Lo grande en lo insignificante

Guille Vilar • La Habana, Cuba

Lo que es ley en el curso de un astro por el espacio, es ley en el desenvolvimiento de una idea por el cerebro. Todo es idéntico.

                                     José Martí [1]

                                   

El espacio que la Galería Génesis tiene en el Centro de Negocios Miramar, es tan inusualmente pequeño, que quizá basten menos de diez minutos para recorrer la exposición Re/Cuerda del artista de la plástica  Sándor González Vilar.  Pero aquellos que gustan descubrir los fundamentos de las esencias se tomaran el tiempo que les haga falta en el análisis discursivo procedente de los pequeños objetos expuestos.

Imagen: La Jiribilla

Cuando el poeta Walt Whitman asume que «lo insignificante es tan grande para mí como lo más grande» [2], nos convierte en creyentes de un insólito misticismo que pervive entre todas las cosas:

Creo que una hoja de hierba es tan perfecta como la jornada sideral de las estrellas,

y una hormiga,

un grano de arena

y los huevos del abadejo

son perfectos también.[3]

Quienes han visto el concierto ofrecido en 1990 por el músico francés Jean Michell Jarre en la ciudad de ParÍs ante dos millones de personas, todavía conservan las emociones provocadas por un espectáculo donde el verdadero escenario son los edificios del barrio La Défense, al proyectarse en sus paredes, gigantescas imágenes graficas de escogidas obras de arte. Sin embargo, el ingenio y la amplitud del talento de Jarre, quien también se ha presentado en las pirámides de Egipto o en la Acrópolis de Atenas, no son necesariamente correlativos a la monumentalidad de su propuesta.

El  concepto de lo auténtico brota del pensamiento creador con la misma urgencia que podemos adivinar en todas las plantas cuando deciden echar raíces sin tener en cuenta dimensiones como el espacio y el tiempo que puedan comprometer su voluntad de existir.

Imagen: La Jiribilla

En tal sentido, detenerse ante la obra Relojero de Sándor es reflexionar en torno a la singular belleza del micro universo que integran los componentes del mecanismo de un reloj, pero en este caso independientes entre sí y a la vez colgando en el aire como parte de un movimiento giratorio proporcionado por la cuerda de otro reloj.

Algo tan aparentemente elemental como es la atracción ejercida por un imán sobre la pequeña bolita de metal que en la pieza Homenaje se mantiene como si flotara, nos remonta al recuento de siglos atrás donde este fenómeno físico era inexplicable, y constituía, todavía lo es, por lo menos visualmente, un sugerente acto de magia.  

Los afables y cálidos relojes del cu-cu siempre son bien recibidos, sin embargo, Sándor se ha encargado de transformar su presencia tradicional con aditamentos añadidos, lo cuales les han otorgado la oportunidad de renacer como obras de arte en las piezas 21 y Contratiempo, respectivamente.

Por si a su imaginación el motivo inspirador no le fuera suficiente, recuerde que esta exposición Re/Cuerda aparece velada por un franco sentimiento de amor hacia las pequeñas cosas que forman parte de nuestra complicada vida cotidiana. Sándor González viene a re/cordarnos la maravilla en que estamos sumergidos.

 

Notas:
1. José Martí. Obras Completas. Tomo 10, p.p 197
2. Walt Whitman. Canto a mí mismo y otros poemas. Consejo Nacional de Cultura. 1966. Poema XXX, p.p 74.
3. Walt Whitman. Op. Cit.  Poema XXXI, p.p 75

 

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