De olvidos, realidades, sueños y deuvedés titiriteros

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Hace como tres años Teatro de Las Estaciones, el grupo de titiriteros que dirijo en Matanzas, desde 1994, participó de la filmación de un DVD sobre el espectáculo Canción para estar contigo, de la autoría dramatúrgica de Norge Espinosa, ganador del Premio Villanueva de la crítica teatral en el año 2011. Protagonizado por la destacada soprano Bárbara Llanes, compositora también de la banda sonora original, el montaje incluye canciones para niños sobre versos de grandes poetas latinoamericanos como Aquiles Nazoa, Amado Nervo y Nicolás Guillén, entre otros, defendidas en la interpretación instrumental por la Orquesta Sinfónica Juvenil del Instituto Superior de Arte de La Habana, bajo la batuta de José Antonio Méndez Padrón. El material audiovisual, fotografiado por el francés Román Lechapellier y dirigido por el joven cineasta Marcel Beltrán para la productora musical nacional Colibrí, aún espera la fecha del anuncio de su lanzamiento ante la prensa.

Imagen: La Jiribilla

Imagino que para ese importante sello musical, esta demora no deba extenderse mucho más, pues la contribución espiritual y cultural de un producto como este al universo de la infancia, se inserta dentro de los requerimientos que se le hacen actualmente al arte cubano, más allá de lo atrayente, acertado o efectivo que puede representar para el mercado un trabajo como este. Escribo la palabra reclamo y pasan por mis recuerdos las composiciones para el teatro de títeres de autores como Marta Valdés, María Álvarez Ríos, Olga de Blanck, Antonio Balboa, Héctor Angulo, Juan Márquez, Juan Piñera, Alberto Anido, Noel Gorgoy, Matilde Calderius, Raúl Valdés y Elvira Santiago, por solo citar algunos nombres ilustres en ese campo, creadores ajenos, por circunstancias de tiempo y otros soles y bemoles, al mencionado formato del DVD.

Imagen: La Jiribilla

Si se habla de títeres, música y registros audiovisuales modernos, no puedo dejar de pensar en la revolución que produjo el maestro Jim Henson con sus mundialmente  aplaudidos Muppets en el ámbito de la pantalla chica y posteriormente de la gran pantalla. Su programa Sesame Street (Calle Sésamo), estrenado a finales de 1969, en los EE.UU. fue una serie de televisión educativa ideada para los más pequeños, que combinaba muñecos, conocimientos, música y entretenimiento, lo cual atrajo finalmente a un público de todas las edades.

La serie presentaba un tipo de títere realizado en tela y otros materiales, que permitían una flexibilidad y vitalidad en los movimientos nunca antes alcanzada en vivo delante de una cámara. La presencia del titiritero desplazada del campo visual del televidente constituyó una innovación para el medio. Esta  invención ha sido utilizada desde entonces por muchos titiriteros de todo el planeta, algunos han realizado variaciones estéticas en sus figuras y otros han copiado al dedillo el simpático diseño de los inolvidables personajes.

Imagen: La Jiribilla

Por aquellos mismos años y sin ninguna influencia de las maravillosas creaciones de Henson, los títeres también triunfaban en nuestra televisión, algo que ya sucedía a nivel nacional desde los años 50. Personajes como Amigo o el recordado conjunto musical Los Yoyos, ofrecían en los diferentes programas canciones grabadas por la mismísima  Orquesta del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión, con el apoyo de prestigiosos actores, intérpretes, instrumentistas y compositores, entre estos se destacó el dúo compuesto por Enriqueta Almanza y Celia Torriente, ambas personalidades tan entrañables como fundamentales si de títeres, música y televisión en nuestra patria se habla.

Nada de aquellos programas y series con figuras y música quedó como material para un DVD. Más que productos televisivos fundamentados pedagógicamente, o con esos mensajes educativos que a veces rayan en lo obvio, lo manido y lo seudoartístico, aquellos y muchísimos más títeres nacidos de la imaginación de grandes diseñadores del retablo como Pepe Camejo o Gastón Joya, poseían una fantasía ciento por ciento cubana, sustentada no solo por el talento e historial de sus realizadores, sino por ese afán de viajar a la esencia de nuestra sonoridad, colores e idiosincrasia para ponerlas al servicio de los más pequeños de la familia, sin ningún afán lucrativo.

Nuestras principales disqueras no deberían ver un producto con títeres y música como algo desacostumbrado en sus terrenos creativos. La herencia dejada por Amigo, Tía Tata cuenta cuentos, Pepe Pan, Los Yoyos y tantos títeres cubanísimos en el movimiento de teatro de títeres del país y en la propia televisión del patio es tan inmensa como desconocida. Rescatarla y promocionarla no llenaría solo de orgullo a nuestras disqueras por tan noble y justa labor, sino que posibilitarían la salvaguarda, conocimiento y comercialización en las redes de tiendas de todo el país de un verdadero y auténtico tesoro.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato