Así lo contaron ellos

Leyda Machado Oramas • La Habana, Cuba

Durante más de seis semanas los profesores argentinos Jorgelina Di Iorio y Nicolás Codesido inundaron los espacios del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau con el saber y la magia de los niños, los invitaron a tomar la palabra, a que se la apropiaran y la reinventaran, porque siguiendo la propia idea del proyecto que implementaron en este centro, “pronunciar la palabra es pronunciar el mundo, lo que significa también transformarlo”.

A partir del taller de comunicación popular Así lo contamos nosotros, que devino escenario ideal para la construcción de contenidos y materiales radiales con niños de la capital y otras provincias de la Isla, Jorgelina y Nicolás pusieron en práctica su propuesta de introducir a los niños en el trabajo radial para que a su vez eso se convirtiera en una oportunidad para contar sus historias e intereses cotidianos.

Primero en la Comunidad de las Terrazas, en Artemisa ―pasando antes por una prueba piloto en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana―, los docentes realizaron allá la primera experiencia del proyecto entre el 16 y el 20 de febrero con un grupo de niños de la enseñanza primaria. La realización del spot El amor y  la radionovela La bella Griselda, basada en un cuento de la escritora argentina Isol, autora de libros-álbum infantiles en los que las historias se cuentan a la vez con palabras e ilustraciones, constituye una muestra del trabajo realizado por los niños y los educadores en esa comunidad.

Según Jor y Nico ―como cariñosamente le dijeron siempre los estudiantes a sus profes argentinos―, bajo los principios de la educación popular, la participación como un método y un valor y el juego como base de la construcción colectiva de conocimientos, los niños crearon contenidos sobre temas que ellos mismos delimitaron.

“Tanto la pedagogía freiriana, ―explica Jorgelina― donde todos enseñamos y aprendemos algo y donde los lugares de quien tiene el saber van cambiando en función de lo que vaya aconteciendo, como el principio de la participación, que tiene que ver con ubicarnos como adultos en sujetos activos, pero donde el que sabe sobre su vida cotidiana es el propio niño; y por último la utilización del juego como modo propio de hacer de los niños que permite fomentar la capacidad de imaginación, nos permitió crear un espacio de trabajo conjunto, de intercambio y ampliación de los horizontes culturales, nuestros y de ellos”.

Asimismo Nico agrega que si bien utilizaron la radio como herramienta fundamental para la producción de contenidos, “la forma en que fuimos construyendo el programa fue siempre a partir del juego y el acercamiento a diferentes propuestas artísticas como el teatro o las artes plásticas, para propiciar que los chicos se liberaran y pudieran ir estableciendo la ruta por la que fuéramos trabajando y andando”.

Después de la experiencia en Las Terrazas, la segunda parte del proyecto se desarrolló entre el 23 de febrero y el 6 de marzo pasado, justamente en los espacios el Centro Pablo, organización auspiciadora de esta experiencia en Cuba. Con los niños del 6° 2 de la Escuela Ángela Landa, de La Habana Vieja, se desarrolló la jornada más larga de este taller que permitió presentar luego en dos momentos distintos los productos comunicativos realizados en un programa de radio abierto a la comunidad, preparado y conducido por los propios estudiantes.

Luego, con el apoyo de la Casa Cofradía en Trinidad ―y de los músicos Lía y Pachy― continuó extendiéndose hacia el centro de la Isla esta propuesta de comunicación popular. Con niños de quinto y sexto grado de la escuela Eduardo García Delgado, localizada en el centro histórico de aquella ciudad, se realizó entre el 9 y el 13 de marzo la última jornada del taller que se centró esa vez en la producción de algunos spots que permitieran abordar problemáticas como el cuidado del medio ambiente y las relaciones interpersonales entre niños y adultos y entre los padres, como es el caso de los titulados Cada cosa en su lugar, No juguemos con el agua y Nadie es perfecto.

Cada uno de estos ciclos en Artemisa, Trinidad y La Habana, concluyó con una muestra de cierre pensada como un programa de radio abierto a la comunidad realizado por y para los niños, donde se presentaron los contenidos elaborados en el taller y se realizaron entrevistas a personas implicadas en el proyecto.

Así, en cada uno de los lugares, los infantes fueron definiendo los contenidos que querían abordar y prepararon un guion estructurado por bloques temáticos, donde tenía espacio los diferentes elementos y géneros de la radio como la música, la conducción del locutor, los reportes en vivo, los spots y el noticiero, este último representado en unos graciosos materiales de imposibles o descabelladas noticias.

Salpicados de risas y con el ingenio y el espíritu fresco que caracteriza a los niños, estos programas de radio sirvieron para confirmar frente a todos el lema que construyeron para el proyecto: “Nosotros contamos las cosas diferentes a los demás… Así lo contamos nosotros”.

Oscar, uno de los niños del 6° 2 de la Escuela Ángela Landa y locutor de la radio abierta que tuvo lugar en el Centro Pablo, contó su visión del taller: “Aprendimos muchas cosas por si queremos en el futuro formar parte de la radio y dedicarnos a informar a la gente como hacen los periodistas”.  

Por su parte, Ana Rosa, profesora guía de los niños de la escuela, comentó también sobre la importancia de este taller para sus aprendizajes: “Considero esencial el hecho de que ellos se hayan hecho responsables de un trabajo como el que han realizado, porque los acerca a un medio que influye mucho en su desarrollo posterior para cualquier otro tipo de actividades, no solamente sobre la locución o el periodismo, sino también para perfeccionar y desarrollar su modo de expresarse”.

Efectivamente la experiencia de hacer un programa de radio le permitió a los más pequeños extender las fronteras del programa escolar y dedicarse a una actividad en la que tenían total libertad para decir o preguntar lo que quisieran: “Como siempre el trabajo lo hacíamos en el marco de la escuela ―explica Nico―, una de las premisas que teníamos clara era que debíamos tratar de correr de alguna manera la disciplina escolar en nuestro espacio; lograr que los chicos jugaran porque en ese juego aparecerían los insumos que íbamos a tomar luego para producir los contenidos. A partir de eso quedó un producto hecho por ellos que además es interesante y fresco, porque son niños hablando”.

A pesar de no ser periodistas, sino docentes, educadores populares, Jorgelina explica que utilizaron la radio porque