Áurea, entre el teatro y los ciberdemonios

Rosana Berjaga • La Habana, Cuba

Acostumbrados a compañías formales y grupos con cierta tradición, sorprende escuchar que a un evento como la recién concluida VII Bienal Internacional de Dramaturgia femenina “La escritura de las diferencias” llegue un equipo de personas de teatro que se autodenomine fortuito y sienta orgullo de serlo. Guía esta banda de emprendedores Áurea Martínez, una dramaturga y directora española que confiesa habernos traído a los cubanos, el fruto de una idea meditada por años y el resultado de una experimentación.

“No somos una compañía, sino un grupo de personas que nos hemos organizado puntualmente para montar El Pack, nuestra propuesta a esta VII Bienal de Dramaturgia Femenina. De manera que el estreno mundial ha sido aquí, en Cuba, donde el quehacer de las mujeres de teatro españolas también ha estado acompañado del de dramaturgas y directoras de Argentina, Italia, Ecuador, España, El Salvador, Guatemala y Honduras.

”El Pack lo hemos concebido como el diálogo entre el lenguaje audiovisual y el teatral, mediante la representación en escena de una actriz que interactúa con otros personajes virtuales a través de proyecciones en una pantalla. Por lo que en este caso, la diferencia con otras obras en las cuales el audiovisual es un recurso es que las proyecciones no son meramente una escenografía, sino un personaje más, imprescindible para la narración del argumento.

”Pero no hemos escogido esta manera de contar porque pretendamos pasarnos de innovadores, sino porque nuestra historia se adentra en las nuevas vías de comunicación, las redes sociales y el cambio que estas han provocado en las relaciones humanas”.

Esta manera de hacer teatro no es usual para los espectadores cubanos, ¿para ustedes también ha constituido un acercamiento novedoso?

Esto es algo con lo que estamos innovando. Realmente nos hemos adentrado en una especie de laboratorio experimental, viendo qué tal combinan estos dos lenguajes diferentes, cómo aunarlos y cómo lograr su armonía. En total son nueve actores, pero sobre el escenario solo hay uno, los demás son virtuales e interactúan desde la pantalla con la actriz en escena.

¿Desde la dirección, qué retos supone montar una obra con tales características?

Pues básicamente el hecho de que es un experimento, porque no lo habíamos trabajado antes ni yo había visto nada así. Nuestro reto está en poder conjugar estas dos partes y que se mantengan equilibradas. Debemos lograr que la sensación de asistir a una puesta teatral se mantenga, que la escena no pierda importancia ante el despliegue de imágenes.

En cuanto al montaje, es una conversación entre la actriz y la pantalla. Ella va lanzando a todos los demás personajes, con lo cual tiene que estar perfectamente sincronizada. Lleva mucho esfuerzo, mucho trabajo añadido. Yo creo que el verdadero reto es para la actriz, porque no tiene compañeros reales, sino virtuales que van de la mano de nuestra técnico de la parte audiovisual.

¿Concebiste la obra especialmente para la Bienal de Dramaturgia o es algo que ya tenías en papeles?

Digamos que ha surgido la oportunidad de participar en esta Bienal y era el pretexto perfecto para montar esta idea que yo tenía rondando desde hacía unos años en la cabeza. Luego busqué quienes quisieran emprender la travesía conmigo y he logrado conformar un equipazo impresionante.

El hecho de que seamos mujeres mayoritariamente ha sido casual, pero estamos encantadas con lo que hemos logrado. Además, suele ocurrir que por lo general los técnicos son hombres y aquí estamos demostrando que tenemos unas técnicas mujeres increíbles.

Porque la Bienal no solamente es un espacio para autoras, dramaturgas y directoras, sino es una posibilidad para todo grupo de trabajo relacionado con el teatro y que muchas veces el público ni se entera de quiénes son. Ahí se incluyen desde escenógrafas hasta productoras, luminotécnicas, entre otras especialidades. La verdad, sin pretenderlo, hemos hecho un equipo casi enteramente femenino y estoy feliz con eso.

¿Crees en el arte como defensa del papel de la mujer, en un contexto en el cual aún prevalecen formas de discriminación y violencia de género?

Ciertamente una se va hartando de tener que estar defendiendo siempre nuestro papel en la sociedad. Es contundente el hecho de que las mujeres estamos en igualdad de capacidades. Lo cierto es que es muy cansao, pero aquí estamos, en esta bienal femenina, porque desgraciadamente seguimos siendo minoría las directoras, las dramaturgas que se representan y demás está decir de las escenógrafas y técnicas en general. No cabe duda de que pese a todo el esfuerzo hecho hasta hoy, debemos seguir peleando.

Con la actriz de la obra tenemos un caso bien claro: ella es la protagonista, tiene su bebé de cuatro meses y se ha venido desde España con él, porque es importante seguir amamantando al niño. Esto es un dilema que a un hombre nunca se le plantearía por obvias razones biológicas. A nosotras la vida se nos hace compleja, porque todo el tiempo se nos obliga a demostrar nuestras capacidades por encima de las barreras sociales y humanas.

La Bienal me gusta por muchas razones, pero probablemente la más importante es porque conoces obras de dramaturgas de países a los cuales les cuesta muchísimo la visibilidad a nivel internacional. Si a todos los países nos cuesta mucho —y están Argentina, España, Italia, que quizá tenemos un poco más de espacio— supone el doble en naciones como Guatemala, El Salvador, Ecuador, donde escribir para teatro es un acto de heroísmo para una mujer.

Por eso a mí me interesa si hay una salvadoreña haciendo esfuerzos por contar algo. Yo quiero escuchar lo que ella quiere decir, porque seguro es importante, no puede ser una banalidad, hay que poner empeño extra. Entonces, donde hay textos de mujeres que hacen ese esfuerzo, ya quiero estar.

Luego la Bienal lo que intenta también es crear una red para que estos empeños se divulguen. Así se puede ver aquí una obra de Ecuador y decidir llevarla a España, a presentarla allá y extender el trabajo y entre todos intentar hacer de estas realidades un mensaje para un público más amplio. A la larga creo que todas escribimos para ser vistas y escuchadas.

Lo que han llevado a escena es un fenómeno cada vez más generalizado a nivel global.

Es que claro, hablamos de que vivimos en un mundo —al menos así sucede en gran parte del planeta— donde las personas se comunican más a través de pantallas que en directo. No quedan a tomar un café, pues la gente se comunica a través de plataformas como Skype, que te permite intercambiar mediante videoconferencia, en tiempo real, con alguien que está al otro lado del planeta. Hemos llegado a un punto en que se trabaja en casa; se hace deporte en casa, mediante máquinas y un entrenador virtual; incluso los médicos ya apenas te tocan para determinar ciertas enfermedades. Y no es que estemos en contra de las tecnologías. Reconocemos los aspectos positivos, lógicamente, pero lo que defendemos en la obra es que tampoco deja de ser importante que el uso de muchas de estas facilidades haya perjudicado el curso de las relaciones humanas.

Esto de las redes sociales de comunicación tiene un trasfondo de falsedad en el que todo el mundo representa un personaje. Nadie cuenta en Facebook sus preocupaciones reales, sino lo bien que están, el concierto al que han ido, el plato de comida que se van a comer, la foto con tal amigo, personalidad, objeto… Esto te hace cuestionarte el verdadero motivo de casi todo lo que está en Facebook, pues cuando suceden cosas serias, muchas veces no encuentras ese amigo real con el cual “compartir” lo que te pasa.

Entonces nuestra obra es un acercamiento apenas. No hemos pretendido traer soluciones, hallar culpables, hemos querido simplemente establecer una ruta de preguntas. Nosotros continuamos creyendo que nada sustituye el contacto humano, porque ¿cómo se da la gente un abrazo en Internet?”

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