El Imago Mundi de la revista
Negra Nro. 11

Antonio Enrique González • La Habana, Cuba

Cual insaciable agujero negro, la revista Negra, a casi dos años de emergido a la luz su primer número, siempre en el seno de la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana (EFCH), sigue siendo capaz de absorber grandes cantidades de información, criterios, testimonios e imágenes sobre el arte fotográfico cubano, cocerlo en su interior, sintetizarlo, y devolverlo a sus diversos lectores como dadivoso Agujero Blanco, bajo la luz de una nueva dimensión.

Sus páginas digitales, cuyo diseño clama por arribar a la impresión —romántico propósito en esta Sociedad de la Información, pero aún necesaria para alimentar sobre todo nuestro sentido del tacto— resultan suerte de imagoteca y biblioteca cuyas muy diversas secciones en que se ve subdividida con el entusiasmo de un taxonomista antiguo, albergan segmentos de un panorámico espectro donde dialogan pasados y presentes de la fotografía; cubanos y foráneos; artistas, críticos, investigadores y profesores, conceptos y conceptos; estéticas y estéticas.

Así, en este nuevo número, cuarto en el que tengo la posibilidad de incursionar con mis textos de apasionado de la fotografía y su cosmos, se conjugan polos tan diversos y divergentes como la obra de Rodney Batista, indagación para muchos incordiante, en las posibilidades expresivas de los cadáveres humanos y sus laberintos (DOSSIER: Una liebre en el agujero del tropo, por Laura Beatriz Álvarez pp. 4-13), y como el desempeño en la fotografía de sino comercial e ilustrativa del profesional mexicano Enrique Urquiza (REVELADO: “Que la fotografía nos llene, nos toque, nos desgarre…”, por Oneidys Hernández pp. 32-35)

No es lo mismo que dos newyorkers como Witkin y Serrano discursen a partir de cuerpos inertes en franco desafío a los atávicos tabúes y el más empoderado kitsch, que un cubano, en Cuba, desarrolle su obra a partir de recombinaciones y redimensionamientos de los cadáveres, a salvo de cualquier enfermizo morbo, y establezca un lúcido —a veces hasta tierno y jocoso— diálogo con la Señora Muerte. De cultura funeraria y plañidera, el oriundo de la Isla rehúye con superstición casi aborigen el contacto con el cuerpo en desintegración, en pleno proceso de retorno a la matriz universal que lo engendró. Batista atestigua esto y aprovecha estos últimos momentos de manifestación material del cuerpo desechado para reivindicar sus valores líricos y simbólicos. La revista Negra también coadyuva consecuentemente a esta postura, haciendo de Batista eje y provocadora portada del número de marras.

En medio de los dos “extremos” referidos, se halla la sardónica y aguda propuesta fotográfica de Leonel Fernández, a quien se le da la bienvenida en la sección NOVELES (De artilugios y veneraciones. El cuerpo desnudo en la fotografía de Leonel Fernández por Yenny Hernández pp. 52-58). Apela el artista a la sublimación del cuerpo femenino como pináculo erógeno de la visualidad en sentido general, sus consabidas estereotipación y objetualización rayanas en lo grotesco del puro fantoche. Resultan sus piezas un rejuego deserotizante a partir de los propios elementos e íconos empleados previamente para “erotizar” a ultranza a la mujer.

El cuerpo, asumido por Batista y Fernández, da paso al paisaje, al cosmos extra corporal, en el segmento FOTO A FOTO, que entre las páginas 66 y 85, acoge el fotorreportaje Tras la ruta del chocolate en Cuba, de Juan Manuel de la Cruz (con texto de Julienne López), quien ofrece su colorista testimonio iconográfico a los National Geographic, de las ruinas del poblado de Hershey, utópica comunidad de inicios del siglo XX, famosa por proveer azúcar para el chocolate homónimo estadounidense y el tren eléctrico que pervive hasta el presente.

De LA TENDERA (segmento dedicado a reproducir exposiciones completas) pende esta vez entre las páginas 86 y 99 la colectiva Espejismos, homenaje visual a Gabriel García Márquez que no busca en su generalidad “graficar” obras del escritor, sino más bien transitar junto a él por los equívocos senderos crepusculares donde realidad y maravilla se diluyen.   

El pasado tiene otro lugar en la sección CAJA DE LUZ, donde Isdanny Morales se adentra en los estudios de representación y análisis del discurso en su artículo ensayístico Donde habita el subterfugio: la imagen del líder en la fotografía cubana de los 60 (pp. 22-26). La fortuita entrega por mi parte del artículo El niño de la banderita ataca de nuevo. Breves apuntes sobre el fotorreporterismo político cubano (p. 27), que encabeza la sección FOTOMANÍA, favoreció su yuxtaposición al texto de Morales para establecer cierto diálogo entre el “fue” y el “es”.

De noticiario ampliado sirve también la revista Negra, con esta sección de FOTOMANÍA (donde por mi oficio periodístico han sido más recurrentes mis trabajos), que acoge reseñas de algunas de las muestras más significativas del bimestre compendiado. Carlos Gámez indaga los motivos e iconografías de la expo War Hero, inaugurada por Jorge Otero en la Galería Habana (El guajiro de Otero becomes a war hero pp. 28 y 29), yuxtapuesto con las elucubraciones de sino postcrítico que desarrolla Jamila Medina sobre la propuesta En la carpintería, de Ailen Maleta (De pez serrucho a pájara carpintera pp. 29 y 30), montada en La pared negra, de Fábrica de Arte Cubano (F.A.C). Digno de una obra de Vargas Llosa sería perseguir el hilo de los multitudinarios Diálogos acogidos por el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate, con obras de 28 jóvenes fotógrafos, sobre los cuales reflexiona brevemente Claudio Sotolongo (El ejercicio del criterio. Diálogos 28 p. 31).

Educativa pero nunca didactista, la publicación busca mostrar a sus lectores, entre lo que se priorizan el propio alumnado de la EFCH, requerido siempre de conocimiento sobre las innúmeras aristas y dimensiones de la fotografía. Por eso decidí proponer para sus páginas el intento de ensayo La belleza inmóvil: apuntes sobre la fotoanimación en el audiovisual cubano (CAJA DE LUZ pp. 14-21), donde busco sistematizar este campo, tan singular en su hibridez técnica, como prolífico para el documental cubano de los Sesenta (Bernabé Hernández, Santiago Álvarez, Nicolás Guillén Landrián), que es nuevamente asumido por creadores del presente como Ricardo Figueredo (Operación Alpha) y Alejandro Alonso (Velas) desde nuevas perspectivas y significativo reconocimiento nacional e internacional.

Complementan los discursos más teórico-críticos los siempre necesarios artículos de guisa técnica: Photoshop avanzado para fotógrafos. Adobe Cámara Raw (I) (LA CLASE pp. 44-50), clasificación y agrupamiento de las fotografías y Nikon D750. La nueva propuesta de Nikon para el mercado profesional (ambos en f1 pp. 60-65), todos de la autoría de Tomás Inda Barrera, director y profesor de la EFCH.

  La fotografía de Raciel Ponce encarna en el casi epilogar poema En escena, de Soleida Ríos (pp.100 y101), donde lo visual transmuta en palabras, que a la vez generan nuevas imágenes en la percepción del lector. Una pincelada humorística, a cargo de Jamler en la contraportada…

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