La gustosa deuda que tenemos con Galeano

Ambrosio Fornet • La Habana, Cuba
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Más de veinte años después de aquella Cumbre de las Américas en que Chávez le obsequiara a Obama un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina como quien ofrece las claves de un misterio, ¿todavía el drama sigue vigente? ¿O nos hallamos ya en ese momento de nuestra historia en que, como hubiera querido Galeano, las cosas son tan distintas que su libro bien pudiera exhibirse en un museo de antropología, junto a las momias egipcias?

Imagen: La Jiribilla

Releo ahora párrafos suyos, tomados de aquí y de allá, y me doy cuenta de que en su caso es muy difícil, o mejor dicho imposible, valorar cosas como la actualidad de un texto basándose en el paso del tiempo, porque los asuntos que él trata suelen ser abordados y desarrollados de forma tal que siempre mantienen su frescura, su vigencia.

Como en los cuentos infantiles, hay algo mágico en esa manera tan suya de empezar sus textos diciendo: escucha un momento, que voy a contarte algo que te va a interesar.

Ya sabemos que esa tramposa habilidad viene de la tradición —la tradición de los griots, de los cuenteros, de los locuaces clientes de café que tanto le aportaron a Galeano en sus mocedades, aquellos años en que todavía “había tiempo para perder el tiempo”— pero también de la exigencia profesional, del esfuerzo permanente (ha recordado cómo un día Juan Rulfo, indicándole los dos extremos de un lápiz, le impartió una lección suprema: “No se escribe con esto (la punta), sino con esto (la goma de borrar)”.

Como en los cuentos infantiles, hay algo mágico en esa manera tan suya de empezar sus textos diciendo: escucha un momento, que voy a contarte algo que te va a interesar.

Uno se sentía tentado a preguntarse si la fascinación que ejercía Galeano sobre sus públicos en aquellas inolvidables lecturas de pasajes de Memoria del fuego o de Espejos que tuve el privilegio de escuchar en Casa de las Américas —y subrayo lo de “privilegio”: un montón de muchachos se quedó fuera, sin poder subir, simplemente porque ya no cabía en el enorme salón del tercer piso— si esa fascinación, repito, se basaba en la pieza o en el actor que la interpretaba. ¡Qué tontería! Texto e intérprete eran una unidad indivisible: nadie en este mundo hubiera podido dar a los pasajes que leía le modulación, los matices, las pausas con que Galeano enriquecía el abigarrado universo  de sus propios textos.

Encontraba la manera de trasmitir las cosas más diversas y profundas como experiencias personales, en la lengua de todos los días y en un tono en el que siempre subyacía la invitación al diálogo. No se cansaba de repetirlo: “la literatura es comunicación o no es nada”. Y eso lo percibía uno tanto si lo estaba escuchando como si lo estaba leyendo: en aquellas grandes síntesis representadas por anécdotas, viñetas, estampas, imágenes fugaces, diálogos que quedaban como flotando en el ambiente, uno sentía que la realidad era así, que la verdad es concreta y puede ser dicha, sin engolar la voz, de manera persuasiva y convincente.

Encontraba la manera de trasmitir las cosas más diversas y profundas como experiencias personales, en la lengua de todos los días y en un tono en el que siempre subyacía la invitación al diálogo.

Por eso ahora, cuando acabamos de perderlo, sentimos que es muy pronto todavía para hacer una justa valoración de la trascendencia de su obra, aun en campos donde la importancia de la misma es indiscutible, como, por ejemplo, el de la descolonización cultural.

No resisto la tentación de abrir Espejos y buscar —al comienzo mismo de esta fabulosa enciclopedia que él subtitula, con razón, Una historia casi universal— el pasaje sobre Adán y Eva. ¿Eran negros Adán y Eva? Puesto que todos los seres humanos (“hasta los blancos blanquísimos”) provenimos de África, ¿no sería lógico pensar…?

Busco ahora el pasaje titulado “Fundación de la tristeza”, que llevó a Galeano acuñar el  neologismo copiandería como una variante ridícula del ser-o-no-ser latinoamericano. Resulta que a finales del siglo diecinueve todavía Montevideo era una ciudad polícroma, luminosa, donde las casas estaban pintadas con colores vivos, pero a principios del siglo veinte se dispuso por el municipio que para pintar las fechadas sólo se utilizaran colores similares a la arena o el ladrillo. La idea era que la ciudad pareciera más respetable, es decir, más europea. ¿Se puede calificar esa actitud de mimetismo? Galeano prefiere llamarla copiandería, tal vez para que suene así, ridículo, como se merece.

Abrirnos los ojos sobre estas y tantas otras cosas, ponernos a pensar y mostrarnos que eso es un ejercicio productivo y placentero, revelarnos que se puede aprender a ser auténticos, dejarnos, en fin, con la convicción de que en sus textos siempre volveremos a encontrarlo entero y dialogante, son sólo una parte de la gustosa deuda que como lectores y latinoamericanos tenemos contraída con él.

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A D.ª HELENA VILLAGRA, por sus sueños

EMILIO RUCANDIO PALOMAR

Eduardo Galeano, que tanto quería al pueblo cubano y que tanto admiraba su dignidad, porque “La independencia es otra forma de dignidad” (1) nos ha dejado su coherencia como persona y su calidad como un gran escritor, aunque, para mí, ambos aspectos estén vinculados. Su conciencia crítica y su valoracíón de la libertad le llevaba a decir lo que pensaba. Por eso, aunque su corazón siempre estuvo con el pueblo cubano y frente al bloqueo norteamericano, también señaló su disconformidad con determinadas medidas del Gobierno de Cuba. Un ejemplo de ello es el comienzo de su artículo titulado “Cuba duele”(2), en el que afirmó: “Las prisiones y los fusilamientos en Cuba son muy buenas noticias para el superpoder universal, que está loco de ganas de sacarse de la garganta esta porfiada espina. Son muy malas noticias, en cambio, noticias tristes que mucho duelen, para quienes creemos que es admirable la valentía de este país chiquito y tan capaz de grandeza, pero también creemos que la libertad y la justicia marchan juntas o no marchan”. Y es que esa conciencia crítica y su coherencia como ser humano explican su sensibilidad y su rebeldía ante las situaciones injustas (las dictaduras, el imperialismo - con Estados Unidos a la cabeza-, la trampa de la globalización capitalista con las consecuencias negativas derivadas de la misma...). El autor de Las venas abiertas de América Latina (1971) no es ningún optimista ingenuo que se pone una venda en los ojos para no ver la realidad. No, Eduardo Galeano considera que hay dolores evitables y dolores inevitables (3) y, precisamente, por esta dualidad de dolores hay motivos para la esperanza: ”Lo que yo he aprendido, más bien a los golpes, a los porrazos, es a distinguir los dolores evitables de los inevitables. O sea que los dolores que nacen de la pasión humana: el amor que pasa, la muerte que pisa, son dolores que nada, joderse, pero hay otros muchos dolores evitables que el sistema multiplica. Yo siempre digo que no solamente te cobran el impuesto al valor agregado, sino también el impuesto al dolor agregado: por si fueran pocos los dolores inevitables de la condición humana el sistema te agrega otros y entonces surgen los dolores evitables. Cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable 10 niños: ése es un dolor evitable, si será evitable que cada minuto este mismo mundo gasta tres millones de dólares en gastos militares, en la industria de la muerte, entonces, bueno, a ver, ¿es evitable o es inevitable? ¿estamos condenados a trabajar para el exterminio del prójimo? ¿o es el sistema el que nos prepara para hacer eso? Porque si es una fatalidad del destino, bueno, apagá y vamos, como han hecho varios viejos compañeros que han decidido más vale pasarla bien y olvidarse...”

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Pero, además, el autor de Los hijos de los días (2012) nos ha dejado no solo la conciencia crítica del sistema establecido, sino, también, la exigencia de la autocrítica (4): “También soy la suma de mis metidas de pata”, dice.
Nos ha dejado su compromiso con los “nadies” (5), compromiso que le obligó a ir al exilio para salvar su vida de los dictadores de turno. Esos “nadies” de los que él habla son los “ninguneados” por el neoliberalismo capitalista, esto es, por la dictadura del mercado, que solo tiene en cuenta a los que tienen sus finanzas muy bien saneadas:

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del suelo la buena suerte, por mucho que los nadies llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la prensa roja de la crónica local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

El ver el mundo desde el punto de vista de los excluidos por/del sistema dominante y el estar a su lado explica que el escritor de El Libro de los abrazos (1989)
haya hecho algo de vital (nunca mejor dicho) importancia: la recuperación (con testimonios orales y fuentes escritas) de la memoria histórica sepultada, de la memoria colectiva olvidada y silenciada. De esta forma, ha logrado desenmascarar,

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poco a poco, la mentira de la llamada “historia oficial” que, en realidad, no es más que “un museo de momias”. Su generosidad es digna de encomio, pues su opción por los de “abajo” (”abajo y a la izquierda”), como diría el Subcomandante Marcos, en cuyo último comunicado se presenta como “SupGaleano (7)”, ha sido una constante en su vida y en su obra, que, como he afirmado al comienzo de estas líneas, conforman una unidad, es decir, no están disociadas. Siempre fiel a unos ideales, a unas profundas convicciones, ha luchado por la utopía, aunque ello suponga un inmenso esfuerzo, ya que es difícil mantener la esperanza, porque los aspectos negativos del mundo van minando esa esperanza de crear o de inventar un mundo mejor. El autor de Los sueños de Helena (2011) no es ni un ingenuo, ni un hipócrita, tal como se deduce de estas declaraciones que le hace en una entrevista a Miguel Marcelo Polloni publicada en “Rebelión” (8 ): “Y unidos por esta especie de esperanza común, esperanza de que la realidad no sea un destino, que la realidad sea un desafío donde todo puede cambiar. No estamos condenados a repetir la Historia, podemos imaginarla, podemos hacerla (…) La verdad es que cada día yo me desespero más y más me desesperanzo. Me preguntan a mí, ¿usted es optimista? Depende de la hora, de la hora a que me agarrás. Yo no creo en los optimistas full time, esas sonrisas de oreja a oreja, que no importa, adelante, que todo va a estar bien, no es lo mío. Yo creo que la realidad es una mierda, pero también una maravilla, el mundo es las dos cosas (…) Estamos habitados por las vidas que vivimos
y las experiencias que tuvimos, nuestras desdichas, nuestros amores, nuestros desamores, amigos, las esperanzas, las desesperanzas, las traiciones, ¡uf! Si habrá cosas dentro de uno. Estamos llenos de gente”. Es decir, no estamos solos -dice Galeano- porque nuestras vidas están repletas de experiencias, positivas y negativas, como la las de otros seres humanos, pero, además, gran parte de lo que somos tiene como causa nuestras propias decisiones o las de otros que, queriéndolo o si quererlo, a veces, nos implican para bien o para mal, pero, en todo caso, los dioses no tienen nada que ver con aquello de lo que solo nosotros somos responsables. Por lo tanto, tenemos libertad, pero también nuestra cuota de responsabilidad, en lo que se refiere a nuestro devenir existencial o coexistencial, aunque, claro está, las circunstancias de cada uno hacen que se sea más libre o menos libre.
Desde mi punto de vista, este gran apasionado del fútbol como deporte (El
fútbol a sol y sombra, publicado en 1995, es un ameno y original libro sobre este tema), no como negocio, ni como reunión de bárbaros y energúmenos y, en ocasiones, delincuentes y asesinos, este maravilloso contador de historias que anda mendigando “Una linda jugadita, por amor de Dios”, que cuando veía los partidos de un Mundial ponía en la puerta de su casa: “Cerrado por fútbol”, es uno de los más grandes escritores y pensadores (un “sentipensante”, a su modo y manera) más importantes del mundo y no solo de Latinoamérica. El término “sentipensante” lo

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utiliza el autor de Patas arriba. La escuela del mundo al revés (1998), en una entrevista que le hace Jorge Majfud para el periódico argentino Página 12 (9) en la que le pregunta por la mayor o menor influencia de los intelectuales en la sociedad, término que a Eduardo Galeano no le gusta demasiado: “Yo creo que escribir no es una pasión inútil. Pero esa generalización, “los intelectuales”, orgánicos o no orgánicos, no se parece mucho al mundo real. Hay de todo en la viña del Señor. En mi caso, te puedo decir que trabajo con palabras, que soy un inútil total y eso es lo único que me sale más o menos bien, y que me consta, por experiencia propia y ajena, que el acto de la lectura es una secreta, y a veces profunda, ceremonia de comunión. Quien lee algo de veras que merece la pena, no lee impunemente. Leer un libro de esos que respiran cuando te los ponés al oído no te deja intocado: te cambia, aunque sea un poquitito, te incorpora algo, algo que no sabías o no imaginabas, y te invita a buscar, a preguntar. Y más todavía: a veces hasta te puede ayudar a descubrir el verdadero significado de las palabras traicionadas por el diccionario de nuestro tiempo (9) ¿Qué más puede querer una conciencia crítica? (…) Yo escribo queriendo decir y decirme en un lenguaje sentipensante, certera palabra que me enseñaron los pescadores de la costa colombiana del mar Caribe, y por eso, justo por eso, no me gusta nada que me llamen intelectual. Siento que así me convierten en una cabeza sin cuerpo, situación por demás incómoda, y que me están divorciando la razón de la emoción. Se supone que el intelectual es capaz de entender, pero yo prefiero al capaz de comprender. Culto no es quien acumula conocimientos, porque entonces no habrá nadie más culto que una computadora. Culto es quien sabe escuchar a los demás, escuchar las mil y una voces de la naturaleza de la que formamos parte. Para decir, escucho. Escribo en un viaje de ida y vuelta, recojo palabras que devuelvo, dichas a mi modo y manera, al mundo de donde vienen”.
En realidad, las palabras anteriores indican la voluntad de escritor de incorporar a su obra las palabras de la colectividad, de las personas anónimas, pues está convencido, y no hay que ver en ello una falsa modestia, de que la cultura no solo está en los ámbitos académicos, sino en los muros de las paredes, en la calle y en los cuentacuentos anónimos, que él vio y escuchó de pequeño en los bares de Montevideo. Galeano suele contar, oralmente o por escrito, que sus profesores fueron estos personajes, de los que aprendió el arte de contar historias que, aunque fueran inventadas, cautivaban al oyente. Y es que el autor de Memoria del fuego (1982) cree que hay que aprender a ver y a escuchar para, en un acto de humildad, aprender de lo visto y escuchado. Pero para saber ver hay que pararse ante la realidad, aunque sea una pared con un texto escrito. Hay que saber ver lo que dicen las paredes: Por ejemplo, veamos qué hay escrito en alguna de ellas (10):

En la Facultad de Económicas, en Montevideo:

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La droga produce amnesia y otra cosa que no recuerdo.

En Santiago de Chile, a orillas del río Mapocho:

Bienaventurados los borrachos, porque ellos verán a Dios dos veces.

En Buenos Aires, en el barrio de Flores:

Una novia sin tetas más que novia es un amigo.

Eduardo Galeano es un ejemplo de cómo se puede aprender no solo a través de los cauces oficiales o académicos. Él suele aludir a ello cuando nos habla de su aprendizaje como escritor. El siguiente texto (11) es lo suficientemente esclarecedor:

Yo no tuve la suerte de conocer a Sherezade.

No aprendí el arte de narrar en los palacios de Bagdad.

Mis universidades fueron los viejos cafés de Montevideo.

Los cuentacuentos anónimos me enseñaron lo que sé.

En la enseñanza formal que tuve, porque no pasé de primero de liceo, fui un pésimo estudiante de historia.

Y en los cafés descubrí que el pasado es presente, y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser ayer para convertirse en ahora.

No recuerdo la cara ni el nombre de mi primer profesor.

Fue cualquier parroquiano de esos que todavía se reúnen, en los pocos cafés que
quedan para evocar los tiempos en que había tiempo para perder el tiempo.

Él contó una historia, ahí en la rueda de amigos donde yo estaba de colado. Era una historia del año 1904.

Por la edad se veía que él no había nacido por aquel entonces, pero la contaba
como si hubiera estado allí. Fue mi primera lección: el arte es una mentira que dice la verdad.

Y escuchando aprendí, que se puede contar lo que pasó de tal manera que vuelva a ocurrir cuando uno lo cuenta, y que uno puede escuchar ese remoto trueno de los cascos de los caballos, y uno pueda ver sus huellas en la arena, aunque el suelo sea de baldosa o de madera.

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Y aquel hombre, para decir la verdad, mintió que él había recorrido las praderas ensangrentadas, después de una batalla, y había visto muertos. Y uno de los muertos, dijo, era un ángel. Un muchacho bellísimo con la vincha blanca roja de sangre. Y la vincha decía: “Por la patria y por ella”, y la bala había entrado en la palabra “ella”.

Tanta riqueza nos ha dejado Eduardo Galeano que de él se podría decir lo que dijo Óscar de Pablo sobre Miguel Hernández en el periódico mexicano La Jornada (12): “¿Qué sería de nosotros sin Miguel?” ¿Qué sería de nosotros sin Eduardo Galeano? Nos ha dejado su reivindicación y su reconocimiento de las mujeres, que siempre han sido silenciadas en una historia oficial hecha por los hombres. En su obra, aparecen mujeres de todo tipo, más o menos conocidas, o desconocidas (Rosa Luxemburgo, Las Madres de la Plaza de Mayo, Emma Goldman, etc.). Detengámonos un momento en esta última, de la que habla en el texto titulado “Otra exiliada” (13):

A fines de 1919 doscientos cincuenta extranjeros indeseables partieron del puerto de Nueva de Nueva York, con prohibición de regresar a los Estados Unidos.
Entre ellos marchó al exilio Emma Goldman, extranjera de alta peligrosidad, que había estado presa varias veces por oponerse al servicio militar obligatorio, por difundir métodos anticonceptivos, por organizar huelgas y por otros atentados contra la seguridad nacional. Algunas frases de Emma:

La prostitución es el más alto triunfo del puritanismo.
¿Hay acaso algo más terrible, más criminal, que nuestra glorificada y sagrada función de la maternidad?
El Reino de los Cielos ha de ser un lugar terriblemente aburrido si los pobres de espíritu viven allí.
Si el voto cambiara algo, sería ilegal.
Todas las guerras son guerras entre ladrones demasiado cobardes para luchar, que mandan a ogros a morir por ellos.

Pero Eduardo Galeano no solo defiende la igualdad de derechos para las mujeres y los hombres, sino que apunta, en ocasiones, a “prestigiosas” personas o a “prestigiosas” instituciones para señalar su culpabilidad por la represión que ejercieron sobre las mujeres , así como por lo que dijeron de ellas. Sirva de ejemplo la composición titulada “Marzo, 8, Homenajes” (14):

Hoy es el Día de la Mujer:

A lo largo dela historia, varios pensadores, humanos o divinos, todos machos, se han ocupado de la mujer, por diversas razones:

• Por su anatomía

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Aristóteles: La mujer es un hombre incompleto.

Santo Tomás de Aquino: La mujer es un error de la naturaleza, nace de un esperma en mal estado.

Martín Lutero: Los hombres tienen hombres anchos y caderas estrechas. Están dotados de inteligencia. Las mujeres tienen hombros estrechos y caderas anchas, para tener hijos y quedarse en casa.

• Por su naturaleza

Francisco de Quevedo: Las gallinas ponen huevos y las mujeres cuernos.
San Juan Damasceno: La mujer es una burra tozuda.
Arthur Schopenhauer: La mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto.

• Por su destino

Dijo Yahvé, según la Biblia: Tu marido te dominará.
Dijo Alá a Mahoma, según el Corán: Las buenas mujeres son obedientes.

Por otra parte, no podía ser de otra manera, Galeano suele hablar de su mujer Helena y de cómo ha entrado a ocupar un lugar destacado en su obra. En el año 2011, la Editorial Libros del Zorro Rojo publicó una edición muy bella de Los sueños de Helena, con ilustraciones de Isidro Ferrer. Uno de sus sueños es “Amares” (15) :

Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa, una sola bolita caliente que resplandecía y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas por el sueño de Helena y por el espacio infinito y rodando caía, suavemente caía, hasta que iba a parar al fondo de una gran ensalada.
Allí se quedaba, aquella bolita que éramos ella y yo; y desde el fondo de la ensalada vislumbrábamos el cielo. Nos asomábamos a duras penas a través del tupido follaje de las lechugas, los ramajes del apio y el bosque de perejil, y alcanzábamos a ver algunas estrellas que andaban navegando en lo más lejos de la noche.

Tanta importancia tiene para Galeano la mujer que, dice, ella hace al escritor reinventar el mundo cada día, luchar por la utopía. Así continúa hablando de los sueños de su mujer Helena (16)

Soy polígamo, pero con una misma mujer (…) Esta mujer tiene sueños prodigiosos, impresionantes, muy humillantes para mí, se dedica a humillarme cada mañana: hay un sadismo femenino (risas). Son muchísimos sueños así, impresionantes, que ella
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tiene para sintetizar la vida, para ser capaz de expresar en un lenguaje que es el lenguaje del arte, expresar procesos vitales, las cosas que ocurren en el mundo a través de una chica, minúscula historia. Ella no escribe pero es como una narradora, entra en la noche como quien entra en un cine, y ahí hace sus películas, narra cinematográficamente la realidad.

De Eduardo Galeano, ya lo hemos dicho al principio, nos ha quedado su coherencia, su autenticidad: hace lo que dice y dice lo que piensa. Por eso, entre otros motivos, admira tanto al Che como al subcomandante Marcos, quien en un comunicado, dado a conocer antes de la muerte del escritor uruguayo, firma como El SupGaleano, en homenaje al maestro zapatista asesinado, José Luis Solís López, conocido como Eduardo Galeano, tal vez por su respeto y admiración por el escritor uruguayo de Las palabras andantes (1993). Esta admiración de Eduardo Galeano tanto del Che como del subcomandante Marcos se manifiesta en diferentes textos. Aunque esta cuestión se podría desarrollar bastante más, en este caso, simplemente, vamos a aportar algún texto:

1.º De Ernesto Che Guevara, Galeano hace el siguiente comentario para explicar la vigencia del revolucionario argentino (17):

¿Por qué será que el Che tiene esa peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.
¿No será porque el Che decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?

Obviamente, y por lo que llevamos diciendo, Galeano se refiere al Che en más textos, que tal vez en otra ocasión puedan ser comentados. Sin embargo, no me resigno a dejar de transcribir un fragmento del titulado “Don Quijote” (18) en el que toma una parte de la carta de despedida que el Che Guevara dirige a sus padres. En la carta el guerrillero se identifica con Don Quijote. Me parece muy significativo el párrafo elegido por Galeano, porque vincula al personaje de ficción y al guerrillero con la necesidad de la utopía:

El caballero de la triste figura llevaba más de tres siglos y medio de malandanzas por los caminos del mundo, cuando el Che Guevara escribió la última carta a sus padres. Para decirles adiós, no eligió una cita de Marx. Escribió: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo.
Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.

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2.ª En cuanto al Subcomandante Marcos, ahora El SupGaleano, Eduardo Galeano ha sido el destinatario de alguna de sus cartas, en las que le habla de las costumbres de los zapatistas, de los libros que lee del propio Galeano, del fútbol, del paisaje y del clima de Chiapas, etc., y le solicita, por ejemplo, que salude al “aguafiestas” Benedetti” y le diga que tomó su apodo, Marcos, del personaje homónimo de la obra de Mario Benedetti, El cumpleaños de Juan Ángel (1971) y de cómo sus poemas llegan a lo más profundo del ser humano, en este caso de una mujer (19):

Señor Galeano:

Le escribo porque… porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues.

También porque perdí el libro que me regaló y porque este ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte del libro Las palabras andantes.

Porque dice así:

“¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere? Y la boca, ¿sabe morir?”
Ventana sobre la palabra (VIII), p. 262.

La carta finaliza así:

P.D. improbable. Salude usted de mi parte, si lo ve, al tal Benedetti, Dígale usted, por favor, que sus letras, puestas por mi boca en el oído de una mujer, arrancaron alguna vez un suspiro como esos que echan a andar a la humanidad entera. Dígale también que quién quita y lo de “Marcos” fue por “el cumpleaños de Juan Ángel”.

Por su parte, Eduardo Galeano ha defendido la causa zapatista y ha escrito sobre Chiapas. Por ejemplo, el día 2 de abril de 2009 en la Sala Nezahualcóyolt, de la Universidad Autónoma de México, completamente llena con más de 2.000 asistentes, además de los que se tuvieron que quedar fuera del recinto y se “conformaron” con escuchar, a través de unos megáfonos instalados en el exterior, estas palabras del extraordinario conversador y maestro en el arte de la comunicación oral (22):

Zapatistas somos muchos en todas partes aunque no sepamos que lo somos. Todos

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los que actuamos movidos por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza. Y todos los que agradecemos a Marcos que haya inyectado sentido del humor al discurso tradicional de la Izquierda, que yo creo que ese es el mérito principal aparte de todo lo que el movimiento zapatista nos enseña: como movimiento comunitario, indígena, de raíces hondas, que anda en busca de una democracia de verdad; pero además, esta novedad del sentido del humor que era completamente ajeno al discurso de la Izquierda tradicional. No te tomes en serio nada que no te haga reír. Le agradezco a Marcos que me haga reír.

Continuando con lo que nos ha dejado Galeano, de Eduardo Galeano nos queda su elegancia, su inmensa capacidad de comunicar, que consigue no solo cuando leemos sus textos, sino, también, cuando lee y habla (con su ritmo pausado de lectura, con su mirada, con su seriedad, con su sonrisa...). Y, sin embargo, observo que su inmensa popularidad no ha conseguido en España el reconocimiento académico que merece su obra. ¿Por qué será? ¿Tal vez porque escribe cuando le pica la mano? “Escribo cuando me pica la mano”, nos dice. Sin embargo, en España no ha logrado ser reconocido en el ámbito docente como se merece, aunque posee méritos para ello y a pesar de que sus textos invitan a un trabajo interdisciplinario entre diversas áreas de la enseñanza: Literatura, Historia, Filosofía, Ética, Educación para la Ciudadanía e, incluso, Religión Católica desde la perspectiva de la Teología de la Liberación. Como profesor de Literatura, aunque en la actualidad esté jubilado, me indigna esta falta de reconocimiento, así como que en España, hasta donde yo sé, no se le haya nombrado Doctor Honoris Causa por ninguna Universidad, por una parte, y, por otra, que yo conozca, y me gustaría equivocarme, solo se le han otorgado, en España, cuatro Premios: el Premio a la Comunicación Solidaria, de la Ciudad de Córdoba, el Premio Manuel Vázquez Montalbán, del F.C. Barcelona, el Premio del Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Premio Bilbao. Por supuesto que, como ocurrió con el “aguafiestas”, Mario Benedetti, no le han concedido ni el Premio Cervantes, ni el Premio Nobel en ninguna de sus disciplinas. No obstante, recuerdo que, hace ya bastantes años, lo pudimos ver y le pudimos escuchar en la Facultad de Bellas Artes de Valencia en un salón totalmente lleno y con mucha gente que no pudo entrar y que se quedó en el exterior del recinto para escuchar su mensaje a través de un sistema de megafonía que se tuvo que improvisar. También es preocupante que prácticamente, que yo sepa, en España no hay estudios críticos sobre Eduardo Galeano, salvo uno recogido en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la Universidad de Alicante (21). No obstante, con fecha de 30 de abril de 2015, me llega la grata noticia de que el Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti ha organizado una conferencia que dará en el CEMAB el DR. Francisco Domínguez el día 7 de mayo, con el título de “Del Canto General a la Memoria del Fuego de Galeano”. Sin embargo, a pesar de la escasa bibliografía sobre Galeano, este siempre tuvo y tendrá el Premio del afecto de sus miles de lectores y oyentes,

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muchos de ellos jóvenes. El escritor uruguayo siempre permanecerá en el corazón de muchas personas del mundo entero, a través de sus textos escritos y de sus relatos orales, que pueden ser vistos a través de internet. En el corazón de las personas amantes de una literatura que combine la reflexión y la amenidad, de personas indignadas, de personas disconformes, de personas que todavía encuentran tiempo para ir caminando por la calle disfrutando de la vida, de personas que aun tienen tiempo para “perder” el tiempo y, en definitiva, de quienes buscan obras de autores “comunicantes”, como denominó Mario Benedetti a ciertos escritores (22).
En definitiva, para Galeano el escritor ha de tener una actitud crítica con este mundo mal hecho, pero que no ha de aburrir al lector, ya que “si contara nada más lo que tiene de horrendo (el mundo), la gente se moriría de aburrimiento, que es lo que pasa con gran parte de la literatura bien intencionada, que en lugar de indignación genera sueño. No sueños, sino sueño, o sea una irresistible necesidad de dormir porque es aburridísima y en efecto estas letanías de dolor incesante no conducen a ninguna parte porque aburren a todos y, además, justamente, los dolientes de dolor lo que menos quieren es volver a escuchar el dolor que padecen, encima que lo están padeciendo. Entonces hay que saber tratar de acercarse a estos temas a veces muy espinosos logrando que sean atractivos y que además estén siempre acompañados por una contraparte: a veces una pequeña frase, una pequeña cosita que indique que en medio del desierto hay un trébol de cuatro hojas, o de cinco, o de seis hojas” (23).

En fin, el maestro Galeano nos ha dejado tanto, tanto, tanto... Podríamos continuar hablando, por ejemplo, de sus lecturas de Don Antonio Machado, Pablo Neruda, Lorca, Cernuda, Miguel Hernández, etc., pero tal vez lo hagamos en otro ocasión.
Quiero acabar estas notas expresando a su mujer, Helena Villagra, que quienes tanto le debemos a su marido creo que podemos decir de él lo mismo que este gran “escribidor” dijo a los periodistas cuando falleció Mario Benedetti (24): “Benditos los
hombres y mujeres generosos como él”.

EMILIO RUCANDIO PALOMAR, Valencia, 6 de mayo de 2015

NOTAS

(1) Galeano hace esta afirmación en el diario mexicano La Jornada, México D.F., 23-02-2011.

(2) Vid. el periódico La Jornada, México D.F., 18-04-2003.

(3) Entrevista realizada a Eduardo Galeano Por Miguel Fauré Polloni, en la que destaca, a modo de titular, la siguiente declaración de Eduardo Galeano; “Vivir de verdad implica vivir apasionadamente”, en Rebelión, 24-10-2009.

(4) Vid. la entrevista concedida a Jorge Majfud en el diario argentino Página 12, Buenos Aires, 7-10-2008 (htpp;//www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3.116248-2008-12-07.html). La entrevista la reproduce Rebelión, el 9-11-2008.

(5) Este emblemático texto (“Los nadies”) pertenece al no menos emblemático El libro de los abrazos (1989). Cito por la edición española, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2004, decimoséptima edición, p. 59.

(6) E 24 de mayo de 2014 el Subcomandante Insurgente Marcos firma el comunicado “Entre la luz y la sombra” precedido del antetítulo “Ültimas palabras del Subcomandante Marcos antes de dejar de existir” (vid.http://matamoli.wordpress.com./2014/05/25/entre-la-luz-y-la-sombra-comunicado-completo-ezln/. En él anuncia que “éstas serán mis últimas palabras antes de dejar de existir” y que, como homenaje “Galeano”. maestro zapatista asesinado, asi como resultado de toda una serie de reflexiones que venía haciendo, había decidido que creía llegada la hora del relevo y el fin del personaje “Marcos” para dar paso al Subcomandante Insurgente Galeano:

“Por mi voz ya no hablará la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Vale. Salud y hasta nunca…o hasta siempre, quien entendió sabrá que eso ya no importa, que nunca ha importado.

Desde la realidad zapatista.

Subcomandante Insurgente Marcos.

México, 24 de mayo de 2014”

La primera aparición pública del Subcomandante Insurgente Galeano es en agosto de 2014. El 2 de abril de 2015 escribe un comunicado, “La Tormenta, el Centinela y el Síndrome del Vigía”, en el que El SupGaleano comunica la celebración de un Seminario, “El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista”, que se desarrollará a partir del 3 de mayo en Oventic. En el comunicado invita a participar a quienes estén interesados en escuchar e intercambiar pensamientos sobre la temática del Seminario.

(7) Vid. la entrevista citada en la nota (3).

(8) Ibíd.

(9) Vid. la entrevista citada en la nota (4)

(10) El libro de los abrazos, p. 204. Cito por la edición mencionada en la nota (5).

(11 )Este texto aparece en diferentes ocasiones con distintas variantes, que no afectan a lo esencial. He elegido el texto publicado con el título de SOBRE MI APRENDIZAJE en la revista minerva, REVISTA DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES, IV ÉPOCA, Madrid, 13, 2010, con motivo de la concesión a Eduardo Galeano de la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 23-09-09.

(12) Vid. el suplemento EL SEMANAL del periódico mexicano La Jornada, 30 de mayo de 3010, núm 795.

(13) El texto pertenece al último libro de Galeano que, si no me equivoco, no pudo ver publicado: Mujeres, Madrid,

EL DERECHO DE PENSAR, EL DERECHO DE SENTIR, EL DERECHO DE SOÑAR 13

Siglo XXI de España Editores, 2015, p. 118.

(14) El texto forma parte de Los hijos de los días, Madrid, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 2012, p. 88.

(15) “Amares” es un sueño del libros de Los sueños de Helena, Barcelona, Libros del Zorro Rojo, 2011, p. 56. Las ilustraciones son de Isidro Ferrer.

(16)Vid. la entrevista ya citada en la nota (3).

(17) “El nacedor” forma parte de Espejos. Una historia casi universal, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2008, pp.308.

(18) Ibíd., pp. 128-129.

(19) La carta del Subcomandante Insurgente Marcos está escrita en las Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas, México, y está fechada el 2 de mayo de 1995.

(20) Vid. el ensayo de Luis Hernández Navarro: “Eduardo Galeano y los zapatistas: los dioses adentro”, en el suplemento EL SEMANAL del diario mexicano La Jornada, domingo 26 de abril de 2015, núm. 1.051.

(21) El estudio es el siguiente: José Manuel Pedrosa Bartolomé, “Nuevos testimonios de lectura oral en la narrativa moderna: de Mary W. Shelley y Washington Irving a Eduardo Galeano, en Signo: revista de historia de la cultura escrita, Universidad de Alcalá, núm. 9 (2002), pp. 9-18. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, como se ha dicho en el texto principal, reproduce este artículo.

(22) El libro de Mario Benedetti se titula Los poetas comunicantes, Montevideo, Uruguay, Biblioteca de Marcha, colección Testimonio, 1972.

(23) Fragmento de la entrevista encabezada con la afirmación “Toda riqueza se nutre de alguna pobreza”, realizada por Luis Zarranz, Florencia y Francisco Lilio, Agencia Rodolfo Walsh, reproducida en Rebelión, 28-12-2008.

(24) Vid. Rebelión, 19-09-2009, texto tomado de La Jiribilla-Revista de Cultura Cubana.

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