Santiago de Cuba, 500 años

Núcleo primigenio

Jorge Sariol • La Habana, Cuba
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La ciudad de Santiago de Cuba es la segunda ciudad en importancia del país. Las razones son muchas y van entre las principales las históricas, incluidas las arquitectónicas. Y el núcleo primigenio de la ciudad es el sitio que mejor define este aserto: abarca un área de 320 hectáreas y aún muestra una imagen aproximada de lo que fuera a 500 años de su fundación.

Imagen: La Jiribilla

Y no es término devaluado el vocablo “aproximada”. El paso del tiempo —acciones de piratas y efectos de terremotos— y la falta de planes urbanísticos adecuados a la furia de huracanes, han hecho lo suyo en la imagen de la ciudad.

La urbe puede no ser la misma, pero sigue siendo Santiago. Y el centro histórico lo reafirma. En esencia se parece bastante al lugar de hace algo más de 100 años, cuando la norteamericana Irene Aloha Wright lo describía como un lugar con «cierto efecto general debido, según me parece, a una combinación audaz de colores; y como una combinación atractiva de colores, o su contraste, es para los norteamericanos “muy francesa”, a falta de otro termino Santiago parece “afrancesada”».

Imagen: La Jiribilla

Por más que parezca contradictoria y muy “norteamericana” la descripción de la periodista norteña, el centro histórico sigue siendo un sitio donde se combinan audazmente los colores.

Otro visitante anglosajón, de nombre Basil Woon Dillon, notaba que «De cada cinco mujeres que te encuentras en las calles de Santiago, cuatro no son meramente agraciadas: son bellas (…) son también amables; le sonreirán mientras pasa (…) pero hay algo en su sonrisa alegre que tiene un poco pícaro; sentirá  que no se están riendo con usted, si no riéndose de usted».

Tal vez la descripción de Pablo de la Torriente  Brau —no nacido en Santiago, pero santiaguero como el que más— sea menos indulgente, pero, con mucho, más poética y amorosa.

Imagen: La Jiribilla

«Santiago de Cuba es bella y sucia, como una gitana de feria —escribió al regresar después de mucho tiempo fuera y verla un poco descuidada—  (…) Antes cuando yo era un muchacho, morenas viejas con pañuelos de colores de la cabeza, al atardecer ponían un fogón por las esquinas y freían buñuelos y empanadillas de un olor penetrante, remedio decisivo contra la inapetencia.

«Si ninguna ciudad en Cuba posee la rica belleza que Santiago, ninguna tampoco puede aventajarla en interés histórico ».

Los límites actuales del centro histórico, según la más actual distribución urbanística, define un área muy parecida a los tiempos en que la Aloha, Woon Dillon y Pablo observaron con ojos profundos.

La zona se delinea por el Paseo de Martí, al norte; al sur por Trocha —que tiene el poco conocido nombre oficial de  Avenida 24 de Febrero—; al este por el Conjunto Monumental 26 de Julio y al oeste por la hermosa Almeda, aledaña a la bahía. En medio de peculiares y pronunciadas pendientes, este espacio agrupa edificaciones religiosas y laicas, gubernamentales y civiles, en más o menos armonía, que van desde el  período colonial (1515-1898), el período republicano (1898-1958) y algunas adecuaciones viales contemporáneas.

Pero “el centro del centro”, el corazón, lo es el parque Céspedes. Allí se congrega la vida sociocultural de Santiago; están los más peculiares rasgos, que algunos entendidos reseñan como «elementos sorpresa en los recorridos peatonales, al producirse cierres de perspectivas e inflexiones viales».

Imagen: La Jiribilla

Así,  declarado Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978, es punto de convergencia de unas cuantas esquinas y perspectivas.

El parque Céspedes ha sido sucesivamente Plaza de Armas, Plaza Mayor y Plaza de la Constitución, para finalmente y con toda justicia ensalzar como homenaje —en cuerpo entero y sobre pedestal de mármol— a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

Y en derredor se activa la vida santiaguera en forma de edificios,  con

el Ayuntamiento en primer plano —hoy sede del gobierno provincial—inaugurado en 1950,con la obra del maestro Francisco Prat Puig, a partir de proyecciones del siglo XVIII, destinadas a servir de Palacio del Gobernador y que nunca  llegaron a ejecutarse. Desde sus balcones se celebra la tradicional ceremonia de La Bandera los días 31 de diciembre.

En esquina vecina  sigue estando  la secular casa de Diego Velázquez —hoy Museo de Ambiente Histórico— y que según dicen es la casa en pie más antigua de América, construida entre 1516 y 1530,de gruesos muros, dos plantas, con largo balcón frontal en el segundo nivel, con celosía para atenuar la luz solar, que recuerda el modo árabe.Originalmente en el piso bajo se encontraban las oficinas de contratación y el horno de fundición de oro que todavía se conserva; y en el alto, la vivienda. Hoy en sus salas se exhiben muebles y útiles domésticos de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX.

Frente, al otro lado del parque, está la Catedral Metropolitana de Santiago de Cuba. Su construcción terminó en 1526, pero entonces tuvo otra  fachada y a lo largo de 489 años ha tenido que recomponerse cuatro veces —posee el  récord de ser la edificación santiaguera más reconstruida y remodelada— a causa de la acción de corsarios, piratas —años 1666 y 1667—, terremotos (1678, 1766, 1852 y 1932) y ciclones, el último de los cuales,  Sandy, rompió una punta del ala izquierda del arcángel y casi le lleva la trompeta.

Volvamos por un momento a la mirada de Pablo de la Torriente cuando habla del atrio de la Catedral  y cuyo macizo fue socavado para «propiciarle unos cuantos pesos mensuales al Sr. Arzobispo, quien, a cambio de ello, la decoró  un poco quitándole el aire rudo y seco que tenía y que también evocaba el inflexible tesón de aquellos primeros y gloriosos bandoleros castellanos, que importaron  la crueldad a la  bucólica tierra siboney».

Su imagen actual es resultado de modificaciones realizadas por el arquitecto Carlos Segrera en 1922. 

En diagonal está el Hotel Casa Granda y a su lado el vetusto edificio de ambiente cultural que ha servido de  Casa de Cultura Municipal, galería de arte y que fuera abierto hace más de 100 años como Club San Carlos.

Pero, sobre estos edificios volverá más adelante las “Memorias” de La Jiribilla, en esta suerte de serie sobre Santiago de Cuba en sus 500 años.

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