Páginas, “Revista mensual de cultura moderna”

Cira Romero • La Habana, Cuba

A partir de 1936 creció notablemente, en Cuba, el número de revistas. A las que venían de etapas anteriores, como Orto (Manzanillo, 1912), se sumaron otras que llevaron a cabo una labor de animación cultural, tanto en La Habana como en otras provincias:   Índice en su segundo momento, Grafos, concebida para la alta sociedad habanera, Claxon. Revista de Difusión Cultural, órgano de la Federación Nacional de Chauffeurs de Cuba; en Güines y Ciego de Ávila surgieron, en diferentes momentos y con igual título, Síntesis; en Sancti Spíritus vio la luz Horizontes; en el central Merceditas fue publicada Cúspide; Ariel en Guanabacoa y en la capital Mediodía, de singular importancia en la vida cultural y política de esos años. A cada una de ellas y a otras, hijas también de ese momento, le dedicaremos, oportunamente, nuestros comentarios.

A este grupo de revistas se suma la titulada Páginas, publicada en La Habana. Aunque no se sabe exactamente cuándo comenzó a editarse, en 1937 se encontraba en su segunda época, y gracias al testimonio de Ángel Augier ha logrado conocerse que, de lo que vendría a constituir la primera época, aparecieron pocos números. Tuvo un amplio consejo de redacción integrado, entre otros, por el propio Augier, Mirta Aguirre y Julio Le Riverend y circuló con un lema creado por Fernando Ortiz: “Fe viva en la Cultura; energía incansable en la Acción, y disciplina cívica en la Conducta”.

En el editorial correspondiente a octubre de 1937 se expresaba:

Surge de nuevo a la vida y a la lucha la revista Páginas. Aspira con entusiasmo de neófita, pero también con recta dirección ideológica de sus redactores, a no ser una revista más, sino a convertirse, modestamente, en unas cuantas páginas de firme orientación, donde se recoja la tradición histórica y cultural de Cuba, desde un ángulo visual contemporáneo, sin falseamientos sectarios, sin capillitas de “élites”, sino como expresión vibrátil de un grupo de hombres jóvenes de espíritu, que sienten como propios los males colectivos.

Y más adelante:

Nuestra revista Páginas reproducirá, en la medida de lo posible, artículos, párrafos y extractos de libros, etc., de escritores cubanos del pasado, y cuya lectura será a modo de un material de documentación que ponemos al alcance de las nuevas generaciones que, habiendo recogido el legado heroico, tratan de mantener y de llevar a su meta esta tradición histórica y cultural.

También publicarían

Artículos contemporáneos, tanto de escritores ya conocidos como de los nuevos que integran la revista, y en los cuales unos y otros, que nos honran con su apoyo intelectual, que nos ayudan en la ardua tarea de sostenerla y difundirla, plantearán ante nuestros lectores aquellos temas que, a su entender, tengan significación cultural, ya sean económicos, históricos y literarios.

Un nutrido grupo de colaboradores, la mayoría adscritos a los ideales del socialismo, publicaron poemas, cuentos, crítica literaria en su sección “Sobre libros” y breves ensayos. Entre sus participantes estuvieron el propio Fernando Ortiz, Nicolás Guillén, Luis Felipe Rodríguez, Adrián del Valle y Salvador García Agüero.

En el número 6 de 1938 anunciaron la creación de la Editorial Páginas, animada por  propósitos, expuestos con mayor detenimiento en el periódico Pueblo del 14 de mayo: “acercar la cultura al pueblo, elevar el nivel de las masas populares en su educación intelectual y moral, familiarizar al hombre con la lectura útil que le ayude a resolver sus problemas más graves”.  Se fundó sobre la base de tres grandes secciones: Biblioteca de Clásicos Cubanos, Biblioteca Cubana Contemporánea y Colección Universal de Cultura Moderna y estaría dirigida por un consejo editorial integrado por Juan Marinello, Ángel Augier y Carlos Rafael Rodríguez. En esa editorial publicaron, entre otros, el propio Marinello (Dos discursos de Juan Marinello al servicio de la causa popular y Maceo, líder y masa). También apareció, de José Antonio Portuondo, su ensayo En torno a la novela detectivesca y Nicolás Guillén dio a conocer su famosa Elegía a Jesús Menéndez. Este esfuerzo editorial, de cierta duración en el tiempo,  rindió otros frutos igualmente valiosos, aunque finalmente se extinguió por causas económicas y también por represalias políticas contra algunos de sus responsables.

El accionar de la revista Páginas y de la editorial homónima se inscriben dentro de los proyectos que fructificaron en un período de intensa lucha política e ideológica. Aunque por razones estratégicas no se declaraban estar auspiciados por el Partido Socialista Popular, lo cierto es que muchas de las más importantes contribuciones culturales del momento recibían  su respaldo bajo condición de anonimato, forma de evadir, además,  la reprimenda de las autoridades oficiales. 

 

 

 

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