Dialogando con Marcos Menéndez

¿Una entrevista más?

Antonio Enrique González • La Habana, Cuba

Lo bueno, si breve, dos veces mejor, reza el proverbio, que se confirma y reafirma una vez más en la obra del joven realizador cubano Marcos Menéndez, quien expresa sus ideas mediante sintéticas obras animadas como La prisión, Lluvia de estrellas y Bienvenido al cielo, identificadas bajo el sello de Kemadera Producciones. La más reciente de sus propuestas, intitulada Un día más, triunfó recientemente en la categoría de Animación de la 14ta. Muestra Joven del ICAIC, como suerte de retorno triunfal tras un afortunado periplo por certámenes y eventos internacionales; fue igualmente galardonada en el Notodofilm Fest 2014, de España, con participaciones en el festicine de Samán, en Colombia y el Maipú Cortos, de Argentina.

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, la obra de Menéndez ya era (re)conocida con anterioridad en la competición española. “Participé por primera vez en 2011 con Lluvia de estrellas”, comentó a La Jiribilla, “y se coló en una categoría que le venía como anillo al dedo: La importancia de las estrellas. Y ahí tuve una nominación y se quedó con una Mención Especial. El Notodofilm Fest abre muchas puertas pues es una plataforma de lanzamiento, y después de ahí los trabajos que quedan finalistas, los nominados y premiados, se mueven por muchos festivales. Ellos mismos se encargan de eso. Tienen una atención especial con América Latina. Hay una sección sólo para cortos latinoamericanos. A raíz de la Mención Especial de Lluvia…, pude asistir en el mismo año al festival Anima, en Córdoba, Argentina. Pero fui con La prisión. Fue un festival increíble. Cuando me vi ahí, no lo podía creer. Me pellizcaba. Tuvo buena aceptación…un corto que hice en la sala de mi casa; se proyectó en varias ocasiones, las personas se acercaban a mí, me entrevistaron para la televisión, salió en canales de You Tube. Verdad que uno se subestima...”

Marcos viene a ser uno de los creadores que trascienden las fronteras geográficas de la nación, en pos de confrontar e impactar en otras zonas culturales del mundo: “Yo hago cine desde Puerto Padre, Las Tunas, un lugar que está bastante lejos de La Habana. Como dice un buen amigo mío escritor, Frank Castell: `vivimos en un lugar lejos de Cuba y cerca del mundo´. A veces es más fácil dar clic que entregarle un DVD a una persona para que se monte en una guagua y te haga el favor de entregárselo a otra que la esperará en la terminal, para que te lo lleve entonces a una institución. Es lo complejo de las cosas. De todas maneras, cada vez que me dicen que en la capital hay una proyección de mi obra, aunque eso implique gastos, pasar trabajo en una guagua, yo trato de viajar. Aprovecho la Muestra para venir a La Habana, y siempre que tengo una oportunidad para presentar mis trabajos, me llego.”  

Además de la referida síntesis, otro rasgo distintivo de la obra de quien labora como editor del telecentro de Puerto Padre, es su diálogo con el público adulto, a partir de la estrecha relación con sus preocupaciones y estados más íntimos del ser. “Todas las obras están comprometidas conmigo mismo”, explica. “La prisión era una reflexión sobre la libertad. Me parece que de tanta libertad estoy preso. Lluvia de estrellas...pues yo tengo algo raro con las estrellas, me conceden los deseos y se lo debía. También me importa mucho el tema de la ecología…

Imagen: La Jiribilla

Un día más viene de encuentros cercanos que tuve últimamente con la muerte. En años pasados murió mi abuelo, mi abuela...un primo mío también. Eso fue un poco antes, pero todo se acumula. Y creo que le debía a la rutina y a la muerte. Hice una reflexión con eso. También tengo personas cercanas a quienes les afectó la muerte muy de cerca...Como que se estaba burlando de nosotros, y yo dije: me voy a burlar de ella de la manera que sé, dedicándole un corto. Por ahí vino Un día más”.

Por las puras ironías y sorpresas del destino, el hado, el karma o como quiera nombrársele, Un día más, hasta ahora la obra más exitosa de Marcos, y de mayor calibre ideoestético, fue además “un corto emergente”, según me confesó, “porque el 2013 se me estaba yendo, no había hecho nada. El último fue en 2012: Bienvenidos al cielo, el de 2013 iba a ser supuestamente El pescador de arcoíris, pero este proyecto se dilató demasiado y empecé a trabajar en Un día más desde finales de ese año y lo terminé en los primeros meses de 2014...

“Hace más de dos años que estoy trabajando en El pescador… Yo soy un ‘pesao’ (RISAS), ya te habrás dado cuenta que mis temas están un poco raros. Entonces, este corto es la historia de un hombre que pierde la familia, en una ciudad devastada por un accidente que todavía no he definido. El guion ya está terminado pero todavía tiene lagunas. Quiero que sea más extenso; va a pasar de los tres minutos. Debe tener siete, aproximadamente. Va a ser con la estética que manejé en Un día más, donde logré lo que quería hace rato: usar personajes minimalistas pero con fondos más trabajados. Aunque no quiero dejar el minimalismo, pues lo descubrí por las necesidades de producción rápida que tenía, pero encontré en él la máxima expresión de mi obra. Me gusta usar el 3D, pero siempre desde el minimalismo. Me gusta, me identifico mucho más con eso. Creo que el poder de expresión de la línea, o sea la síntesis, lo mismo en tiempo que en estética, tiene un mérito más allá del facilismo”.   

Una vez más, el azar trazó la pauta para el quehacer de Marcos, pues sus signos autorales distintivos fueron asumidos en un inicio, como ya dijo, por    “las mismas necesidades de producción. Yo comencé trabajando en spots para la televisión. Creo que eso me dio las herramientas necesarias para poder resumir una historia en tiempos de tres minutos y medio. Me queda muy cómodo. Mi computadora ni siquiera es una máquina de escritorio, es una laptop, y esto me pone frenos. Si quisiera hacer una obra grande demandaría más recursos.

“Yo tengo miedo con la laptop que tengo ahora, pues me duran tres cortos. Después, se van… La actual ya va por cuatro, así que está rompiendo el record. La duración me la impone también la necesidad, pues tras exportar todas las escenas, e importarlas al AVI, que es donde yo trabajo, todo eso lleva un nivel de recursos y tiempo que si me extiendo se hace más complejo. Así y todo, trato de producir un corto al año”.

Menéndez es confeso admirador del cine silente, donde “todo tiene que estar respaldado por el plano que te cuenta la historia. Me parece que eso te lleva  a hacer una búsqueda un poco más profunda sobre qué va a decir el plano, dónde acomodas la cámara, qué hace el personaje, qué se ve en ese plano. Hasta ahora no he hecho nada con diálogos, y utilizo pocos efectos de sonido. Pero, una vez más, la necesidad: “es muy complejo, estando en Puerto Padre, buscar actores para que hagan diálogos. El pescador... tampoco tendrá diálogos, y va a ser de un silencio tan total, casi como Un día más, que tuvo un trabajo fuerte con el sonido, aunque parezca que no. Yo me levanté un día, puse el despertador a las dos de la madrugada para grabar todos los sonidos del baño, porque no podía hacerlo donde hubiera ruido. Grabé el sonido de la campana, del elevador, de la guagua, el sonido de los pasos, todo con mi celular, luego con un efecto de depurado y filtrado...”

Silencio, síntesis, brevedad, ingenio, ironía, óptimas habilidades narrativas y profundidad de discurso caracterizan la obra de Marcos Menéndez, uno de los creadores audiovisuales más interesantes de la contemporaneidad cubana. La cantidad escasa de sus obras y el breve lapso de tiempo invertido en su recepción, se ven compensados con creces por la traza honda que deja en la preceptiva de los espectadores. Provocador, incordiante… 

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