Pórtico y resguardo del patrimonio audiovisual

Joel del Río • La Habana, Cuba

En el texto El cine documental cubano 1897-1958, escrito por el investigador y escritor José Rodríguez Feo se reconoce sin ambages que “de los documentales realizados entre 1897 y 1960, se conocen 389 títulos, de los cuales se conservan en Cuba sólo 194. Esto se debe a que nadie se ocupó de hacerlo hasta que se fundó en 1960 la Cinemateca de Cuba. (…) De todas estas primeras producciones, el único corto que se conserva en Cuba es El parque de Palatino (1906) de Enrique Díaz Quesada”.

En marzo de 1959, con la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), comenzó a materializarse no solo la posibilidad de un cine nacional concebido como producto cultural válido y auténtico, medio idóneo para interrogar la contemporaneidad y el pasado histórico, desde el rigor intelectual y la comprensión humanística de la nación, sino también la Cinemateca de Cuba, institución encargada de conservar y promover el conocimiento del patrimonio cinematográfico cubano y latinoamericano.

Imagen: La Jiribilla

La Cinemateca de Cuba heredaba y ensanchaba ideas como las que alentó la sociedad cultural Nuestro Tiempo, fundada en febrero de 1951 y que contaba con una sección de cine donde se ofrecían cine debates y conferencias, se publicaba el Boletín de Cine, se propiciaba una crítica seria, y existía un cine club cuyos participantes realizarían el corto documental de denuncia El Mégano. Entonces, en 1960, no solo se funda esta institución sino que sientan las bases para el cine cubano posterior con la creación del Departamento de Dibujos Animados, al igual que el Noticiero ICAIC Latinoamericano, realizado por Santiago Álvarez; se filma El agua (de Manuel Octavio Gómez) el primer documental didáctico del ICAIC; comienza a funcionar el primer cine club en el teatro Chaplin (luego teatro Karl Marx); se realiza Carnaval (de Fausto Canel) el primer corto en colores; se publica el primer número de la revista Cine Cubano; son nacionalizados la mayor parte de los circuitos cinematográficos; aparece el primer cartel del ICAIC, realizado por Muñoz Bach para Historias de la Revolución, que se considera el primer largometraje de ficción producido por el ICAIC.

La Cinemateca comenzó a cambiar el concepto de lo que significaba “un clásico del cine” y le confirió destaque a la producción contemporánea de mayor relieve artístico, y en la misma medida emprendió el rescate y salvamento de todos los títulos antiguos con un valor patrimonial e informativo.

De inmediato, la Cinemateca comenzó a cambiar el concepto de lo que significaba “un clásico del cine” y le confirió destaque a la producción contemporánea de mayor relieve artístico, y en la misma medida emprendió el rescate y salvamento de todos los títulos antiguos con un valor patrimonial e informativo. También contribuyó muchísimo a la creación de una cinefilia más amplia y culta, como parte del esfuerzo didáctico del ICAIC, con los cine-móviles y la Enciclopedia Popular. En los años 60 tenía por delante varias décadas de arduo trabajo para disminuir la enajenación del público, y construir ese espectador crítico y activo.

Además estuvo presente en el primer boom de programas de televisión de corte didáctico, donde el cine, el de mayor nivel artístico y el más comercial, se le explicaba y descubría a los espectadores-televidentes. Mario Rodríguez Alemán en Cinemateca de Cuba en televisión se inscribió en la memoria cultural del país como maestro y comunicador que enseñaba a multitudes las virtudes y defectos patentes en miles de filmes de todas las procedencias. Y mientras el patrimonio de los clásicos entraba en los hogares cubanos, la sala de 23 y 10 ofrecía ciclos de las más diversas procedencias donde el cine polaco, brasileño o chino, se equiparaba con el norteamericano, francés o soviético. Porque en el trabajo de conservación y exhibición de la Cinemateca se integraba el doble carácter, industrial y artístico, del cine, y sobre esa base se reconstruyó la memoria fílmica desde la apertura a todas las tendencias estéticas, y con la intención evidente de elevar las expectativas culturales del público nacional.

Su primer director, Héctor García Mesa, además de dirigir las labores de conservación, catalogación y datos exhaustivos sobre la producción nacional y extranjera, participó en el guion de algunos filmes relevantes de la época, y ejerció como crítico. Su versatilidad y profundo conocimiento de la cultura cubana y mundial le confirió a la recién creada institución un matiz de excelencia a lo largo de 30 años, hasta su muerte en 1990.

Porque en el trabajo de conservación y exhibición de la Cinemateca se integraba el doble carácter, industrial y artístico, del cine, y sobre esa base se reconstruyó la memoria fílmica desde la apertura a todas las tendencias estéticas, y con la intención evidente de elevar las expectativas culturales del público nacional.

Para dar una idea de la capacidad crítica de Héctor García Mesa, valga un fragmento de un artículo suyo en la revista Cine Cubano, No. 36: “Manuela es, posiblemente, el corto dramático más interesante de cuanto material haya producido el cine cubano sobre el tema de la Revolución. Quizá porque no es un film pretencioso. Su discurso transcurre siguiendo una progresión dramática convencional, si se quiere. De ahí el balance y nitidez de su estructura. (…) Humberto Solás da muestras de mucha sensibilidad en el desarrollo de su oficio. Desde la elaboración de la historia en sí, hasta la elección de las locaciones, que mucho aportan al carácter de cada secuencia. (…) Escuchamos un idioma cubano directo, sin rebuscamiento ni pintoresquismos de ocasión. Nos sorprendió su natural fluidez, su ausencia de afectación, excepcional en el cine cubano. Después supimos que, en gran medida, los diálogos habían sido improvisados durante la filmación, siguiendo lineamientos generales. (…) Se trata de un filme esencialmente realista que utiliza, razonablemente, diversos recursos del lenguaje cinematográfico sin sujeción a normas preconcebidas. Un film lúcido, sin delirios ni gazmoñerías, que aplaudimos”.

Los subsiguientes directores trataron de conservar el protagonismo de la Cinemateca en el panorama audiovisual cubano. Mucho hizo el escritor, crítico y estudioso de la cubanidad Reynaldo González en una etapa de enormes restricciones materiales como los años 90. Crítico agudo, especialista dedicado durante muchos años al estudio del cine cubano y a la redacción de decenas de artículos, libros y ensayos sobre sus tendencias estéticas y principales autores, Reynaldo González también sentó pautas en la dirección de una Cinemateca ilustre y funcional, en constante proceso de evolución para asumir los retos de un panorama audiovisual marcado por la fragmentación, un contexto poblado por numerosas instancias, ajenas al ICAIC, y generadoras de productos culturales tan precisados de conservación, catalogación y aprecio como los insignes filmes cubanos creados a principios del siglo XX o en los años 60. Porque la posteridad nunca va a perdonarle a la Cinemateca que se distraiga en vericuetos oficialistas. Y sus directores y especialistas están convencidos de ello.

Imagen: La Jiribilla

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