Arte para una ciudad

Yuris Nórido • La Habana, Cuba
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Lunes, 30 de Marzo y 2015 (11:08 am)

La programación del VI Festival de las Artes, que tuvo como sede varios espacios de La Habana hasta ayer domingo, fue monumental, de amplísimo espectro. Lo que en otras citas pudiera parecer un inconveniente, aquí resultó una circunstancia coherente con las pretensiones del encuentro: que el arte, en sus más jóvenes expresiones, “conquiste” toda una ciudad, que vaya más allá de los escenarios convencionales, que establezca un diálogo más o menos intenso con el contexto.

La Universidad de las Artes, el ISA, es un semillero de creadores, fuente de discursos múltiples, de propuestas hasta cierto punto novedosas, que tantean entre la experimentación y la recreación inspirada de moldes consolidados. El Festival de las Artes es la principal vitrina de ese acervo.

Todas las manifestaciones —artes visuales, música, teatro, danza, audiovisuales…, haciendo énfasis en la vocación comunitaria de muchos proyectos— han encontrado un público receptivo, un público inusual en algunas ocasiones (las acciones en populares arterias capitalinas sorprendieron a más de uno), que de alguna manera ha completado el ciclo de la creación. Arte para la ciudad, la ciudad dispuesta para el arte.

Dos maestros

Uno de los momentos cumbre de esta edición fue la entrega de la Distinción al Mérito Artístico, que otorga el ISA, a dos maestros de la danza cubana: Manolo Micler, director del Conjunto Folclórico Nacional; y Miguel Iglesias, director de Danza Contemporánea de Cuba (DCC). La ceremonia tuvo lugar en el contexto del programa concierto que ofrecieron las dos emblemáticas compañías este sábado en el teatro Mella.

En sus palabras de agradecimiento, Iglesias reconoció la importancia del pasado, del aporte de las figuras fundacionales al panorama actual de las agrupaciones. Pero se mostró muy interesado por el presente y el futuro. En ese sentido, la labor de la Universidad de las Artes es insustituible. De hecho, muchos de los integrantes de los dos elencos cursan estudios superiores en la institución.

El Folclórico Nacional ofreció dos piezas coreografiadas por Micler: Obatereo y Dahomeño, divertimentos exultantes, de cuidadosa estilización, que han demostrado el buen nivel de los bailarines. Danza Contemporánea estrenó una propuesta de Norge Cedeño: TransireSin ganas de mirar atrás.

Imagen: La Jiribilla 
Transire. Sin ganas de mirar atrás
, de Norge Cedeño, interpretado por Danza Contemporánea de Cuba 

La fuerza de lo ritual

De la creación de Cedeño llama la atención la capacidad de sacudir el vocabulario más o menos establecido para singularizar secuencias, dinámicas que a primera vista pueden parecer arduas pero que se insertan perfectamente en el planteamiento general del coreógrafo: el rito está marcado, obviamente, pero su concreción está sujeta al indomable espíritu del ejecutante.

La obra va intensificando el ritmo como si los bailarines fueran cuerpos animados por una autoridad superior, inefable. Puede que en algún momento los pasajes transicionales se resintieran por cierta cacofonía, pero el camino hacia el clímax, hacia la coda, resulta expedito, espectacular, inquietante.

El vestuario no es meramente funcional: se imbrica en el discurso como motivo de énfasis o caracterización, a veces epatantemente. El diseño de luces se regodea en la creación de ambientes oníricos, de inaudita belleza.

Y los intérpretes, como ya es habitual, se comprometen hasta las últimas consecuencias con lo coreografiado. Está visto: el de Danza Contemporánea de Cuba es uno de los elencos más capaces del contexto nacional.

Fuente: Trabajadores

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