Elizabeth Ovalle, dramaturga dominicana:

“Tenemos que aglutinarnos para no quedarnos alienadas”

Amaia Rosado • La Habana, Cuba

Por segunda vez en La Habana se aúnan dramaturgas, directoras y actrices de Latinoamérica y el Caribe para (re)conocerse y/o presentar sus proyectos de teatro en la VII Bienal Internacional de Dramaturgia Femenina Escritura de la Diferencia.

Hay quienes desde la infancia descubrieron el gusto por las letras, como la dominicana Elizabeth Ovalle. Su primera obra, llevada al papel en apenas una semana, ganó en un concurso donde el jurado pensaba que el autor era un hombre (los nombres reales de los concursantes so ocultan bajo un seudónimo).

Imagen: La Jiribilla

Ha podido llevar a escena ocho de las 15 piezas que ha escrito para adultos, también tienen en su haber seis para niños y niñas. La última de sus puestas tuvo que dirigirla ella misma.

“En República Dominicana se vive el teatro con mucha pasión. Hay un festival nacional de carácter anual y uno internacional que se realiza cada dos años. Hay muchas mujeres que escriben dramaturgia, independientemente de que algunas personas no le quieran llamar así porque ellas no se han destacado o no han ganado premios.

“Ahora mismo podría decir que hay unas 37 dramaturgas dominicanas, algunas de ellas sí han obtenido premios y reconocimiento público. Para mí es valioso que se destaquen aunque haya quienes no lo admitan. El solo hecho de hacer y escribir teatro, y poner sobre el tapete un problema social o cualquier otro que quieran expresar, ya de por sí es importante. Casi siempre dilucidan temas sociales que les molestan, más allá de sí son de violencia de género o sobre las mujeres como tal. No todas viven en el país, algunas pertenecen a la diáspora. Quizá en la isla permanecen unas 20”.

¿Cómo obtienen financiamiento para montar sus textos?

Hay personas que nos ayudan dentro del gremio, dramaturgos como Franklin Domínguez, por ejemplo. Nos quejamos por la falta de apoyo estatal y privado, no es una situación únicamente de nosotros, aunque sí es nuestro pan de cada día como en muchos países.  

Frecuentemente no hay patrocinio para pagarle al personal de un gran montaje, entonces uno tiene que ser actriz, productora y directora al mismo tiempo. Cuando se celebran festivales sí se financian estatalmente.

Si quieres montar una obra tuya que no ha ganado premio ni tiene ningún otro apoyo económico entonces tienes que venderles boletas a los centros educativos, o buscar una empresa interesada en comprarlas.

Imagen: La Jiribilla

¿Se celebran eventos como este en su país, disponen de espacios o actores que legitimen o den a conocer el trabajo propio de las dramaturgas?

Nuestra dramaturgia en general es desconocida, no solo en el extranjero sino entre nosotros mismos, sobre todo la de las mujeres. Hay varias causas: falta de ayuda institucional, la poca gestión desarrollada por nosotras mismas, nuestros textos no se publican con frecuencia, ausencia de talleres, encuentros, concursos femeninos. Esto no ocurre con el cuento o la poesía.

En mi país todavía no hay un evento como este exclusivo para mujeres: ni festivales, ni competiciones, ni convocatorias. Sí se efectúan concursos de teatro, pero los premios casi todos se los llevan los hombres, además de que hay muchos dramaturgos buenos. En los últimos tiempos hemos apreciado avances mínimos: escritoras de otros géneros han incursionado en la escritura para teatro, algunos colegas masculinos han decidido incluirnos en sus antologías o ediciones.

El autorriesgo y la pasión por el teatro incentivan a muchas mujeres. En mi caso es la primera vez que vengo. En anteriores ediciones aquí han participado dramaturgas como Chiqui Vicioso, Carlota Carretero, Margaret Sousa.

Yo vine aquí porque quiero llevar la Dramaturgia de la Diferencia a mi país. En muchas ocasiones las mujeres no participan porque no se les incentiva. No es solo que busquemos la ayuda para que nos financien o nos reconozcan, sino que tenemos que ser partícipes, aglutinarnos para no quedarnos alienadas. Ese es el primer paso como gran salto. No podemos pasar toda la vida lamentándonos. Creo que estamos en el momento indicado para llevar adelante este propósito.

Trabajo en el Ministerio de Cultura de República Dominicana, y ahora mismo estamos inmersos en un proyecto nacional que engloba a todas las artes, yo estoy apoyando específicamente el teatro. Sin embargo, en estos momentos no se le está prestando el interés, por eso aunque esté dentro del ministerio ello no representa una ventaja para mí ni para nadie de esa manifestación.

 A nivel personal lo primero que quiero hace cuando llegue es trabajar en una experiencia similar allá, para eso vine, lo tengo entre mis planes y representa una prioridad.

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