No es Galicia que regresa, siempre estuvo acá

Roberto Méndez Martínez • La Habana, Cuba

El Festival “La huella de España” arriba esta noche a su vigésimo sexta edición. Hoy forma parte de nuestra leyenda cultural aquella noche de 1989 cuando Alicia Alonso danzó Carmen, no lejos de aquí, ante el Castillo de la Real Fuerza, que, según el poeta José Lezama Lima, es “el sitio de mayor imantación de La Habana”.

Imagen: La Jiribilla

Durante un cuarto de siglo de celebración ininterrumpida, el evento ha servido para resaltar los provechosos nexos entre la cultura cubana y aquellas tan variadas que conforman el ser de España. Cuba, a lo largo de los siglos, ha sabido forjarse una identidad propia, que no se limita a la raíz española, pero aún en los momentos de mayor afirmación histórica, gracias a la visión de próceres como José Martí y a la sabiduría popular, no confundió la lucha anticolonial con el rechazo a lo español. La Isla, dueña de sí, sigue descubriendo en la tradición hispánica ese venero inagotable que alimentó y alimenta muchas de nuestras realizaciones artísticas, estas podrían concentrarse precisamente en esa imagen de nuestra Alicia danzando Carmen: una novela francesa y una ópera de Bizet motivan la labor del coreógrafo Alberto Alonso y de su intérprete privilegiada, ellos hicieron de la obra un ballet cubano por excelencia y aunque parezca paradójico, devolvieron a la cigarrera sevillana a un ámbito auténtica y privilegiadamente hispánico. Ser cubano, es, entre otras cosas, un manera creativa y profunda de relacionarse con lo mejor de España.

Así como ediciones anteriores honraron a diversas regiones del reino español desde Cataluña a Andalucía, desde Castilla a Las Baleares, esta vez toca su turno a Galicia. Justo es hacerlo, porque en la historia compartida por siglos entre la Península y esta isla del Caribe, fue ella una de las que más inmigrantes aportó a nuestra tierra. De aquellas comarcas, bañadas por el mar Cantábrico o de cara al Atlántico, vinieron los hijos de labradores a buscar fortuna en una tierra de promisión, la voz doliente de la poetisa Rosalía de Castro, interpretaba su sentir: “Galicia está pobre, / y a Habana me voy…/ ¡Adiós, adiós, prendas/de mi corazón!”

Aquellos barcos venían henchidos de personas y también de esperanzas. Derramaban sobre el puerto habanero una juventud ansiosa de oportunidades, que conocería acá del triunfo o de la miseria, del hallazgo del amor o de las interminables morriñas que nutrieron tantos poemas y canciones. Se convirtieron en tipos populares el bodeguero gallego y la criada gallega, llegaron hasta la literatura, el teatro bufo y la zarzuela.

Si alguien quiere saber la importancia de las asociaciones regionales que acá forjaron, puede bastarle con contemplar el imponente edificio alzado en el Prado por el Centro Gallego, que lleva en su seno al emblemático Gran Teatro de La Habana. Por estos días remozado, exhibe en su fachada, entre las alegorías barrocas, el escudo regional, con su Santo Grial que recuerda el antiguo privilegio de la Catedral de Lugo, rodeado de siete cruces, una por cada antigua provincia.

No olvidemos que tanto se fundió Galicia con Cuba, que una parte de su historia trascurrió acá. Ya a fines del siglo XIX los gallegos aquí reconocían como símbolo patrio la bandera marítima de La Coruña, blanca y azul, y la enarbolaron en sus actos y le dieron lugar de honor en sus salones, de modo que, devuelta a tierra galaica, fue adoptada por la Xunta en 1984 como emblema oficial. El 20 de diciembre de 1907 se interpretó por primera vez, en el Centro Gallego de La Habana, el himno “Los pinos”, con letra de Eduardo Pondal y música de Pascual Veiga, que se convertiría en el himno gallego. Quiso el capricho histórico que prohibida su interpretación por la dictadura de Primo de Rivera y estorbada su ejecución oficial en tiempos de Franco, fueran las sociedades de Cuba y América quienes lo aprendieran mejor, hasta el histórico 25 de julio de 1975, fiesta de Santiago Apóstol, cuando las multitudes decidieron entonar espontáneamente aquel llamado a despertar a la libertad:

De tu verdor ceñido
y de benignos astros
confín de los verdes castros
y valeroso suelo.
No des al olvido
de la injuria el rudo encono;
despierta de tu sueño
hogar de Breogán.

No es posible escribir nuestra historia cultural sin recordar a esos emigrantes modestos y laboriosos que se asociaron para levantar quintas de salud y escuelas; que mitigaron la nostalgia con la gaita y la muñeira y que con especial sensibilidad humana costearon una edición de las Follas novas de Rosalía de Castro, para que estas hicieran más llevaderas sus jornadas, y agradecidos, socorrieron desde acá a la poetisa en sus últimos y dolorosos años de existencia.

Aquí fue acogido el poeta y periodista Curros Enríquez, así como medio siglo después se le abrirían los brazos y el corazón al escritor Xosé Neira Vilas, quien escribió en esta tierra buena parte de su obra. Acá María Muñoz de Quevedo, discípula de Manuel de Falla, animó un importante movimiento coral y una labor docente paradigmática. En 1940, el teatrista José Rubia Barcia fundó la primera Academia de Artes Dramáticas del país. Pero habría que recordar también cómo elementos del paisaje, la historia, la religión y el arte de Galicia han impregnado a los creadores cubanos, recuérdese que una de las más importantes narraciones breves de Alejo Carpentier, El camino de Santiago, está inspirada por la milenaria peregrinación jacobea, así mismo podríamos recordar la danza Para Vigo me voy de Ernesto Lecuona o las comedias líricas Carmiña y La chaperona, compuestas por Gonzalo Roig en colaboración con el músico orensano José Guede Rodríguez, fundador y director de la Coral Saudade.

Durante una semana, cubanos y gallegos vamos a compartir la música, la danza, el cine, la literatura y la investigación. La Habana va a abrazarse con La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra. El aire estará sazonado por el son de las gaitas, mezclado  con la percusión afrocubana y el aroma dorado del vino del Ribeiro. No es Galicia que regresa, sino la que siempre estuvo acá, con su abrazo fraterno, caminando juntos a la luz de la poesía.

 

Palabras pronunciadas por el autor en el acto de apertura del festival La Huella de España, Plaza de Armas, 12 de abril de 2015.

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