Teatro de títeres en Cuba:
Decir lo que nos toca aquí y ahora

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba

La gente viene al teatro a ver lo extraordinario.

Peter Brook

Pasó el 21 de marzo, día mundial del títere. No puedo dejar de pensar una y otra vez en la profesión que me apasiona, en su diálogo activo con la contemporaneidad. Soy sincero, añoro para el teatro de figuras de mi país ese crecimiento extraordinario que se da en otros lares del planeta, donde la mezcla intercultural y los avances tecnológicos han hecho del arte del retablo una manifestación fuera de la marginación y del viejo estigma que solo considera a los muñecos como barraca de feria, juego de niños, entretenimiento menor.

Imagen: La Jiribilla

En Cuba no somos parte importante del cine ni de la televisión, llegamos a esos medios de vez en vez, como apoyo de espectáculos audiovisuales que precisan de magia, misterio y asombro. Sigue siendo el teatro el asentamiento mayor, el espacio sólido de los títeres y sus animadores. Estos últimos, deberían ser cada vez más cercanos al mundo de la danza, el performance, actores que al enfrentarse a montajes sin retablos, tengan las mismas herramientas del histrión del llamado otro teatro, la misma verdad, gracia y sentido del riesgo ante la desnudez de la escena. Los actores viajan comúnmente en la consecución de sus personajes de adentro hacia afuera, no se contrapone para nada en que los titiriteros hagamos el ineludible trayecto desde afuera (recordemos la imagen esculturada que es un muñeco) hacia adentro, haciendo uso de nuestras fuerzas y energías humanas donadas a la imagen concebida por el diseñador o por nosotros mismos para el personaje. De abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, en el medio, en el rostro, en la punta de los dedos, en una pierna o en las dos, desde la fosforescencia de la luz negra o en medio del enigma de las sombras, nuestro trabajo está abocado a la nueva dinámica del mundo, un entorno que no nos puede absorber sin que le hagamos resistencia.

¿Por qué vivir de espaldas a las influencias estilísticas que surgen en otros lares? ¿Por qué no aprovechar la mucha o poca tecnología de que disponemos para ponerlas a dialogar con las conocidas formas tradicionales? Si hacemos un viaje a la semilla de la titerería cubana hallaremos en la poética escénica de los Camejo y Carril, en las búsquedas del Teatro de Muñecos de La Habana, en los experimentos con sombras de Nancy Delbert, interesantes resultados que se adelantaron a su tiempo y siguen siendo todavía interrogaciones válidas, cercanas en aspiraciones a las cimas de otros países, hallazgos de otrora que siguen siendo esenciales para entendernos como artistas del siglo XXI.

Esa inquietud no la siento hoy en gran parte de mis colegas. No voy a hablar de los casos aislados, son como oasis en medio del desierto. Hablo de la necesaria inconformidad que debería existir de manera generalizada en la profesión, una práctica incómoda, perturbadora si se quiere, que no se conforme con repetir miméticamente lo tradicional, lo aprendido en talleres llenos de fórmulas ajenas.

Cada nueva edición del Taller Internacional de Títeres de Matanzas, o del Festival Internacional de Teatro de La Habana, es una puerta abierta a la titerería del mundo, a estos eventos se ha sumado con tiento la Bacanal de títeres para adultos. Son oportunidades para aprovechar y no para pasar de largo, embebidos de una soberbia tan necia como ciega ante lo desconocido. Nadie nos va a regalar lo que le falta a nuestra profesión, el arte es un toma y daca que cuenta principalmente con el interés personal de los artistas y su fértil imaginación. Si no se publican libros sobre nuestra manifestación hay que escribirlos, traducir los que existen, proponerlos a nuestras editoriales. Hay que intentarlo todo desde la teoría y la práctica cuando se trata de arrojar luz sobre nuestro oficio.

Sueño sí, e imagino fervientemente un titerismo cubano que se relacione con el teatro llamado “humano”, la danza, la ópera, el musical, el circo, el cine, la literatura… no soy de los que se cansan rápido, para mí soñar e imaginar es insistir desde la acción contundente. Un grupo de seres quiméricos hacen lo mismo desde sus propios trabajos y aspiraciones. No somos dueños de ninguna verdad absoluta, pero si responsables desde el hacer y la promoción, sin zaherir, definir o cenizar a nadie.

Hace poco una colega me comentaba que no estaba de acuerdo en promulgar un arte inquieto para todos, que estaba bien que hubieran tendencias encontradas en cuanto a lo convencional y lo arriesgado. Muy bien, honestamente creo que en estos tiempos y en todos deben existir las tendencias estéticas diferentes, pero sin que estas dejen de respirar. La revolución artística en nuestra especialidad no se da por desechar una forma u otra, sino por la vitalidad perenne de estas, por la originalidad de los trabajos, la fuerza de los estilos y contenidos, sean hechos estos con títeres de guante o elementos escénicos renovadores. La fidelidad a las raíces populares del titerismo está en el conocimiento de las simientes, para enriquecerlas, revisitarlas de manera inteligente. Como dicen los grandes conocedores todo está hecho, pero bien que vale la pena volver por esos terrenos conquistados para decir lo que nos toca aquí y ahora.

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