Cantores...

El canto de todos: de Sindo a Gardel (II)

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

¿Qué Cuba callada se deje morir…? 
Sus hombres honrados
manchados están;
su gloria y sus hijos
perdiéndose van.
Y el americano… ¡riéndose está!

Sindo Garay, cantor que con su vida y obra tejió el paradigma del trovador cubano; le cantó al amor, no solo al que surge entre dos seres humanos, sino a ese que se siente por todo lo que acontece a nuestro alrededor; con ese amor amplio y profundo miró a su tiempo, y con la impronta de ese espíritu poético tradujo en canciones agudas críticas a la sociedad, a un gobierno, o llamó a los mártires a abrir caminos a su pueblo.

Ayer decía la profecía
que un pueblo cauto jamás creyó;
hoy se acrecientan amargas luchas
que a Cuba matan sin compasión.

Ha tiempo murieron Maceo y Martí.
Si ellos vivieran y su patria vieran
tan negra la suerte, tan mal porvenir;
vislumbro a lo lejos los tristes despojos

¡Los años que faltan sin patria y sin Dios!

Compuso canciones contundentes, de críticas agudas, como esta titulada “La profecía” u otras como “Acuérdate”, “La vergüenza”, “Ríos de sangre”,“No se puede vivir aquí”, “El huracán y la palma”, y “Los tabaqueros” inspirada en una huelga obrera y sobre la que Sindo Garay cuenta en su libro Memorias de un trovador:

«Como siempre estuve pendiente de los asuntos políticos de mi país, y como el arma más poderosa que siempre tuve fueron mis canciones, lo que estaba ocurriendo en Cuba en ese momento no podía serme ajeno. Cantando lo que sentía, decía mis pensamientos y el pueblo entero podía cantar conmigo sus inquietudes, pues nos eran comunes. La huelga de los tabaqueros me motivó mucho. Los cubanos habíamos pensado que Cuba iba a ser verdaderamente libre, independiente, que podríamos gobernarnos nosotros mismos, sin que corrientes de afuera nos obligaran a doblar la cabeza. Pero estábamos equivocados. A los tabaqueros que habían ido a la huelga para reclamar sus derechos como trabajadores, los mataron, los asesinaron cobardemente. Eso me hizo componer el bolero “Los tabaqueros”».

Hay en La Habana hombres tan dignos,
que están siendo víctimas por el honor;
hay madres que lloran de tanto pensar,
hay madres que lloran de tanto sufrir.

Después de brindarles la vida a esos hombres,
con tirana y mala fe, por el vil dinero,
aparecen en nuestra tierra bendita
arrancando la vida entera
al infeliz y honrado tabaquero.

Sindo es la voz de su pueblo, y a través de su siglo de vida legó el concepto del ser trovador: un ser altruista que va con su guitarra aprehendiendo la vida, los misterios del ser humano, los problemas de la sociedad, los sueños de la gente y sus dolores; sin esperar nada a cambio,  y desafiando todos los poderes, alza su voz enamorada:

Sin en esta tierra se vendiera la vergüenza
cuantos que no la tienen, comprar quisieran:
como no se vende, porque no se puede
y que nadie tiene
más difícil que comprarla
¡es nacer con ella!

Este tipo de canciones que enfrentan a los poderes quedaron en la oscuridad sin que los medios o las disqueras las aceptaran, de manera que Sindo aparece como un cantor de canciones amorosas para el “gran público”, domesticado por el filtro mediático.

Se crecieron los ríos,
se ha escapado el enjambre,
porque estaban los bohíos
todos llenos de sangre.

Y al pensar lo que veo
me parece un misterio,
como aquel cautiverio
cuando Antonio Maceo

En los años de finales del siglo XIX a las primeras décadas del XX, en los que Sindo iba de pueblo en pueblo con su guitarra como un peregrino, otro gran cantor, en la Argentina, Carlos Gardel, interpretaba piezas que reflejaban la vida de los bajos fondos, del arrabal, tangos con letras en lunfardo, lenguaje callejero, que se mezclaba palabras del español, con criollismos y palabras al revés.

Sos el pañuelo bordao
De un pobre gaucho cantor,
sos la prienda más mejor,
de mi chapeao de paseo,
sos yapa de mi sobeo,
sos trienza de mi arriador.

En la discografía de Gardel, figura la pieza “El sol del 25” compuesta por Domingo Lombardi y Santiago Rocca en 1910. Gardel la grabó en la etapa inicial de dúo con el uruguayo José Francisco Razzano; se trata de una danza argentina, cuya letra hace referencia a los sucesos del 25 de mayo de 1810, cuando tuvo lugar la Revolución de Mayo; un genuino canto a la independencia de su pueblo y latinoamericana que termina diciendo:

Al blanco y al celeste
de tu bandera...
contempla victoriosa la cordillera...
contempla victoriosa la cordillera...
 ... Pa' traerte laureles cruzaron los Andes
 San Martín, Las Heras, Soler y otros grandes...
Y ya paisanos... ¡fueron libres los pueblos americanos!

En “Silencio”, otra pieza antológica, canta Gardel a las madres que pierden sus hijos en las guerras; en referencia directa a la Primera Guerra Mundial:

Un clarín se oye.
Peligra la Patria.
Y al grito de guerra
los hombres se matan
cubriendo de sangre
los campos de Francia.

Cuando Gardel graba “Cambalache” de Enrique Santos Discépolo, está empinando la voz de los de abajo, en una aguda crítica social que ha llegado como nueva a nuestros días. Pieza emblemática, desenfadada, filosófica, callejera, que muchos la cantan hoy cual acabada de componer:    

Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.

Si hurgamos en el cancionero latinoamericano de las primeras décadas del siglo XX encontraremos a múltiples cantores que expresan en su obra disimiles temas de corte social, filosófico, hasta político, como algo natural, consustancial al canto popular.     

El Trío Matamoros resalta  por la gracia y el humor de sus sones, guarachas, rumbas… en los que retratan situaciones y personajes de la Cuba que viven; en sus letras resaltan sátiras e ironías acerca de la situación política que vive la república como en el son “Bomba lacrimosa” de Miguel Matamoros, clara alusión a las fuerzas represivas de la dictadura (en los años 30) de Gerardo Machado:      

Hoy lo que pasa en La Habana,
solo lo sabe mi moza:
juegan los guardias con ganas
con la bomba lacrimosa.
Tírame una bomba lacrimosa
que tengo ganas de llorar,
porque se han puesto las cosas,
que no se puede comprar.

El siglo XX comenzó con el desarrollo del cine, las empresas discográficas, la radio y más tarde la televisión. Todos estos medios fueron pasando de sus inventores a los negociantes, dueños de empresas, grandes comerciantes, que empezaron financiando esos medios mediante el pago de publicidad y terminaron, los más poderosos, adueñándose de los medios de difusión, para luego crear cadenas de información, hoy convertidas en transnacionales. 

Al percatarse de la gran influencia de los medios de comunicación entre las multitudes, los dueños comenzaron a dictar patrones, a estilizar, a moldear, a discriminar temas, ideas, según su conveniencia.

El cine de Hollywood, por ejemplo, intenta moldear a un Carlos Gardel dentro de un ámbito melodramático, enmarcando la imagen del latino. Claro que Gardel, no obstante buscar el triunfo de su canto, fue un profundo estudioso de lo que proyectaba tanto con su imagen como con su obra; de ahí que tensara resortes dentro de los esquemas hollywoodenses para sostener esa energía auténtica emergida de los barrios populares con que transmitió siempre —incluso encumbrado—, la carga humana, ética, humilde, que lo convierte en el primer mito universal del cantor de América. 

Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseados.                                  

                         Enrique Santos Discépolo

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