Cantores...

La Trova, Frank, Ella y Yo

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

En el sendero de mi vida triste hallé una flor…

Imagen: La Jiribilla

“Ella y yo”, título de una hermosa canción de la llamada trova tradicional, le sirve a Frank Padrón Nodarse, para nombrar su más reciente libro, al que agrega el cintillo “Diccionario personal de la trova cubana”. Ella y yo, la trova y Frank, resulta un romance abierto, diverso, poético, con todas las trovas (muchísimas y la misma) de la Isla desde su génesis hasta hoy.

Mamá yo quiero saber
de dónde son los cantantes
que los encuentro galantes
y los quiero conocer,
con sus trovas fascinantes
que me las quiero aprender.

Citando a Miguel Matamoros, se abren los Apuntes de un “trovadicto”, introducción en el que Frank nos da las pretensiones de este libro, que confiesa no vienen por el camino de la crítica o análisis musical, que tanto (y bien) ha ejercido en la prensa durante muchos años, sino por los caminos de los deseos de sacar todo ese trovar que ha llevado adentro, y que ha moldeado su espíritu; sacarlo para que todos sepamos ese sendero de luz, que ayuda a crecer, a amar de mejor manera, y a rozar el alma de la nación cubana.

Ella, sensible, le brinda al hombre
virtudes todas y el corazón,
pero si siente de la Patria el grito
todo lo deja, todo lo quema,
ese es su lema, su religión.

Sindo Garay

Si bien Frank Padrón ha llevado la crítica musical a la par de la cinematográfica, la televisión es la televisión de un impacto que no admite competencia (hasta ahora) y de manera que Frank ha llevado durante tantos años el “Cine de Nuestra América” en la pantalla, el público lo enmarca en el Séptimo Arte. Acotemos la importancia de ese espacio nuestro americano a contrapelo de tanto cine empobrecido (y empobrecedor) hollywoodense. A mí me tocó la suerte de compartir labores con un Frank llevando al unísono música y cine; fue por allá por la Radio Cadena Habana de mediados de los 80, con un programa titulado Cine en radio, donde él tenía una sección “Banda Sonora” en la que analizaba y radiaba piezas musicales de las películas clásicas y las nuevas; concepto atemporal que ha traído desde entonces hasta este libro. Y es lo primero a resaltar: la trova es una y diversa, en el tiempo y sus maneras de hacerse. No por azar cierra sus páginas este libro citando dos versos de La canción de la trova de Silvio (que yo ahora extiendo):

Imagen: La Jiribilla

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.
No importa la palabra que se diga para amar.
Pues, siempre que se cante con el corazón,
habrá un sentido atento para la emoción de ver
que la guitarra es la guitarra,
sin envejecer.

Es increíble como Frank Padrón ha logrado darnos en apenas 136 páginas (en formato más bien pequeño) tan intenso y abarcador panorama de la trova; que nos muestra (más bien demuestra) cuán importante es, cuan resistente ha sido, y cuánto está por promover esa canción poética cubana.

Creo que está claro para muchos que la trova es una, más allá de que promocionalmente se hayan enmarcado por generaciones, grupos de creadores afines, o ya sea por la región del país, por el momento en que surgen, o por particularidades temáticas o sonoras…así han quedado cuños como Trova Tradicional, Nueva Trova, Filin, y otros más particulares como pueden ser Novísima trova, Habana abierta, La Trovuntivitis, o La Séptima cuerda. Más allá de todas estas enmarcaciones, hay una actitud, una manera de abordar la canción despojada de comercialismos, una entrega sincera, una ambición poética dadora, que está presente en todo acto trovadoresco. Y que rebasa, incluso, en su forma de presentarse al cantor acompañándose con su guitarra —si bien el ser poético con guitarra— es la manera más usual y esencial de exponerse la trova.

Hay todavía una canción
alborotando el curso
de mi pensamiento.
Hay todavía una canción
precipitando acciones,
reclamando tiempo.

Hay decisiones que tomar,
hay problemas que afrontar,
hay asuntos que merecen atención.
Y yo he conquistado todavía
algo de este día para una canción.

                           Marta Valdés

Imagen: La Jiribilla

Como bien dice el propio Frank Padrón, no están todos los que son, pero son todos los que están; faltarían muchos por reseñar pues el listado de trovadores sería de cientos y cientos, algunos de los cuales permanecen apenas en la memoria de algunos o una grabación casera en casetes o cinta de programa de radio, o acaso en algunos textos engavetados; la trova, a pesar de su importancia, no ha sido de la más promovida en los medios o empresas disqueras; y, por ser el trovador una figura que se interesa más por expresar lo que siente que por ser divulgado o promovido (y qué decir de hacer un negocio de su arte) pues han quedado en el olvido o en el espíritu de quienes los han escuchado. No obstante, el repaso que hace en estas páginas Frank nos da un fresco de lo que ha sido la trova, no solo con nombres imprescindibles de todos los tiempos, sino bajo un concepto integrador que abarca zonas desde las cuales muchos no habían visto el proceso trovadoresco. Por ejemplo, en su capítulo “Agrupaciones” el autor nos dice:

“Aunque siempre se le piensa mediante una imagen: un ser humano cantando mientras toca la guitarra, la trova cubana ha sido también plural. En su historia hay abundantes dúos, tríos, cuartetos, sextetos, septetos…, no solo porque muchos de los más importantes trovadores han integrado en diversas etapas de sus carreras tales agrupaciones, sino por la existencia de las mismas de manera independiente, con vida propia, sin necesidad de una figura a quien respaldar”.

Y aquí vale referenciar, por ejemplo, a Miguel Matamoros con su trío o Conjunto, o digamos el Septeto Ignacio Piñeiro, o el Septeto Nacional, o hasta el mismísimo Benny Moré que, si bien trazó una camino con su jazz band, viene de raíz trovadoresca, no poco cepillo pasó trovando con su guitarra por las madrugadas hasta ser acogido por el propio Matamoros. Y en esta idea cabe también Juan Formell, quien no pocas veces se declaró trovador.

En cuanto a agrupaciones, Frank nos repasa desde la importancia del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Los Cañas de Tony Pinelli, Moncada, Manguaré, Mayohuacán, agrupaciones surgidas en el ámbito universitario e imbuidas en el espíritu de la Nueva Canción Latinoamericana, o el grupo Síntesis que contó con el destacado trovador Mike Pourcel, y de quien recuerdo importantes trabajos con Amaury Pérez, Donato Poveda, y Silvio Rodríguez. También hace referencias Frank al grupo 5 de Septiembre de Lázaro García, el Gauaicán con Pepe Ordás y que acompañó a la eterna Sara González en un bien tramo de sus andares musicales; Nuestra América, Cuarteto Patria, Estudiantina Invasora de Santiago de Cuba, los Fakires de Santa Clara, dúo Postrova, Trío Enserie, y de allí mismo, de la zona sagrada de El Mejunje, Trovarroco, que desde su nombre dan idea de esa fusión jazzística trovadoresca más otros ingredientes de la música clásica, o popular bailable o etcéteras que subyacen en la excelencia de estos músicos, realmente virtuosos a los que se les visibiliza con Silvio Rodríguez, pero que han acompañado (o trabajado musicalmente –resulta estrecho “acompañar”) a Vicente Feliú y valores de la trova más para acá como Roly Berrio, Vionaika, y el trabajo propio, que incluye no solo versiones de clásicos de la canción cubana, sino piezas que han creado su guitarrista Rachid López o el tresero Maikel Elizarde.

Yo salgo de una lámpara que no puedo frotar,
el humo se levanta en torbellino,
no soy el horizonte y sobrevivo,
¿Quién soy?, ya no sé quién soy.

No te apresures al pedirme tus deseos,
la maravilla surge con mi voz,
pero no puedo ver mi rostro en el espejo,
yo soy un animal que no nació.
¡Pídeme lo que te falta en el fondo de tu corazón,
en el fondo de tu corazón!

Leo García

Pasando las páginas de “Ella y yo” de Frank Padrón, vamos hilvanando la historia de la trova cubana, cuasi cronológicamente; los tiempos fundacionales comienzan por el padre José Pepe Sánchez, como bien dice el autor:

“El fundador. Nucleó bajo su tutela a los más importantes trovadores de su natal Santiago, entre ellos a Sindo Garay”.

Y claro que están Sindo, Manuel Corona, Alberto Villalón, Rosendo Ruiz, María Teresa Vera, Eusebio Delfín, Oscar Hernández, entre los que podríamos llamar trovadores raigales, y junto a ellos otros como “el ciego maravilloso” el tresero Arsenio Rodríguez y Miguel Matamoros, que en su amplio diapasón incluyeron la trova bailable u otras aristas como las guarachas picarescas de Ñico Saquito, o los rejuegos “changüiciados” de Faustino Oramas (el Guayabero), de los que heredan más tarde Pedro Luis Ferrer, Virulo, Frank Delgado, Tony Ávila y Ray Fernández entre otros. Así mismo reseña en este “diccionario personal” a dúos como Los Compadres y Las Hermanas Martí.

“Los filineros” es otro momento en el que pasa lista:

“Aquellos aires de Debussy pasados por aguas norteamericanas (blues, jazz), pero con una inconfundible esencia criolla que envolvían letras íntimas y coloquiales, comenzaron a conquistarme en las voces de los principales intérpretes: Elena Bourke, Las D`Aida, el Cuarteto de Meme Solíz, Vilma Valle, o los propios autores devenidos intérpretes de sí mismos: Ángel Díaz, Cesar Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Ñico Rojas…(los había que solo componían, como Luis Yáñez o El Niño Rivera)”.

Imagen: La Jiribilla

Creo que no causalmente hay tres grandes de la canción cubana, que Frank ubica casi como puente antes de transitar por los llamados de la “nueva trova”, Carlos Puebla, Teresita Fernández y Marta Valdés. Si nos atuviéramos en algo, a los aires, o rasgos comunes que pueden identificar momentos de la trova, estos tres casos tienen peculiaridades que marcan transiciones… Carlos Puebla, que tiene por un lado sus canciones y boleros que podemos asociar con la manera tradicional de trovar, y por otro, una zona de crónica social, que viene siendo un antecedente de ese activismo político, con el que fue acuñado (con no poco reduccionismo) lo que llegó a convertirse en Movimiento de la Nueva Trova. Teresita Fernández, es así mismo un puente espacial de la trova, que atrae a los que venían, con una poética sin tiempo, es la trovadora sin más, lo mismo nueva que tradicional, y que quedó promocionalmente como cantora para niños, pero que es en realidad creadora y cantora para todos. Marta Valdés es otro tanto, pero más “moderna” en sus conceptos sonoro-poéticos, algunos la colocan al final de los filineros —movimiento del que forma parte— pero cuando miramos su intimismo hay un filosofar, una interacción social… una relación con el mundo y los problemas que le llueven, que, si bien, es abordado desde el más recóndito espíritu del ser, no deja de contener implícito una mirada crítica a la época. Creo que Marta Valdés es una manera de hacer canciones, por la síntesis poética y las madejas armónicas con las que la guitarra y la voz traducen ese cosmos espiritual.

Las caras conocidas
me parecen raras.
Las cosas más absurdas
me resultan claras.

Camino cuadras y cuadras
cantando en voz alta,
nadie se explica lo que me pasa.
El mundo está al revés para mí.

Continuamente llevo
el corazón inquieto;
de pronto estoy serena,
de repente tiemblo.

Sin ir más lejos quise
comprobar mi suerte,
y el mundo está al revés:
resulta que me quieres.

Marta Valdés

En acaso dos cuartillas por cada reseña, Frank Padrón va apresando tras cada nombre, un tiempo, una manera de repasar los principales valores o canciones, una impronta en su época. Así llegan Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González, Noel Nicola, Amaury Pérez, Miriam Ramos, Augusto Blanca, Pedro Luis Ferrer, Eduardo Ramos, Lázaro García, Alejandro García (Virulo) y Vicente Feliú, como representación más visible de aquellos que surgen musicalmente desde mediados de los 60 hasta 1973 en que se funda el Movimiento de la Nueva Trova en Manzanillo.

Imagen: La Jiribilla

Llévame camino a la ternura;
puéblame con risa la cintura;
tórname sonora la guitarra;
lluéveme la vida a la garganta.

Deja que mi voz te llegue fuerte;
tómame el aliento con tu voz;
mátame la muerte con la muerte
de todo aquello que no sea amor.

                             Miriam Ramos

Sigue Frank en su diccionario personal (que por tal tema se convierte en nuestro) con los que llegan a finales de los 70 e inicios de los 80, desde Enriquito Nuñez, Angelito Quintero, Ireno y Jorge García, hacia los Alberto Tosca, Carlos Varela, Donato Poveda, Santiago Feliú, Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Marta Campos, Kiki Corona… y lo importante, junto a las apretadas síntesis, que hace de estos valores, y su quehacer musical, va nombrando con más o menos prisa a otros valores relacionados que no podía abarcar (y ojalá pronto Frank saque tiempo —y le den espacio editorial— para engrosar este diccionario y añadirle quizás textos de canciones).

Se le caen los dientes a mi barba
y sólo doy a la luz
canciones comprometidas:
texto, música, nada más.
Blancas, blancas mis canciones
trotan, trotan de ansiedad;
buscan la guitarra de sueños y caricias,
buscan tu beso por el mar.
Ven que estoy aquí, creo que es así:
texto, música, sin ti,
me sabe a batallas sobre mí.

Santiago Feliú

Siguiendo cronológicamente, mediados de los 80 llegan las canciones de Liuba María Hevia, Polito Ibañez, Raúl Torres, Postrova, y capítulos repasadores de aristas como las agrupaciones (que ya mencionaba anteriormente) o “Interpretes y colaboradores, donde figuran nombres esenciales como Argelia Fragoso, Anabel López, y Xiomara Laugart, como las antológicas voces del movimiento de la canción poética desde los 80, otras voces más para acá como Rochy Ameneiro, Ivette Cepeda, sin olvidar esas diosas del panteón de la trova cubana Elena Bourke y Omara Portuondo, quienes no han tenido distingo a la hora de armar sus repertorios con épocas, movimientos, o temáticas, lo mismo hemos gozado en sus voces una “Novia mía”, o “Contigo en la distancia”, clásicos del filin (José Antonio y César)  que “Siempre es 26 de Martin Rojas, “La era está pariendo un corazón” de Silvio, o “Ámame como soy” de Pablito.

Imagen: La Jiribilla

En el acápite “colaboradores” nombres como Sergio y José María Vitier, Leo Brower, Frank Fernández, Pancho Amat, y Hernan López Nussa, músicos que han participado como parte de la trova haciendo arreglos, producciones, rearmando creativamente canciones, discos y conciertos de la canción trovadoresca cubana. Así mismo cita a Beatriz Corona, que ha hecho maravillas (aun por estudiar y reconocer) en formatos diversos que van desde la música coral, de cámara, o hasta sinfónica.

Entre el espanto y la ternura
la vida canta
una tonada clara y oscura,
profana y santa.

Entre el espanto y la ternura
corre la suerte
con el abajo y con la altura,
con vida y muerte.

Beatriz Corona-Silvio Rodríguez

Por no dejar ninguna zona excluida Frank Padrón esboza las generaciones más recientes (algunas de ellas ya con 20 años de canciones), el propio autor escribe en estos últimos capítulos:

“Habría que escribir ya otro libro semejante con los continuadores, que algunos llaman —¡esa manía de “etiquetas” que tenemos!— la “novísima trova”, subtitulada y agrupada con otros emblemas. No solo así se llamó a la promoción anterior (se refiere a la que precede a los llamados de La Rosa y la Espina), no solo ya no son tan nuevos los integrantes de esta, sino que nos enfrentamos al mismo asunto: hay una sola trova.

En este punto Frank alude a algunos de los que siguen por el camino desde los Habana Abierta, Pepe del Valle, Boris Larramendi, Kelvis Ochoa, José Luis Cachivache, Luis A, Barbería, y el grupo Superavit, hasta los afiliados en torno al Centro Pablo de la Torriente como Karel García, Carlos Lage, Hieidi Igualada, Rita del Prado, Lázara Rivadavia, Norge Batista, Silvio Alejandro, Ariel Díaz, Diego Cano, Inti Santana, Samuel Águila Fernando Bécquer, William Vivanco, Ariel Barreiro, Tony Ávila hasta los que vienen por todo el país, como pueden ser Adrián Berazaín, y otros muchos como Pedrito Beritán, Mauricio Figueiral, Juan Carlos Suárez (Polaroid) que comenzaron ya hace una década con el proyecto La Séptima cuerda y que no siquiera son ya la más reciente promoción.   

Alguien pasó por detrás
y me empujó.
Yo te traía una flor,
se me cayó.

Pero me queda mi canción
—aun así me queda mi canción—
a pesar de mi mala suerte.
Y esa es una buena razón
—una magnífica razón—
para estar vivo simplemente.
Para sentir, para soñar
y amar.

Noel Nicola

Imagen: La Jiribilla

“Ella y yo.  Diccionario personal de la trova” de Frank Padrón, editado por la colección Cinquillo de la Editorial José Martí, nos brinda una panorámica de la trova cubana, nos amplía el concepto en una fresco en el que está esbozado el papel de muchos de los nombres cardinales que marcan el paso de más de siglo y medio de un cancionero que es parte esencial de la nacionalidad cubana.

Quedan muchos trovadores y trovas que acercar a la vida cotidiana nuestra, no solo porque sean reconocidos, esos tantos que gravitan con su obra en una atmósfera apenas visible, sino por esa riqueza espiritual que se pierden quienes no han tenido la oportunidad de entrar en contacto con ese tesoro, por todos y para el bien de todos, sigamos iluminando, nuestro cantar y digamos junto al trovador Pedro Ibañez:

Desmientan al que diga
que la trova ya murió.
La trova no ha muerto, no,
porque aun vive en el alma
de quien la oyó y la cantó.
Escuchen con atención
lo que dice mi cantar:
que surjan más trovadores
que la trova es inmortal.

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