.

 [Cubanía] esa plenitud de identificación consciente y ética con lo cubano […] la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser,

Pienso que para nosotros los cubanos nos habría de convenir la distinción de la “cubanidad”, condición genérica del cubano y la “cubanía”, cubanidad plena, sentida consciente y deseada; cubanidad responsable, cubanidad con las tres virtudes, dichas teologales, de fe, esperanza y amor.4

                         Fernando Ortiz

  

En el 2015 podrían entrelazarse tres políticos y escritores con grandes aportes a la cultura revolucionaria cubana. El 12 de marzo es el cincuentenario de la publicación del ensayo El socialismo y el hombre en Cuba de Ernesto Che Guevara en la revista uruguaya Marcha.  El 25 de marzo se cumplirán los 120 años de la escritura  del ensayo  Manifiesto de Montecristi  de  José Martí, documento programático de la Revolución de 1895. En septiembre,  se arribará  a los 190 del  “Himno del desterrado” de José María Heredia.

Imagen: La Jiribilla

En diciembre de 1823, Heredia  logró escapar a los EE.UU. Así, evitaba la cárcel porque estaba involucrado en la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar.  Esperó casi dos años por las gestiones que resultaron inútiles de su familia y amigos ante la gobernación colonial;  la orden era irrevocable; si regresaba, iría directamente a la prisión. Decidió aceptar la invitación de Guadalupe Victoria, primer presidente de la República Mexicana.

En la travesía de Nueva Orleans a Veracruz, divisó las costas cubanas, en particular las matanceras, y escribió el “Himno del desterrado”, en el que argumentó convincentemente usando las antítesis, las diferencias que legitimaban los anhelos de una ruptura anticolonialista:

[…]   

Mas, ¿qué importa que  truene el tirano?

Pobre sí, pero libre me encuentro:

Solo el alma del alma es el centro

¿Qué es el oro sin gloria ni paz?

Aunque errante y proscripto me miro

Y me oprime el destino severo:

Por el cetro del déspota ibero

No quisiera mi suerte trocar.

[…]

De un tumulto de males cercado

el  patriota inmutable y seguro,

o medita en el tiempo futuro,

o contempla en el tiempo que fue.

[…]

¡Dulce Cuba! En tu seno se miran

en el grado más alto y profundo,

las bellezas del físico mundo

los horrores del mundo moral.

Te hizo el cielo la flor de la tierra;

mas tu fuerza y destinos ignoras,

y de España con el déspota adoras

al demonio sangriento del mal.

[…]

Bajo el peso del vicio insolente

la virtud desfallece oprimida

y a los crímenes y oro vendida,

de las leyes la fuerza se ve.

 Y mil necios, que grandes se juzgan

Con honores al peso comprados’

Al tirano idolatran, postrados

De su trono sacrílego al pie.5

[…]

Por las formas más insólitas de la tradición oral, el “Himno del desterrado” se difunde con notoria rapidez. Podría considerarse la primera variante de un poema nacional hasta el inicio de la Revolución de 1868, cuando Perucho Figueredo escribe y la población canta el “Himno de  Bayamo”, después declarado Himno Nacional.

La metáfora bifronte funcionaba para los discursos políticos, sociales, culturales, anticolonialistas. De un lado estaban los patriotas, como Heredia ya autoemancipados, quienes ejercitaban sus derechos como personas libres y trabajaban en el discurso ideológico de una nueva Cuba imaginaria, como sujeto colectivo de los atributos soberanos que reivindicaban para los individuos.

Del otro lado, estaban las autoridades del poder colonial español, sus naturales y grupos de cubanos adeptos, quienes operaban con intereses y complicidades, derivados de formas de corrupción en permanente incremento. Ellos eran los amos de la Cuba corrupta, infierno colonial, en el que primaba la famosa antítesis de: “Las bellezas del físico mundo” y “Los horrores del mundo moral”.

A partir de septiembre de 1825 y hasta su muerte en mayo de 1839, Heredia  fue simultáneamente un cubano y un mexicano. Tuvo lucidez y valentía como para denunciar en poemas los atropellos dictatoriales del general López de Santa Anna y alertar en el llamado discurso de Toluca sobre los peligros derivados de los aventureros yanquis, quienes organizaron una revuelta para apoderarse de Texas (1836) y convertir el territorio en parte de los EE.UU.

José Martí, uno de los hijos espirituales de Simón Bolívar y de Heredia,  en 1875, se convierte también en mexicano; y después en guatemalteco y venezolano, además de ser uno de los ideólogos del antillanismo. Es quien mejor encarna la dialéctica de la cubanía, el latinoamericanismo y la universalidad en el siglo XIX y constituye el primer paradigma para el XX.

Con los antecedentes del dominicano Máximo Gómez en la década de 1860 y en la de 1930 del venezolano Carlos Aponte, a partir de 1956, el médico argentino  se transforma en el revolucionario cubano Ernesto Che Guevara. Con su trayectoria  se puede ilustrar lo que Fernando Ortiz define como la  cubanía. El 11 de diciembre de 1964, en el plenario de la Organización de Naciones Unidas, Che precisa:

“He nacido en la Argentina, no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento que fuera necesario estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin exigir nada, sin explotar a nadie”.6

La carta-ensayo.

En este formato de la mediación comunicativa resulta muy eficaz el predominio del diálogo. Un destinatario conocido puede convertirse en una ventaja al facilitar la fluidez en el nexo interpersonal. Se pueden diseñar roles y hasta personajes (individuales o colectivos). El estilo directo puede ser rápido, conciso, similar a un buen tope de esgrimistas. Se pueden delinear bien las cualidades del emisor (la voz protagónica) y las del receptor (que puede ser una voz complementaria o de antagonista). Por supuesto, predomina la voz autoral, quien utiliza recursos muy variados (desde los humorísticos hasta los dramáticos).

El sujeto político autoemancipado

Los intelectuales criollos que redactaban el  Papel Periódico de la Havana (1790)  eran ilustrados modernizadores, creyentes en una teleología del progreso permanente. Ellos ya demostraban pericia en el manejo de las formas del ensayo. Tanto el sacerdote , filósofo y profesor del Seminario San Carlos, José Agustín Caballero como el hacendado azucarero y político Francisco de Arango y Parreño, o el médico Tomás Romay, pueden figurar en el catálogo de los mejores.

En 1823, Arango y Parreño publica el folleto Reflexiones de un habanero sobre la independencia de esta isla, en el que explica su adhesión a los beneficios de la libertad personal y colectiva de su clase y por qué es un enemigo de la independencia cubana, la cual ve como el peor desastre, la ruina económica, el suicidio de toda su clase. Por supuesto, él contextualiza la problemática en los resultados de las guerras independentistas en el continente y en las coordenadas de la geopolítica de las potencias europeas, en particular de Inglaterra y España.

Arango escribe el ensayo porque en El Revisor Político y Literario (30 de junio de 1823) se ha publicado una carta firmada por F. R. (un seudónimo), quien ha traducido el artículo “Cuba y la Inglaterra” de míster de Pradt, en el que se profetiza que Cuba alcanzará la independencia.El maestro educa para que los alumnos sean hombres libres, los nuevos sujetos políticos que harán la independencia y abolirán la esclavitud. Ellos se constituyen en una familia espiritual; tienen un linaje que defender. Cada generación cumplirá ese deber.

Arango estructura el folleto como una misiva que funciona como una doble respuesta bien jerarquizada. El primero y más importante antagonista es el inglés míster de Pradt;  F.R. y los redactores de El Revisor…, son vistos como ingenuos simpatizantes.

El sacerdote y profesor Félix Varela es un abolicionista y un independentista desde 1824. Vive exilado en los EE.UU., porque está condenado a muerte por la monarquía española. Algunos de sus discípulos pasan temporadas acompañándolo. En los ensayos de las Cartas a Elpidio. Sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo (tomo 1, 1836) defiende la pedagogía de la autoemancipación. El maestro educa para que los alumnos sean hombres libres, los nuevos sujetos políticos que harán la independencia y abolirán la esclavitud. Ellos se constituyen en una familia espiritual; tienen un linaje que defender. Cada generación cumplirá ese deber.

José de la Luz y Caballero, sobrino de José Agustín y discípulo de Varela, lleva la pedagogía de la libertad, la autoemancipación y la descolonización a un escalón más alto que los dos sacerdotes católicos. Cree en la amplitud infinita del derecho al libre examen. Exalta el derecho personal y colectivo a autoconstruirse desde todas las perspectivas. Puede llegar al último gran desafío como cristiano, cuando en la antesala de la muerte no acepta los servicios religiosos.

Luz tiene discípulos republicanos, cristianos, agnósticos o ateos; algunos son  partidarios del laicismo. Todos se autoimaginan como ilustrados modernizadores, como cubanos universales, aptos o no para ser combatientes revolucionarios en los escenarios de guerra; pero siempre muy eficientes como pedagogos y propagandistas de la emancipación. Luz puede ser visto como el Simón Rodríguez del independentismo cubano.

Rafael María de Mendive se considera un lucista y forma a José Martí en la pedagogía de la autoemancipación.  Él amplía saberes sobre educación  en México, Guatemala,  Venezuela y los EE.UU. Se le considera el paradigma revolucionario del nuevo sujeto político, del gestor de un cambio necesario para construir una república democrática inédita en las Américas.

El linaje continúa. Antonio Guiteras Font, alumno de Luz al igual que su hermano Eusebio en el colegio de Carraguao, educa a su vástago Calixto en la pedagogía lucista. Calixto lo hace con su hijo, el socialista Antonio Guiteras Holmes, uno de los grandes líderes de la  Revolución del 30, admirado por Che Guevara.

Luz, José Antonio Saco, Gaspar Betancourt Cisneros, Domingo del Monte, todos discípulos de Varela, precisaron las múltiples humillaciones a que eran sometidos por ser esclavos políticos de la monarquía española hasta la Guerra de 1868.

Después del Pacto del Zanjón y de la implementación en Cuba de la nueva Constitución española, se reconocieron los derechos políticos y prosiguieron las humillaciones. Enrique José Varona, Manuel Sanguily, Esteban Borrero Echeverría, todos participantes en la Revolución de 1868, denunciaron en ensayos y discursos el estatuto de subalternos coloniales, regente para los cubanos, y el de la impunidad y la corrupción para las autoridades.

Martí coincide con ellos; pero él aporta una nueva dimensión cuando examina la muerte del poeta Julián del Casal en 1893. Lo exalta como una víctima del colonialismo. El bardo triste evidencia que la enajenación, el exilio espiritual (dentro de una colonia-cárcel-sentina) es una razón más para luchar por el triunfo revolucionario, que será emancipador y desenajenante.

Martí aporta “Vindicación de Cuba” (1889), una magistral carta-ensayo en la que enaltece la dignidad y la capacidad demostrada de sus compatriotas para convertirse en ciudadanos de una nación libre; además, denuncia las vilezas de los anexionistas estadounidenses.

Los ensayistas de la república burguesa 

Enrique José Varona será la voz más poderosa en la ensayística política durante las dos primeras décadas del siglo XX. Desde Mirando en torno (1909) insiste en que la colonia pervive en la vida republicana. Junto a Manuel Sanguily promueve la denuncia sistemática de la frustración nacional.

Fernando Ortiz sintetiza la conciencia del fracaso en La decadencia cubana (1924).

Ocurren dos ciclos revolucionarios: 1925-1935 y 1952-1958. Prosigue el auge de la ensayística en la modalidad de cartas. Mencionaré solo tres de autores marxistas:

Raúl Roa: “Reacción versus revolución”, escrita en 1931, carta pública a Jorge Mañach. Se publica en el libro Bufa subversiva (1934).

Pablo de la Torriente Brau: carta a Raúl Roa y a Ramiro Valdés Daussá (junio de 1936); permanece inédita hasta que por iniciativa de Roa se publica con el título de “Álgebra y política” (1969).

Fidel Castro: carta desde la cárcel a Luis Conte Agüero (12 de diciembre de 1953). Por instrucciones del autor se adecua  para publicarse como Fidel Castro: A Cuba que sufre. Manifiesto a la nación.

En julio de 1954 se difunde clandestinamente la primera edición de La historia me absolverá, el discurso-ensayo que Fidel Castro pronuncia como alegato de autodefensa en el juicio a los asaltantes de los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, celebrado en octubre de 1953.

En 1954, Che y Roa se conocen en México D. F. Se reencuentran en La Habana, a partir de 1959; se tornan amigos.

En 1955, Che y Fidel se hacen amigos en la capital mexicana. Che comienza a estudiar la asignatura Cuba. Probablemente, una de las primeras lecturas fue La historia me absolverá.

Che ensayista

La decisión del Che para cubanizarse con rapidez implica un esfuerzo intelectual muy sistemático. Desde 1959, comienza a publicar textos en los que va evaluando los éxitos y desafíos que enfrenta la Revolución Cubana.

En marzo de 1960,  el ensayista y poeta argentino Ezequiel Martínez Estrada visitó La Habana. Quiso conocer al Che y vino a la Universidad de La Habana para oírle una conferencia en el Aula Magna. Había tanto público que Martínez Estrada tuvo que permanecer en la Plaza Cadenas.

Martínez Estrada escribió una semblanza del Che como orador y después como personalidad en una conversación privada. Prensa Latina la difundió en el extranjero; pero no circuló en Cuba. Posiblemente, es una de las primeras imágenes en las que se exalta al tribuno y al pensador.

Entre 1959 y 1965, Che pronunció decenas de discursos; concedió numerosas entrevistas; publicó artículos, ensayos y cuentos, como los que pueden leerse en Pasajes de la guerra revolucionaria (1963).El azar trastocó las coordenadas. El tiempo de la escritura y la primera difusión quedó muy distanciado del tiempo de la recepción más amplia (que fue mayoritariamente, cuando ya él estaba muerto). Me parece que siempre se ha leído con admiración, pero en la clave de ser uno de sus posibles testamentos; es decir, con mentalidad sacralizadora.

Es un escritor bien entrenado, consciente de que ya tiene un estilo propio, cuando publica “El socialismo y el hombre en Cuba7. Sabe que es un texto idóneo para suscitar el debate imprescindible entre los revolucionarios.

El azar trastocó las coordenadas. El tiempo de la escritura y la primera difusión quedó muy distanciado del tiempo de la recepción más amplia (que fue mayoritariamente, cuando ya él estaba muerto). Me parece que siempre se ha leído con admiración, pero en la clave de ser uno de sus posibles testamentos; es decir, con mentalidad sacralizadora. Un caso similar ya había ocurrido con Martí y el Manifiesto de Montecristi.

En marzo de 1965, el Che se preparaba para una nueva vida en la más absoluta clandestinidad. Quizá, con la excepción del texto de Roberto Fernández Retamar, que no se publicó hasta varias décadas después, no hubo otra resonancia en la dimensión de polémica con la que él había soñado mientras lo escribía.

La deconstrucción temática del ensayo supone un laberinto de opciones, porque Che interactúa con textos suyos anteriores. Puede ilustrarse con los roles de las personalidades, en particular, el análisis minucioso del liderazgo carismático y la admiración ante la praxis de Fidel Castro; con la argumentación de la originalidad y los aportes de la Revolución Cubana; con las observaciones y juicios en torno a los dirigentes, al concepto de vanguardia política en correlato con la categoría de “masas”, que continuamente precisa con matices y mayores sutilezas. Ella no equivale a “suma de elementos de la misma categoría”, al “manso rebaño”, sino al “conjunto consciente de individuos”.

Che defiende la claridad de objetivos que deben caracterizar las formas directas en el sistema escolar y en el de la familia. Justiprecia las modalidades indirectas por intermedio de las organizaciones políticas y sociales, la prensa escrita y audiovisual. Aboga por una enseñanza científica y permanentemente actualizada.  Estima que debería combatirse la improvisación, los dogmatismos y los prejuicios. Piensa que habría que aspirar a una integración, con parigual jerarquía en el proceso educativo, del aprendizaje de conocimientos y del desarrollo de las capacidades afectivas, porque los revolucionarios verdaderos están guiados “por grandes sentimientos de amor”.

Realza la voluntad de cada persona para autoeducarse, profundizar en una eticidad, discernir mejor las aptitudes propias, enaltecer la creatividad y ajustar los sueños con las posibilidades.

Los aportes de Che al estudio de la república de orientación socialista (a partir de 1961) tienen que ser debidamente historiados; es decir replanteados dentro de un sistema que evalúe continuidades y rupturas, adelantos y retrocesos con otros momentos de la historia de la sociedad cubana.Si el Che es un ensayista cubano, su texto tiene que analizarse en contrapunteo con la historia del género, con el sistema de pensamiento en nuestra cultura. Aludí a ello al comentar temas como la formación del nuevo sujeto político autoemancipado, a la revolución como fuente de libertad humana y desenajenación, a la educación como un sistema abierto de vías directas e indirectas, etc.

Los aportes de Che al estudio de la república de orientación socialista (a partir de 1961) tienen que ser debidamente historiados; es decir replanteados dentro de un sistema que evalúe continuidades y rupturas, adelantos y retrocesos con otros momentos de la historia de la sociedad cubana.

Por supuesto, lo mismo debe hacerse en el sistema de la cultura argentina, a escala latinoamericana y mundial.

No se puede construir una opinión solo a partir de libros o documentos,  porque también existe la historia oral. Probablemente, Che se enteró de acontecimientos históricos, supo más sobre personalidades conversando.  Se dice que por el relato de Salvador Vilaseca, (quien le impartió clases de matemáticas) Che comprendió la audacia del líder revolucionario Antonio Guiteras Holmes.

El médico y pensador argentino José Ingenieros, autor de El hombre mediocre (1913), fue uno de los maestros más leídos por los jóvenes universitarios cubanos desde la generación de Julio Antonio Mella (quien lo conoció personalmente) hasta la de Fidel Castro. ¿Che había leído a Ingenieros, a Aníbal Ponce? ¿Qué se sabía sobre los impactos del movimiento argentino de reforma universitaria en Cuba?

La distancia histórica de medio siglo, los nuevos diálogos intergeneracionales, el análisis objetivo de las vicisitudes y los aciertos de una república cubana con orientación socialista desde 1961, generan nuevas demandas de una relectura de El socialismo y el hombre en Cuba, uno de los textos más provocadores  de la historia de la ensayística cubana.



1.  José Martí: “Nuestra América”, Obras completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963-1973, t. 6, p 20. (Las otras referencias se indicaran con OC, tomo y página).
2. José Martí: “Carta de Martí”(A la Opinión Pública de Montevideo, 19 de agosto de 1889), OC, t. 12, p.302..
3. José Martí: “Carta a Manuel Mercado” (20 de octubre de 1888), OC, t.20, p.116. (El realce es de AC)
4. Fernando Ortiz: “Cubanidad y cubanía”, Contra la raza y los racismos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013, pp. 288-289.  Se trata de un fragmento del  ensayo “Los factores humanos de la cubanidad” (1939)
5. José María Heredia: Obras poéticas, volumen 1, Poesías. Imprenta de Néstor Ponce de León, Nueva York, 1875, pp. 304-307. (Se ha actualizado la ortografía), AC).
6. Ernesto Che Guevara: “En la XIX asamblea general de las Naciones Unidas”, Obras. 1957-1967, Editorial Casa de las Américas, 1970, t.2, pp.561-562. (En otras referencias, solo se aludirá como Obras, AC).
7 . Ernesto Che Guevara: “El socialismo y el hombre en Cuba”, Obras., t.2, pp. 367- 384.

 

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