Parto a la libertad:

Un gigante rojo en la Bienal de La Habana

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba
Viernes, 20 de Marzo y 2015 (12:49 pm)
Imágenes: Cortesía de la autora
 

Está a punto de llegar mayo con la Duodécima Bienal de La Habana, y si  en la precedente, un zapato taxi fue la obsesión de la artista santiaguera Liudmila López, esta vez será un zapato canal, también rojo, pero de tamaño monumental, por él que podrán deslizarse menores y adultos.

La gran instalación se levantará en la calle Campanario entre San Lázaro y Malecón, suerte de epicentro de seis escuelas primarias y dos secundarias, con niños y niñas de la comunidad de  Centro Habana, que  no tienen un parque al que ir a jugar a no ser el Maceo.

Imagen: La Jiribilla
Proyecto de la instalación Parto a la libertad
 

Además de la posibilidad de divertirse con esta canal, desde ya están funcionando talleres de serigrafía con los pobladores menores del área.  El especialista Rubén Rodríguez  se ha unido a  Liudmila López  en  esta empresa. Los alumnos y las alumnas que participen expondrán las mejores piezas en  la Galería Babalú Ayé, situada frente al Parto a la libertad, la gigantesca instalación  que la artista sueña con inaugurar en la Bienal, y que aspira a dejar instalada algunos meses, para que sus pequeños vecinos jueguen en este zapato con nombre de canal femenino.

Ese trabajo, con criterio de género, lo llevará también al de monotipia, una acción del Taller Experimental de la Gráfica y el taller galería  Babalú Ayé, que parirá piezas hechas por niños y niñas de la localidad y se exhibirán durante la gran fiesta de las artes plásticas de mayo venidero.

Pero Liudmila hará más por la Bienal, de tal suerte inaugurará un mural de aproximadamente tres metros en  homenaje a Sara González en el conservatorio Alejandro García Caturla, participará con diez piezas en el proyecto  “Haciendo presión” en el Morro Cabaña y tendrá tres obras en el Proyecto “Libro Arte”.

Imagen: La Jiribilla
Exposición Archivos Babalú presentada en Pakistán 
 

Aunque no tengo acceso a oráculo alguno, estoy convencida que en la próxima bienal Liudmila hará algún proyecto con motivos pakistaníes. Y es que desde hace un tiempo está viviendo en el lejano país y allí ¡¿cómo no sería así?! ya realizó una muestra de obras pictóricas. Así lo reflejaba la prensa:

“La artista de la plástica cubana Liudmila López Domínguez, directora del Taller Galería Babalú Ayé, con sede en La Habana, inauguró la exposición Archivos Babalú, que reúne 72 serigrafías producidas en su taller de 40 artistas cubanos. Arjumand Faisal, director de Gallery 6, una de las casas de artes plásticas más prestigiosas de la capital pakistaní, elogió la muestra, la curaduría y ofreció su institución para organizar una exposición con obras de pintores cubanos con motivo de la celebración del Aniversario 60 del establecimiento de Relaciones Diplomáticas entre Pakistán y Cuba, en octubre de este año”.

La artista de la plástica cubana también participa en las acciones que promueve en esta nación Poda, una ONG de apoyo a la educación de la mujer y  los niños pakistaníes. Les enseña, usando la mímica muchas veces, cómo  realizar diferentes piezas.

Imagen: La Jiribilla
Junto a niños y niñas pakistaníes 
 

Debido a su estancia en Pakistán ha tenido que asumir gran parte de sus costumbres como el vestuario, muy colorido y diverso. Ante la curiosidad por el velo como complemento imprescindible del vestir femenino, explicó que no es obligatorio para las mujeres que no son musulmanas, un gran por ciento de las mujeres pakistaníes no lo usa.

Precisamente la interrogo sobre el protagonismo de las mujeres en la sociedad pakistaní y no puede evitar establecer una comparación con la cultura cubana, a la que pertenece: “vivo una  experiencia muy enriquecedora,  es una cultura diferente; en Cuba las mujeres tenemos un gran protagonismo, en  aquel país las mujeres son marginadas, hay mucho dolor, mucha hambre, la gente tiene un velo de tristeza en los ojos. El cinco o diez por ciento tiene dinero, el resto se muere por desnutrición”.

Al mismo tiempo llama la atención el contraste: “Es un país lleno de color, los camiones son preciosos. La gente quiere a los cubanos porque los médicos ayudaron allí, hay una buena cantidad de pakistaníes que estudió en Cuba y es un país abierto a aprender, donde hay muy buenos artistas.

“Islamabad es bastante tranquila, pero es un  país militarizado. Para entrar a los hoteles y centros comerciales hay que pasar por controles de seguridad, no hay cine, teatro, no hay bares… no se venden bebidas”.

También le pregunto cómo se manifiesta la cultura del calzado, aditamento que le ha servido de pretexto muchas veces para su discurso creativo, su pieza fetiche: “Los zapatos de los hombres son más lindos, se diseñan con más añadidos de oro, más dorado, con las puntas hacia arriba, como el pavo real, los de las mujeres son más coloridos pero… imagínate los zapatos son hechos por hombres, los modistos son hombres, es un país machista que  rinde culto a lo masculino”.

 

 

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