CANTORES...

El canto de todos (1): de la raíz a Sindo

Te doy una canción y digo Patria,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla:
como doy el amor.

                          Silvio Rodríguez

Los años 60 traen una revolución en el campo de la música popular con un movimiento conocido de diversas maneras: Canción Protesta, Canción Política, Canción pensante…, pero el término más extendido es La Nueva Canción; movimiento, que si bien tiene exponentes en casi todos los rincones del mundo, encuentra su mayor consistencia en Latinoamérica –como consecuencia del proceso que el propio canto viene desencadenando y que la convulsa realidad hace estallar.  

Estos cantores que irrumpen en los 60, eran herederos de un canto de más de un siglo; no era nueva la “protesta” en la canción, ni la preocupación por los temas sociales; desde la formación de nuestras naciones, de manera natural, los cantores expresaban sus vivencias.

Aunque canto en todo rumbo
tengo un rumbo preferido.
Siempre canté estremecido
las penas del paisanaje,
la explotación y el ultraje
de mis hermanos queridos.

                          Atahualpa Yupanqui

Junto a los sueños y dolores más íntimos, y las disímiles aristas de la relación de pareja, venía en ese cancionero el verso a la patria naciente, la indignación ante la injusticia de un patrón, la caracterización de los personajes típicos de los pueblos, el fresco de un tiempo dibujado con la agudeza y sabrosura del ser que no tiene otro fin que decir lo que piensa y siente, acompañado de su guitarra, de un cuatro, un laúd, o un charango… y por supuesto, su voz.

Cantor que cante a los pobres
ni muerto se ha de callar.
Pues ande vaya a parar
el canto de ese cristiano,
no ha de faltar el paisano
que lo haga resucitar.

                          Atahualpa Yupanqui

Imagen: La Jiribilla

Desde los inicios de la colonización de nuestros pueblos, va emergiendo por  los caminos del tiempo un ser bohemio, rebelde, enamorado, que le canta con la guitarra a todo lo que sucede a su alrededor o a lo más íntimo de sus sentimientos, buscando apresar la poesía —que no es otra cosa que la mejor manera de desentrañar y compartir sus más hondas verdades.

¿No recuerdas gentil bayamesa,
que tú fuiste mi sol refulgente
y risueño en tu lánguida frente
blando beso imprimí con ardor?

 “La bayamesa” es la primera pieza considerada expresión de la trova cubana; data de 1851 y fue compuesta por tres jóvenes que, 17 años más tarde, darían inicio a las guerras cubanas de independencia del colonialismo español. Fue compuesta por José Fornaris, Francisco Castillo Moreno y Carlos Manuel de Céspedes, el líder de esa contienda y primer Presidente de la República en Armas. Quiso el azar, o la consecuencia, que la belleza —física y espiritual— inspiradora de aquella canción serenata, fuese la de Luz Vásquez, notable joven bayamesa, que sería protagonista, con sus hijos, de aquel primer grito de Libertad o Muerte. Ante su ventana, en la noche del 27 de marzo de 1851, se abrió el cancionero de la trova cubana, fundiendo sentimiento de identidad y amor en sus versos.

Recordando las glorias pasadas
disipemos, mi bien, las tristezas
y doblemos los dos la cabeza
moribundos de dicha y amor.

El mayor paradigma de la trova cubana es Sindo Garay. Nació en 1867, (un año antes de que comenzara la primera guerra de los cubanos por su independencia del colonialismo) y murió en 1968, a los 101 años, ya en plena revolución socialista cubana. Sindo, de niño, sirvió de correo a los mambises que luchaban contra el gobierno español en la manigua.

Conocí a un hombre que tenía
por su aspecto de santo
el alma de Cristo,
unos ojos soñadores
pero al mirar, penetrantes.
El hablar único, exclusivo.
¡Cubano magistral!

Como dice Sindo en estos versos conoció a José Martí y en sus memorias relata el día en que, encontrándose en Santo Domingo, estrechó su mano:

“Martí comenzó a hablar. Recuerdo que tenía una voz fuerte, gruesa, como de barítono, muy penetrante. Hablaba despacio, pausadamente, como si pensara muy bien lo que iba a decir antes de hablar. Me emocioné oyéndolo. Después de arengar a los cubanos, unos ciento cincuenta hombres más o menos, se despidió. A punto de .marcharse, me acerqué a él y le di la mano. Por la noche no podía dormir. La mirada de Martí, sus palabras de fuego, hacían que el sueño huyera. Me levanté y cogí la guitarra. Me senté en el taburete y muy bajito comencé a improvisar... Ya estaba amaneciendo cuando Lola me trajo un jarro con café. A la caída de Martí en Dos Ríos, llevando en el recuerdo aquella tarde, escribí un poema:

Yo quiero que nazca un hombre
que a mí se parezca,
que salve a la tierra
de tanto peligro...
y si ese hombre no puede,
entonces, cubanos,
¡que la salve Dios!”

Imagen: La Jiribilla

Sindo Garay creó piezas como “El huracán y la palma”, “Luchando siempre a hacerte libre”, “Aún quedan indios”, “A Martí”, y muchísimas otras de fuerte carga social, de denuncia política, de exaltación a la patria.

En “Mujer bayamesa”, compuesta en 1918, Sindo rinde culto a la mujer mambisa, a aquellas que iniciaron las luchas de independencia del coloniaje español, aquellas que incendiaron sus casas en Bayamo, como la propia Luz Vásquez, y partieron a la manigua con los hijos. Una vez más el amor de pareja y el patrio se abrazan.

Tiene en su alma la bayamesa
tristes recuerdos de tradiciones,
cuando contempla sus verdes llanos
lágrimas vierte por sus pasiones.
Ella, sencilla, le brinda al hombre
virtudes todas y el corazón.
Pero si siente de la Patria el grito
todo lo deja, todo lo quema,
ese es su lema, su religión.

A pesar de que buena parte de su cancionero tiene gran carga política y social, esa zona de su obra es casi desconocida; quizás eran consideradas inconvenientes, incómodas, o simplemente ajenas a los intereses de los mercaderes, que son desde siempre los dueños de los medios.  

No se puede vivir aquí, no, no, no,
no se puede tolerar el trato infame…
ni a la ramera, infeliz mujer, se trata así.
Muchas lágrimas de sangre nos costó
salir del lodo inmundo en que se estaba
para vender a tan mezquino precio su valor.

Con un título como “No se puede vivir aquí”, Sindo crítica abiertamente al gobierno entreguista de la República, sumiso a los Estados Unidos quienes dominaban la economía y dictaban la política del país. Su canción es una declaración profundamente antiimperialista:

Habernos quedado así…
según yo veo, y así lo creo
porque lo dijo Maceo.
Hay cosas en Cuba
que no hay, que no hay que decir,
que sufren sus hijos con rudo dolor
y el mundo nos mira con tanto valor.
¿Qué Cuba callada se deje morir…? 
Sus hombres honrados
manchados están;
su gloria y sus hijos
perdiéndose van.
Y el americano… ¡riéndose está!

La canción que nos refleja, nos sueña, nos compulsa, nos empina, nos desconcierta, nos alerta, nos besa y abraza, la canción poética, la que no se deja tentar por la falsa hechicería del mercado, tiene una hermosa historia que entreteje el espíritu de los pueblos nuestroamericanos; por ellos seguiré transitando en próximos textos; por ahora, el texto de una estremecedora canción de Sindo, inspirada en los desastres que dejó el ciclón de 1926 en La Habana. Por entonces salió publicada en la prensa una fotografía de una palma atravesada por una estaca de madera, como increíble muestra de la fuerza de los vientos. Sindo describe el instante espesando el suceso con su dolor y amor patrio.

El huracán y la palma

Autor: Sindo Garay

Silbaron los pinos, auxilio siniestro,
los cedros tranquilos esperan dolor,
la ceiba frondosa temblando sonríe,
la yerba en el llano,
sumisa a morir.

Pero hay una palma,
que Dios solamente
le dijo al cubano
cultiva su honor.
Que erguida y valiente
con blanco capullo,
que sirve de espada
doblada hacia el suelo,
besando la tierra
batió el huracán. 

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