Una trama fallida de Vargas Llosa

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Nada tiene que ver el extraordinario talento narrativo de Mario Vargas Llosa con su ejecutoria política. Quien haya leído La casa verde, La tía Julia y el escribidor y La guerra del fin del mundo no encontrará la más mínima huella del genio fabular en las pésimas tramas que desde hace unos cuantos años desarrolla el laureado escritor peruano contra todo lo que huela a justicia social, equidad y auténtico desarrollo humano en América Latina y el Caribe.

En estos últimos días de marzo Vargas Llosa ha reincidido. Mientras los ejes concertados en Unasur, el Alba y el G-77 + China se pronuncian contra el absurdo e injerencista decreto presidencial del inquilino de la Casa Blanca que criminaliza a las autoridades bolivarianas como una amenaza a la seguridad nacional de EE.UU., el escritor dedica sus esfuerzos a promover una campaña en favor de los políticos de la oposición sometidos a debido proceso en Venezuela por instigar la subversión.

Así convirtió el presunto foro académico “América Latina: oportunidades y desafíos”, organizado por la Fundación Internacional para la Libertad bajo el signo del más puro y duro neoliberalismo, en un espectáculo protagonizado por las esposas de dos connotados guarimberos y golpistas, sazonado por apelaciones dignas de un folletín.

El novelista halló correspondencia en los exmandatarios peruanos Alan García y Alejandro Toledo, pero no pudo implicar al presidente Ollanta Humala en el sainete. Herido en su amor propio, Vargas Llosa se explayó contra los gobiernos de América Latina —“timoratos” les llamó— que renovaron su apoyo a Venezuela y manifestaron el deseo de resolver el diferendo entre EE.UU. y esa nación de forma pacífica y civilizada. Y fue más lejos cuando los acusó de “complicidad con quienes están destruyendo a Venezuela, convirtiéndola en una segunda Cuba”.

Claro que en el discurso del escritor Cuba no podía faltar. Se trata de una vieja obsesión que se remonta a inicios de los años 70 del pasado siglo, tempranamente advertida por Haydée Santamaría en los días en que Vargas Llosa se desmarcó de la Revolución cubana. Una obsesión que ha ido tocando fondo no solo a lo largo del columnismo del autor replicado en publicaciones españolas y latinoamericanas, sino en las acciones de la Fundación Internacional para la Libertad, donde coincide el novelista con el terrorista de origen cubano Carlos Alberto Montaner.

Todo pasa porque Venezuela le duele a un individuo que pronosticó la inviabilidad democrática del proceso bolivariano y observa, porque a fin de cuentas es inteligente, que sus vaticinios están lejos de cumplirse. En cuanto a Cuba, sencillamente escapa a su comprensión. Debíamos haber sucumbido poco después de la caída del muro de Berlín, pero a Vargas Llosa y compañía le hemos aguado la fiesta.

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