Para Moisés Finalé, Los silencios no existen

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Rodolfo Martínez
 

Los silencios no existen es el título de la más reciente exposición personal del destacado artista de la plástica Moisés Finalé, inaugurada el viernes 17 de abril en la Galería Artis 718 —del habanero municipio Playa— y que agrupa diez piezas (técnica mixta), cinco grabados y seis esculturas.

Imagen: La Jiribilla

Horas antes de inaugurar la muestra —que estará abierta al público hasta el venidero 10 de mayo—Finalé, conversó en exclusiva con La Jiribilla y dijo que desde hace varios años estas obras están en su mente, pero “que poco a poco han ido cuajando” hasta este momento en que salen a la luz.

“Es una exposición en la que el color no existe; está hecha en tonalidades grises con muchas transparencias remitiéndome a algunos iconos de la pintura que ya desde mi época de estudiante comenzaban a interesarme como Raúl Milián y Mark Rothko. A partir de esas transparencias que había visto, quería hacer estos cambios estructurales en la pintura y así elaboré la serie.        

Los silencios no existen es una apropiación que hago de un espacio virtual a partir de la idea del silencio. En mi último viaje a Francia  —luego de mucho camino recorrido por las montañas— cuando llegamos al lugar donde yo pensé que había una fiesta, el grupo de personas que me estaba esperando, estaban escuchando el silencio del lugar, nadie hablaba, estábamos sobre ese viento, sobre ese silencio, sobre esa ausencia de ruido o sobre esa ausencia de todo. Voy a hablar y alguien me dice: ‘no hables, oye el silencio’. A partir de ahí surge el título de la exposición”.

Siempre ha sido un artista bastante contenido con la paleta, pero ahora veo que la reducción es, casi, total.

Cada muestra es algo nuevo que debo decir. Ese deseo por el blanco y el negro está dentro de mí desde hace muchos años, y ahora llegó el momento de hacer esos cambios, las composiciones son mucho más simples, predominan las transparencias y ese encanto, esa aparente simpleza, la quería trabajar: la obra deja de ser barroca y se convierte en algo muy sencillo. No logré hacerla totalmente abstracta —como posiblemente hubiera querido porque inicialmente la idea fue hacer un grupo de obras abstractas—, pero al final la figuración ganó.

¿Defíname cuáles son los temas recurrentes? 

El hombre, la mujer, situaciones de la vida que existen y otras que me invento y a partir de ahí me construyo mi propio mundo y salen mis composiciones.

Decía que se impuso el abstracto y que no le salió… 

 Lo que me sucede con el abstraccionismo es que siempre veo formas, figuras, las composiciones son para mí abstractas y al final,  pasa algo en la obra y eso siempre me lo he cuestionado y tan es así que la obra comienza de esa manera e inmediatamente una forma me sugiere otra hasta que logro hacer el nudo, el amarre de la composición. Recuerdo que algunas obras que produje en los años 80 —y que aún conservo en casa—son casi abstractas aunque no se conocen porque no se han exhibido mucho. En la forma de plantearme la creación, siempre hay un dejo abstracto en la libertad en cómo coloco el color y cómo utilizo las  materias.

Imagen: La Jiribilla
El pintor junto al escritor Reynaldo González en la inauguración de la exposición Los silencios no existen
 

¿Por qué la recurrencia al gran formato?, ¿es una necesidad?

Siempre voy al gran formato, sin embargo no es algo que me haya propuesto o planteado: el gran formato viene espontáneamente y las formas me entran mejor en las telas grandes que dentro de superficies pequeñas. Ello me permite, también, utilizar elementos tridimensionales, agregar esculturas; me siento con gran libertad sobre todo cuando paso la etapa de dibujar dentro del lienzo.

¿Lo que ensambla a la obra lo hace desde los inicios o lo incluye cuando ya tiene la obra más avanzada?

Las diferentes exposiciones que me voy planteando salen de reflexiones de muchos meses, de mucho tiempo; me sucede que tengo ideas y las guardo porque en ese momento no las puedo sacar en aras de ser coherente. Eso es algo que cuido; es como un camino a seguir que yo sé cuál es —o al menos lo creo— y a partir de ahí hay ideas que digo ‘esto no va a ser para este año, ni para este momento, lo retomo más adelante’. Lo que sí me interesa y de lo que siempre estoy a la caza es de lograr o de buscar nuevos materiales, nuevas formas a través de las que pueda expresarme. Eso sí es un interés permanente desde hace muchos años.

A partir de que encuentro esos materiales, necesito trabajar en el estudio rodeado de muchos elementos: de esculturas, de herramientas de diversos tipos, para que al entrar en el estudio la escultura o el elemento que necesito, este ahí para incorporarlo a la obra.    

¿Cualquier material le sirve o existe predilección por alguno?

Todo está basado en una búsqueda; hay períodos en que consumo mucho tiempo visitando ferreterías, almacenes y otros sitios en los que puedo encontrar algo que me pueda servir para realizar la obra. Pueden ser elementos que aparecen de manera espontánea, pero siempre existe una reflexión anterior que avala lo que quiero; a partir de ahí voy delimitando qué me puede servir como material o no.

Y la obra que no sale del estudio, esa con la que no queda complacido, ¿qué pasa con ella?

Ha habido varias etapas; por ejemplo, en los noventa destruí mucha obra, hay otras que las miro y las miro y en un momento entran en el estudio y vuelvo a trabajar sobre ellas, descubro nuevas formas y al final sale un cuadro completamente nuevo.

En una ocasión me dijo que “a veces era un peligro para la propia obra”, en el sentido de que dar una pieza por terminada le costaba por lo que constantemente la estaba transformado, ¿eso ha cambiado?

El proceso sigue igual. Por ejemplo, una que estoy realizando ahora ha entrado en el estudio cuatro o cinco veces y cada vez que sale, vuelve a entrar porque todavía no me convence; sucede que a veces la idea va por un lado y la técnica por otro y es difícil ponerme de acuerdo con ambas; en algún momento la obra lleva texto incorporado y no responde a la imagen que estoy creando en ese momento, pero el texto me sigue interesando, entonces, tengo que seguir trabajando la imagen para lograr el verdadero equilibrio.

Presupongo que trabaja de manera no muy rápida.

Al contrario: trabajo rápido, es que han sido muchos años, ya más de 30, y hay oficio y muchas técnicas aprendidas de las que me voy apropiando: el grabado, la serigrafía, la escultura. Además he realizado afiches, portadas de libros, todo ello es una acumulación que, posteriormente, sale. En todo esto hay una contradicción: en el momento en que estoy realizando la obra no me preocupo mucho por la  técnica. Hay más inspiración o ganas de decir que otra cosa. Estoy seguro de que cuando termine esta serie olvidaré cómo fue que enfrenté la obra y cómo fue que la pinté.

¿Será errado afirmar que tiene cierta obsesión con el volumen?

A mí el volumen me apasiona y lo he trabajado en muchas exposiciones y es muy difícil que una obra mía se quede en lo bidimensional; la obra siempre tiene materias que incorporo de una forma o de otra. Hace algún tiempo vengo diciendo que la pintura se me queda atrás: soy un artista que no entro al estudio a pintar sino tengo las ideas claras o la serie ya concebida en la mente. No pinto por pintar todos los días; entro cuando la idea está clara, cuando he leído algunos libros, cuando he hecho búsquedas. Después que tengo todo eso claro, es que entro al estudio y puedo trabajar intensamente durante día y noche sin parar hasta ver la obra terminada.

Imagen: La Jiribilla
De la serie Los silencios no existen, 2014
 

Entonces, ¿la disciplina de pintar todos los días de tal hora a tal hora no funciona en usted?

Parece una contradicción, pero sí trabajo casi todos los días. Visitar museos, exposiciones, buscar materiales, es también tiempo de trabajo, es precisamente de todas estas vivencias que la obra sale a flote. A veces, estoy conversando con amigos y yo sé que lo que estamos discutiendo es la idea del próximo cuadro, en esa conversación comienzo a ver los rostros o lo que quiero pintar. Aunque no esté dentro del estudio siempre estoy dentro de la pintura.

Ha sido un artista que ha vivido fuera de Cuba por períodos prolongados, ¿considera que su quehacer puede insertarse en lo que hoy se denomina arte contemporáneo?

Es difícil hablar de uno mismo y responder ese tipo de pregunta. Estudié en las escuelas de arte cubanas, sin embargo mi carrera se formó en Europa, fui madurando, viendo los museos europeos, en Francia específicamente el Museo del Louvre y el Centro Pompidou—unos más tradicionales y otros más contemporáneos—; me relacioné con la obra de Pablo Picasso, de Wifredo Lam, Matisse, el vanguardismo italiano, Mimo Paladino, Miquel Barceló…, a nivel de la literatura especializada, tuve la oportunidad de tener acceso a libros y revistas de arte que no podía poseer en La Habana. He tenido esas dos posibilidades: el haber sido discípulo de los grandes maestros de las escuelas de arte en Cuba en los años 80 y el permanecer muchos años en Francia. No sé si será demasiado duro de mi parte afirmar que mi formación es muy europea, permanecí por más de dos décadas en Europa y mi cotidianidad era allí, aunque siempre mezclé la parte cubana, claro está, de eso uno nunca se aleja.

Se acerca la XII Bienal de la Habana ¿tendrá alguna participación?

Sí, tengo una obra realizada con nuevos recursos y materiales; está confeccionada con cubos plásticos, la propuesta es la continuidad de una obra de seis metros que realicé el pasado invierno en Francia, luego siguió La Virgen de la Fábrica enclavada en el exterior de la Fábrica de Arte Cubano ; esos cubos los manipulo y me apropio de la materia. Es una obra con una visión muy contemporánea del arte.

 Después de esta muestra, ¿qué otros proyectos tiene? 

Tengo varios proyectos, algunos para galerías de EE.UU. y Europa, pero soy de los artistas  que entre exposición y exposición se da un tiempo; hay que tomarse unos días para pensar las nuevas propuestas, y tratar de hacer cambios que sean saludables. Cambios saludables para el arte, cambios saludables para el público, cambios saludables para mí.

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