Una revista inspirada en la obra de José Martí: La Revista Martiniana

Cira Romero • La Habana, Cuba

Como ha apuntado Luis Toledo Sande,

“[l]a presencia de José Martí en el período que para las letras y la vida del país se inició en 1923 y se extendió hasta 1958, inclusive, no fue una irrupción casual, como tampoco lo fue en los años precedentes y no lo ha sido ni será en los posteriores. […] Pronto aparecieron publicaciones periódicas o eventos dedicados por entero a la valoración de ese tesoro [su legado, su tratamiento directo como tema]. Todo ello en una cantidad cuyas referencias bibliográficas bastan para advertiré la imposibilidad de un abordaje que aspirara siquiera a rozar lo exhaustivo.

Baste citar las Glosas al pensamiento martiano (1926), de Julio Antonio Mella, donde afirmó el líder estudiantil: “Martí —su obra— necesita un crítico serio, desvinculado de los intereses de la burguesía cubana, ya retardataria, que diga el valor de su obra revolucionaria considerándolo en el momento histórico en que actuó”; o el Novísimo retrato de José Martí (1928), del joven marxista José Antonio Foncueva, quien lo presentó como un dirigente que “amaba intensamente a los obreros, porque él era un obrero también” y “prefería por leal y sana la mano callosa del trabajador a la mano ensortijada del holgazán opulento”. Igualmente otros intelectuales como Emilio Roig de Leuschenring dieron a conocer textos relacionados con el quehacer del Cubano Mayor y más adelante en el tiempo figuras como Carlos Rafael Rodríguez y José Antonio Portuondo darían contribuciones sustanciales  para una mejor comprensión de las ideas martianas. El artículo del primero, José Martí, guía de su tiempo y anticipador del nuestro (1953) y del segundo su José Martí, crítico literario, de igual año de aparición, dan cuenta de nuevas miradas acerca de su extraordinaria dimensión como hombre revolucionario y como intelectual. Fueron visiones aportadoras, lejanas a aquellas de ver a Martí inscrito en una especie de martirologio (José Martí, el santo de América, de Luis Rodríguez Embil, de 1941, sería uno de los ejemplos posibles). Por su parte Jorge Mañach, con su discutida pero imprescindible biografía Martí, el apóstol (1933), se inscribe también entre los mejores empeños de aquellos años.

Pero volviendo a los años veinte, en octubre de 1921 vio la luz la Revista Martiniana, dedicada al estudio de la vida y la obra del Primer Cubano. En dicho número se señalaba:

Inicia su publicación este periódico consagrado de manera exclusiva a honrar la memoria de Martí, insertando en sus páginas algo de lo mucho inédito que de él se conserva, especialmente su correspondencia.

Y concluye:

Y como no se funda esta revista persiguiendo medro material ni siquiera renombre y aplauso para alguien, la publicación aparecerá anónima, ostentando solo las firmas de quienes la enaltezcan con sus producciones o de quienes cedan, con generosidad loable, sus documentos y colecciones.

Por lo expuesto no se expresaba el nombre de su director, aunque se deduce que fue Arturo R. de Carricarte (1880-1948), según una carta dirigida a su nombre y como director de la revista —publicada en uno de sus números— y firmada por José M. Cortina, Secretario de la Presidencia de la República. Carricarte había ocupado cargos en el cuerpo diplomático y fue galardonado en Cuba con el Gran Premio de Literatura (1913-1914) de la Academia Nacional de Artes y Letras por su novela Historia de un vencido. El Ñáñigo. Desempeñó cargos en la Secretaría de educación y en el Senado y fundó, en 1920, la Biblioteca Municipal de La Habana, que dirigió hasta 1931, y estuvo al frente del Museo José Martí. Dirigió con anterioridad varias revistas como Helios y El Mundo Artístico y colaboró en numerosos periódicos, como El Triunfo, cuyos editoriales escribió durante doce años. A él se debe, entre otros libros, una Iconografía de José Martí (1925) y Lo que dice y lo que no dice el Manifiesto de Montecristi (1940).

La Revista Martiniana publicó cartas de Martí y documentos relativos al Apóstol (partida de su nacimiento, expediente académico), honores que se le brindaban, así como un inventario de objetos en relación con Martí o pertenecientes a él. Publicó además sus versos, así como trabajos sobre su vida y pensamiento debidos a Fernando Figueredo, Antonio Iraizoz y Sotero Figueroa, entre otros. Reseñó las bases y los resultados de diversos concursos y premios provinciales y nacionales acerca de Martí. Aunque la revista fue bastante irregular en sus salidas se extendió, al parecer, hasta septiembre de 1927.

El empeño de crear y sostener una revista dedicada solamente a divulgar la obra del Maestro, así como su estudio, es único en la historia de Cuba. Solamente por el amor que su figura despliega puede explicarse en la constancia de Carricarte y sus colaboradores, y si bien tuvo una existencia fluctuante, se inscribe entre los buenos propósitos que a partir de los años veinte comenzaron a cuajar para poner a disposición del público el quehacer de este hombre ejemplar.

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