Entrevista con Larisa González

Elogio del sentimiento, celebración de la danza

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

La locura, la burla y la irreverencia: el caos. La ternura, la vulnerabilidad y el mimo: el amor. Estos dos mundos, estas dos realidades aparentemente opuestas se entrecruzan y confunden en una de las obras más aplaudidas del 20 Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos. Se trata de Elogio de la locura. Su directora: Larisa González. Sus co-creadoras e intérpretes: Mezli Robles, Lizbeth Herrera, Yeimy Saenz e Irais Ávila.

Imagen: La Jiribilla

Apelando a un recurso cuya funcionalidad ha sido probada una y otra vez con alta eficacia, Elogio de la locura podría muy bien llamarse Elogio del sentimiento. La conexión emocional que establece con la audiencia va más allá del propio acto per se, cuando en un punto de giro sorpresivo los espectadores se convierten en cómplices y protagonistas de un juego donde la ternura y la sensibilidad de los más fuertes son puestas a prueba.

Con esta singular pieza acude desde Jalisco por segunda vez a mover la Habana Vieja la profesora de Danza de la Universidad de Guadalajara Larisa González. Pero no viene sola, además de sus muchachas y su agrupación Transmutación Danza Contemporánea, la bailarina y coreógrafa ha sumado otras representaciones de su estado, como la Compañía de Melissa Morán con las obras Ome y Mecanohumánico, y El Cruu, de Meztli Robles, con la pieza Del policroma al gris, además de otros coreógrafos y bailarines solistas.

“En el caso de Melissa Morán, trajo una obra que es producto del trabajo de curso con que se graduó como alumna mía en la asignatura de Composición. Mexli Robles, además de integrar mi compañía, viene con su propio proyecto independiente y una propuesta de movimiento muy fuerte, libre y lúdica”.

Usted ha acudido a ediciones anteriores del festival y esta vez retorna acompañada de otras agrupaciones y solistas. ¿Cómo se originaron ambos vínculos para derivar en la articulación de los diversos estilos y modos de hacer que hoy pueden percibirse en las propuestas que trajo México a Habana Vieja Ciudad en Movimiento?

Hace cinco años que conozco de la existencia del festival, pero estaba muy complicada en aquel entonces con una Maestría que cursaba en Producción de las Artes. En 2012 me comuniqué con Eugenio para conocer las condiciones de participación y finalmente en 2014 pude venir con una obra que se llama Niños, juego cruzado.

Ya sabes que en México tenemos muchos medios de comunicación y somos un poco adictivos a Facebook. El año pasado todos mis bailarines subieron fotos del festival desde la inauguración. En esa ocasión traje también a chicos de Puerto Rico que estaban de intercambio. Yo siempre invito a todos, no cierro la información, la abro.

Este año también le di promoción al festival. Desde el muro de plataforma de comunicación de Eugenio compartí la convocatoria con todos mis contactos y ellos me tomaron como una especie de filtro para la información. Entones traje a mis estudiantes de la universidad, una compañía local de otra profesora universitaria y mis bailarines.

En el festival pudimos participar tres representaciones de Jalisco, un estado donde hay mucha danza. Esta clase de festivales no convencionales de un formato más abierto nos encanta. Mi idea es que algún día tengamos uno parecido en Guadalajara y seguir trayendo más gente. Muchos acudieron aquí gracias a becas y apoyos universitarios que ganaron; iban a venir más, pero no todos los chicos y compañías alcanzaron a tener los recursos.

¿Cómo ha sido el proceso de concepción y desarrollo de Elogio de la locura, la obra que trajo al festival con su compañía Transmutación Danza Contemporánea?

No queríamos tratar la locura como una enfermedad: la obra comienza con la “payasadanza”, después viene el caos que es la necedad y la tercera parte es el abrazo, con el que se conoce la fragilidad.

La obra está basada en la novela de Erasmo de Rotterdam, Ensayo sobre la necedad o Elogio de la locura, que se burla de la convención humana para dar rienda suelta y reconocer que la necedad da un sentido de acción que ha favorecido a la humanidad: los grandes necios son los grandes genios.

En lo particular, quise abordar el tema de la locura desde un lenguaje lúdico. Por ello empezamos haciendo un taller de clown para crear una expresión dancística desde el clown. No queríamos tratar la locura como una enfermedad: la obra comienza con la “payasadanza”, después viene el caos que es la necedad y la tercera parte es el abrazo, con el que se conoce la fragilidad. Otra parte que no he presentado es la euforia, y terminaría con la fuga. En realidad son cinco partes, pero atendiendo al tiempo de las piezas requerido para este festival, traje solo tres.

La obra siempre va a ser distinta, porque si bien es cierto que obedece a un formato en la estructura de la composición, con principio, desarrollo y fin, todas sus partes están hechas para que entre la improvisación. Tenemos fijados puntos de partida y acciones determinadas, pero en el trayecto puede suceder cualquier cosa: una caída, un tropezón, un encuentro con alguien, un abrazo a una persona que no los quiere abrazar o que quiera bailar con ellas… Todos estos elementos modifican el sentido de la puesta en escena, donde introducimos al público para hablar de la fragilidad humana y la necesidad que tenemos de compartirnos todos en el abrazo, para sostenernos con ese salvavidas. También hicimos un videodanza con el abrazo que participa en la sección de DV Danza.

Como participante que retornó a danzar en paisajes urbanos, ¿cuál es su criterio sobre el Festival Habana Vieja Ciudad en Movimiento?

Desde que llegué la primera vez me sentí sorpresivamente abrumada del recibimiento que dan ustedes a todas las compañías extranjeras, locales y nacionales, sin distinción. No solamente he aprendido de danza, he aprendido de humanidad y educación que también son necesarias para hacer arte. He participado en otros festivales nacionales e internacionales y en ninguno me he sentido como en este, que no obedece a un formato convencional, aunque tiene una organización excelente.

A mí me sorprende la capacidad de resolución de todos los que conforman el equipo, siempre trabajando como hormigas imparables. Me gusta mucho el formato, porque inmiscuir al público en espacios abiertos es un gran reto del arte escénico. Ya ir a un teatro y pagar un boleto se está volviendo obsoleto por la economía y las necesidades. A mí me encanta ver una obra, pero te encuentras con que es inaccesible, seis salarios mínimos cuesta en México ir al teatro. Ustedes tienen un país privilegiado que abre la cultura a la comunidad, en el mío tienes que pagar un alto precio.

Este evento siempre está lleno de gente que ama el arte danzario, lleno de espectadores ávidos de toda clase de danza, y esa capacidad de aceptar los hace ser un festival que lleva la honestidad al máximo.

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