El asesino y el lacayo

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

La foto que acompaña esta nota es elocuente. A la izquierda, un Félix Rodríguez  Mendigutía sonriente le da una palmada cariñosa a Jorge Luis García Pérez, alias Antúnez, quien exhibe como trofeo la instantánea donde el primero, 47 años atrás en La Higuera, Bolivia, se dispone a ejecutar la orden de asesinar a un Che Guevara indefenso.

Imagen: La Jiribilla

Impúdicamente el propio Rodríguez lo ha contado: Mandé a Terán que efectuara la orden. Le dije que debía dispararle (al Che) bajo el cuello ya que así podríamos probar que había sido muerto en combate. Terán pidió un fusil y entró a la sala con dos soldados: Cuando escuché los disparos anoté en mi cuaderno 1:10 p.m., 9 de octubre de 1967. Mario Terán —ese “soldadito boliviano” armado  por “un rifle americano”, como lo describió Nicolás Guillén— fue entonces el lacayo.

Antúnez, gustosamente, ocupa ahora ese puesto. No le importa el currículo de su socio, ni que en el fondo de la imagen del encuentro esté como telón de fondo el emblema de la horda mercenaria derrotada en Playa Girón. El gesto de Antúnez testimonia su admiración por un sujeto que en el mismo 1959 militó en la llamada Legión Anticomunista del Caribe, patrocinada por el sátrapa dominicano Rafael Leónidas Trujillo, donde fue reclutado por la CIA. En su palmarés, además de su colaboración con las fuerzas represivas del general boliviano René Barrientos, este soldado de fortuna blasona de sus misiones criminales durante la agresión norteamericana contra Vietnam, y fue pública y notoria su participación en el escándalo Irán–contra. No se esconde para exhibir su concubinato delictivo con Luis Posada Carrles y cuenta con la bendición de George Bush padre, una comprometida amistad de larga data.

No es casual por tanto que el asesino (Rodríguez) y el lacayo (Antúnez) coincidan este abril en Panamá, como parte del proyecto urdido por los servicios de inteligencia norteamericanos y las organizaciones de la mafia anticubana basificada en el sur de la Florida, para torpedear la participación de los legítimos representantes de la sociedad civil cubana en los foros paralelos a la Cumbre de las Américas.

A Antúnez se le vio entre quienes pretendieron mancillar el busto de José Martí erigido en el parque Porras, muy cerca de la Embajada de Cuba en Panamá, y recibió allí el contundente repudio de panameños solidarios y cubanos de ley.

Rodríguez y Antúnez se presentan en el istmo como corifeos de un espectáculo mediático que se ha dado en llamar simposio por la unidad cubana, al que concurren entre otros personajes como el inefable excongresista Lincoln Díaz Balart y Orlando Gutiérrez Boronat, manejador del club miamense Directorio Democrático Cubano y quien, según se dio a conocer en 2009, recibió de agencias gubernamentales norteamericanas la friolera de tres millones y medio de dólares para promover huelgas de hambre entre los sancionados por delitos contra la seguridad del Estado.

¿Tendrán vergüenza quiénes se atrevan a acreditar a tales especímenes como representantes de la sociedad cubana?

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