Ernesto Lecuona y “Como México no hay dos”

Miguel Gerardo Valdés Pérez • La Habana, Cuba

Valle de Bravo es, sin lugar a duda, un privilegio paisajístico: las calles sinuosas y empedradas, las terrazas y los balcones volados desafiando pendientes, las blancas fachadas y los tejados de barro cocido, la vegetación exuberante y  un inmenso espejo de agua que replica sus colinas guardianas,  son razones suficientes para considerarlo así.

Ubicado en el Estado de México, Valle de Bravo o Pameje —según su nominativo en  lengua mazahua—  fue nombrado ciudad típica en 1971 y  pueblo mágico en el 2005. La lengua mazahua o jñatio (gente que posee venados) está considerada  una de las lenguas nacionales y cuenta con más de 101,759 hablantes.

Imagen: La Jiribilla

Esta reserva hidrológica  —una de las más importantes del Valle de México, debido a su extensión y  al volumen de sus corrientes tributarias en las que se destaca la cuenca del Río Cutzamala, el Salto, Barranca Honda, Río Balsas, Los Hoyos— es un sitio preferencial por la belleza de su geografía y por la nobleza de sus cuatro climas.

Su Centro Regional de Cultura “Joaquín Arcadio Pagaza” —que cuenta con la dirección de la poeta y promotora cultural Mari Cruz Patiño— desarrolla, sistemáticamente, diversos programas socioculturales.

Sin embargo, lo que en el mes de marzo imprimió un sello singular a la programación de este centro fue la confluencia musical —con apoyo del Frente de Afirmación Hispanista—   de  autores antológicos de dos países hermanados en su historia y en su cultura: Cuba y México

Con una selección  del compositor  Ernesto Lecuona, el pianista cubano Franco Rivero Bueno —alumno del conservatorio Alejandro García Caturla (La Habana)  y egresado del Conservatorio Las Rosas (Morelia) — validó no sólo su talento para la ejecución; sino también la selección de piezas inéditas de Lecuona.

“Orgullo”, “Rosa Negra”, “Una traición” y  “No hay perdón” pusieron de manifiesto la labor de rescate que Rivero Bueno ha venido desarrollando con  la obra de uno de los autores más universales del pentagrama cubano. Autor que, sin embargo, continúa reclamando la justa ponderación no solo de la universalidad de sus composiciones; sino de su vida como reflejo y expresión de cubanía.  

Imagen: La Jiribilla

Franco Rivero —quien ya cuenta con un centenar de composiciones, concertista fecundo  e infatigable estudioso de la obra leuconiana— fue acreedor en el 2013 del Premio Especial Cubadisco por su compilación Lecuona,  todo piano.

Complementando esta memorable jornada de excelencia musical, la intérprete mexicana Grisell Tovar —en la celebración de sus 28 años como profesional de la canción— presentó su  programa “Como México no hay dos”, acompañada del mariachi Águilas de Oro.

El recorrido por autores imprescindibles de la composición mexicana tuvo el sello indiscutible de la identidad de una nación que ha certificado distintos géneros; pero que se ha distinguido internacionalmente por  la ranchera y la elegancia y garbo de sus mariachis intérpretes.

Pepe Guizar, José Alfredo Jiménez, Manuel Ponce, Rubén Fuentes, Felipe Valdés Leal, Felipe Bermejo —entre otros autores— hilvanaron el muy bien diseñado repertorio de Tovar, quien demostró un carisma singular en la interpretación y destaque de composiciones que son expresión de un México tan inmensamente rico en su cultura como en su historia.

“Rayando el sol”, “Qué bonita es mi tierra”, “Mi ranchito”, “Toro relajo” y “Como México no hay dos” fueron suficientes para expresar no solo la vibrante intensidad de las emociones; sino la huella de los conflictos sociales y la herencia cultural hispana, presentes en temas como el desarraigo y la añoranza de la tierra y la riqueza de las tradiciones que durante siglos han singularizado a los países hispanoamericanos.

La presencia del cubano Ernesto Lecuona  y de lo más granado de los compositores mexicanos del siglo XX es real expresión de que las manifestaciones culturales cuando son auténticas no tienen fronteras.

“Siboney” (Lecuona) y “Como México no hay dos” (Pepe Guizar) continuarán  siendo notas y cuerdas de un mismo pentagrama continental de fusiones que seguirá desafiando el paso de los siglos y fundiendo la plata en refulgente crisol como en los apretados cuadros martianos de las raíces de Los Andes.

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