Entrevista a Rocío Rodríguez Fernández, Presidenta del Comité Organizador del VIII Festival de Teatro Callejero

Una conga final, bajo la lluvia

Fernando León Jacomino • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía de Julio César García

Con un programa de presentaciones artísticas, talleres y paneles de discusión sobre diversos temas, tuvo lugar en Matanzas, entre el 4 y el 8 de abril,  la octava edición de un festival que el Teatro Mirón Cubano y las instituciones culturales matanceras han defendido, contra viento y marea, durante más de una década. Otra vez poblaron la ciudad cerca de veinte agrupaciones teatrales y danzarias, en diálogo con  experiencias provenientes del arte circense, el performance y el audiovisual,  concebidas todas para intervenir el espacio público.

Imagen: La Jiribilla
 

Rocío Rodríguez es una joven directora teatral matancera que ha dirigido los espectáculos Este maletín no es mi maletín, Wake up alone, El barco de Boribón y Nacidos en los ochenta.

Además de las puestas en escenas también ha asumido la coordinación de eventos como el Taller Internacional de Títeres y la Jornada Nacional de Teatro Callejero.

Actualmente Rodríguez es la directora general del Mirón Cubano, agrupación líder del teatro callejero en Cuba, que funciona como anfitriona del evento.  

¿Cómo valoras la recién concluida VIII edición del Festival de Teatro Callejero, Matanzas 2015?

Cada Jornada constituye un nuevo reto, el cual supone el enfrentamiento a los sistemas institucionales, la burocracia, la economía y los fenómenos meteorológicos. Mi valoración  es satisfactoria. No logramos traer a todas las agrupaciones que nos hubiera gustado, pero sí conseguimos reunir, al menos, a las que nos acompañan desde los inicios, compartiendo con nosotros una línea sólida de exploración escénica. Ello garantizó una muestra con niveles dignos de calidad y la posibilidad de constatar su creciente desarrollo estético, factor importantísimo para sentir que la espiral asciende.  A su vez, en esta edición realizamos acciones más precisas para abrir el perfil del encuentro hacia arte en la calle, con vistas a lograr una retroalimentación que permita el acceso a nuevas zonas de investigación teatral. En este sentido los espacios teóricos y los talleres de danza, construcción escénica y dramaturgia jugaron un papel fundamental; así como la presencia de las artes plásticas, artes visuales, la música y la danza como parte de la programación. 

Imagen: La Jiribilla
Judit & Paul. Visitants, España.

¿Cómo les fue con el público esta vez? ¿Han pensado extenderse en el futuro a otros núcleos urbanos de la provincia o el país?

La respuesta del público matancero es admirable. No solo porque los parques y las calles se mostraron a tope de capacidad, sino porque ya es posible hablar de un auditorio que respeta y aprecia el arte callejero, podemos asegurar que el matancero es un espectador interesado y educado en la apreciación de esta vertiente escénica.

Aún no hemos pensado en extendernos a otros núcleos urbanos de la provincia o el país, tal vez sea un