Racismo hoy en EE.UU.

Quién será la próxima víctima

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

La difusión apenas unas horas después del video que muestra el asesinato a sangre fría del ciudadano de piel negra Walter Scott, baleado ocho veces por el agente policial de piel blanca Michael T. Slager, el sábado 4 de abril en North Charleston, Carolina del Sur, no solo puso en evidencia la persistencia de la violencia racial por parte de las fuerzas del orden en Estados Unidos, sino llevaron a muchos a preguntarse quién será la próxima víctima.

Resulta pertinente la interrogante cuando se tiene a mano la cronología de sucesos de idéntico cariz en el último año. El 17 de julio de 2014, Eric Garner resultó asfixiado por agentes neoyorquinos que pretendían en plena calle que el vendedor afronorteamericano admitiese la venta de cigarros de contrabando. Un video tomado por un celular registró la escena y las agónicas palabras de Garner: “¡Me estoy ahogando!”

El 9 de agosto siguiente tocó el turno a Michael Brown, un jovencito de 18 años, residente en la ciudad de Ferguson, Missouri. Su asesinato provocó un estallido de protestas en esa localidad, muy pronto extendido a decenas de ciudades norteamericanas, las cuales tuvieron una segunda vuelta mucho más beligerante cuando meses después las autoridades judiciales exoneraron de cargos al comisor del homicidio, el policía blanco Darren Wilson.

Dos días después de ser ultimado Brown, Ezell Ford, de 25 años, recibió de una patrulla disparos mortales en Los Ángeles. Era un joven esquizofrénico que manifestaba públicamente los síntomas de la enfermedad. Mientras alucinaba y lanzaba improperios a personajes imaginarios, la mejor manera de reducirlo fue metiéndole dos balas en el pecho. El hecho permaneció en las sombras hasta que la familia interpuso una demanda diluida en un limbo legal.

Al menos el policía Peter Liang tendrá que comparecer ante una corte —eso sí, bajo un cargo de menor entidad—, por haber matado, dice que por accidente debido a la mala iluminación, a Akai Gunley, un padre de familia de 28 años, en las escaleras del edificio de Brooklyn donde moraba.

El 22 de noviembre, Cleveland se estremeció con la noticia de que un niño de 12 años, Tamir Rice, murió por el impacto de un proyectil en la cabeza por usar una pistola de juguete en un parque. Los policías se taparon bajo el pretexto de que a primera vista no podían precisar si el arma portada por Tamir era verdadera o falsa. El suceso destapó un crimen similar cometido también por agentes policiales de Cleveland en agosto, quienes respondieron a una maliciosa llamada de emergencia desde un supermercado donde John Crawford revisaba la compra de un arma de goma para su hijo.

Llegó 2015 y el 6 de marzo Tony Terrel Robinson muere en Madison en medio de una confusa acción policial, a escasas horas de que se conmemorara el 50 aniversario de la masacre de Selma.

El 9 de marzo Anthony Hill, otro paciente psiquiátrico, fallece a consecuencia de un disparo en Georgia. El policía de gatillo alegre que lo mató adujo que el hombre lo había agredido. Hill estaba desarmado.

Ahora en North Charleston las autoridades locales quieren salir rápido de un asunto que manejaron sospechosamente con bajo perfil en un inicio. Cuando Scott cayó el sábado 4 de abril, la división policial dio por buena la historia del asesino: la víctima se había dado a la fuga luego de que el agente lo detuvo por transitar con un farol defectuoso del auto. Y antes de echar a correr, había arrebatado al policía la taser, arma eléctrica paralizante. El video incriminador, difundido el martes 7 de abril, arruinó la versión justificatoria. Se ve a las claras cómo Slager dispara ocho veces contra un hombre aterrorizado.

El sueño de Luther King no acaba de cumplirse en Estados Unidos.

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