Séptimo llamado: mujeres a escena

Thais Gárciga • La Habana, Cuba

La VII Bienal Internacional de Dramaturgia Femenina La Escritura de las Diferencias, que comenzó el pasado 8 de marzo y finalizó el domingo 15, se ha probado a sí misma como un proyecto mancomunado que trasciende fronteras geográficas, ideológicas, burocráticas y culturales desde su nacimiento en 1999 en Barcelona.

La actual edición reafirma su objetivo inicial: dar a conocer las obras de dramaturgas y estimular la creación teatral femenina, e incluso más, apuesta por convertirse en un movimiento propositivo para fundar una Red Internacional de Mujeres del ámbito teatral, que facilite la circulación y el conocimiento de los textos y, por tanto, su visibilización.

Imagen: La Jiribilla

Los países participantes en esta ocasión fueron Argentina, Ecuador, España, El Salvador, Guatemala, Honduras —estos tres últimos se agrupan en Centroamérica— Zona Norte; como invitados asistieron República Dominicana, Brasil, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay; por último, Italia y Cuba como países organizadores.

El Jurado Internacional de Dramaturgia de Escrituras de las Diferencias premia a una ganadora por país y decide a su vez las tres obras de las seis galardonadas que serán montadas. La puesta en escena se realiza en Cuba por directoras y grupos nacionales. El lauro incluye por igual la lectura de la obra y su publicación en formato digital e impreso por la editorial italiana online Metec Alegre Edizione y la cubana Tablas-Alarcos, respectivamente.

Las ganadoras este año fueron El perro de Artola, de Raquel Silvia Albéniz, Argentina; El árbol de los gatos, de Elaine Vilar Madruga, Cuba; y Sidney, de Fedra Marcús Broncano, España.

Lilian Ojeda, coordinadora nacional por la parte cubana, comenta sobre la labor de la Isla y como ella llegó a formar parte de este suceso. “Yo llegué en 2006 por un texto mío que se llama Yo no soy Charlot, ganador en esa edición. A partir de ese momento —tendría unos 22 años— me interesó la proyección del concurso y traté siempre de mantenerme vinculada a sus conmutaciones. Cuando se mudó a Santiago de Cuba estuve mucho más cercana, luego se trasladó definitivamente para La Habana y entonces yo paso a formar parte del comité organizador.

“La primera vez que se realiza en la Isla fue en 2011. Hasta ese entonces solo había un máximo de tres o cuatro países participantes, luego en 2013 ascienden a nueve. El certamen comienza a crecer y necesita una ciudad sede más grande por cuestiones de infraestructura para el hospedaje de los invitados extranjeros, además las puestas en escenas se realizan en diferentes teatros mientras dura la edición de la Bienal”.

¿Por qué Cuba como sede permanente? “Aquí está mucha más viva la posibilidad del intercambio real, el crecimiento y el enriquecimiento entre todas nosotras y nosotros. Este es uno de los países más beneficiados en ese sentido pues la política cultural es inclusiva con respecto a las mujeres, y estamos tomando conciencia de nuestra necesidad.

“Algo en lo que sí nos falta todavía por mejorar es la promoción de la convocatoria, esa una de sus debilidades —continúa Ojeda— porque se lanza únicamente a través de la vía electrónica”.

Imagen: La Jiribilla

Teatreras en Casa

Durante la apertura del encuentro en Casa de las Américas, se reunieron las coordinadoras nacionales de los países participantes, directoras, actrices, dramaturgas y críticas para conversar en el panel “La escritura teatral femenina en Latinoamérica”.

La inexistente o casi nula formación académica actoral y dramatúrgica en Latinoamérica fue una de las críticas unánimes de las teatristas de la región.

La actriz y directora ecuatoriana Susana Nicolalde comentó sobre la experiencia profesional de mujeres teatrólogas en su país, la cual es prácticamente invisible. “Desde hace años hay muchas mujeres que escriben en mi país, mas no publican sus trabajos. No tenemos un apoyo hacia la actividad artística. En ello influye también la ausencia de la carrera de dramaturgia y dirección en las universidades. Existen escuelas alternativas dentro de algunos grupos de teatro que funcionan a manera de laboratorio, pero son posibilidades opcionales que se explotan con la mirada de cada grupo, y no en estudios superiores”.

De modo similar ocurre en Costa Rica. La también directora Nathalia Mariño explicó que sí existen instituciones estatales que enseñan Artes Dramáticas en la nación centroamericana, sin embargo, la dramaturgia y la producción no son materias fijas en el plan de estudios de esa carrera, e igualmente el apoyo estatal es insuficiente.

“Cuando te gradúas te ves obligada a trabajar de manera independiente y asumirlo todo sola: actuación, dirección, producción, etc… La Compañía Nacional de Teatro no centra su repertorio en firmas costarricenses, recibe financiamiento estatal para sus funciones y entonces escogen a autores como Shakespeare, cuando necesitamos mucho más representaciones de nuestros propios dramaturgos y dramaturgas. Es irónico también que la mayor parte de la matrícula de esta disciplina sean mujeres, y aun así hay más directores que directoras de teatro.

Imagen: La Jiribilla

“La Universidad de Costa Rica tiene una plataforma muy importante llamada Jóvenes Dramaturgas, para que estas puedan concursar y montar sus propias obras. Esto es un paso muy importante. No obstante, con el cambio de gobierno se vería reducido el presupuesto de cultura y afectado principalmente el campo del teatro, puesto que la dirección de cultura está en manos de un músico. Finalmente se evitó el recorte, aunque sí hay otros «recortes sutiles» que nos perjudican”.

Con este breve conversatorio sobre la situación actual del panorama teatral a este lado del continente, concluyó el primer encuentro de esta séptima edición de la Bienal. Esta ya de por sí es una cita transgresora, como lo es y puede (o debe) ser el arte. No se atiene a una forma de apreciar, de vivir, de escenificar el imaginario de unas cuantas mujeres sobre las tablas. No se limita al mero intercambio entre sus creadores o creadoras, sino que está abierta y en permanente (inter)cambio porque la apuesta por la diferencia tiene que ser ante todo plural y receptiva.

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