“Con el corazón, cambios desde adentro”

Danay Galletti Hernández • La Habana, Cuba
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Fotos: Omara García

Si cada persona contara una historia, la más hermosa, la más sentida, quizás sería conveniente escribir un libro. Atrapar esa carga de emociones en cuartillas que otros leerán y comentarán. Pero uno simplemente no puede plasmar cualquier suceso, irrelevante para muchos, y que solo acercará a unos cuantos identificados con el tema.

Sin embargo, en Venezuela, cuando recorres los 24 estados y compartes con los cubanos que laboran en el país, te percatas de que las experiencias merecen ser contadas. Ese, sin dudas, sería uno de los mejores compendios que alguien legaría a la posteridad.

En uno de los viajes por las comunidades de la tierra bolivariana, encontré a Yadira Rosas, una joven de 29 años quien integra la Misión Cultura Corazón Adentro. Llegó a Caracas en 2014, según me cuenta. Una ciudad que en sus inicios, como a todos, le pareció gris. Pero, como ella refiere, a las urbes las engrandece su gente y no el color de sus edificios.

Imagen: La Jiribilla

Sin comprender cuál sería el verdadero propósito de su trabajo y con el adiós de su pequeña de 5 años aún grabado en la mente, adoptó a la Parroquia El Valle como su nuevo hogar.

“Cerca se encontraba la Casa Comunal, en la calle Zamora.  Allí encontré a mis primeras aficionadas: dos abuelitas discapacitadas, Carmen y Brenda Antonini. Cuando me mostraron dónde vivían, comencé a visitarlas y a montarles números musicales. Podía ver como florecían sus deseos de cantar. Supongo que recordaban un lejano y casi olvidado anhelo, la mejor herencia que les dejó su madre, quien en su juventud tocaba guitarra.”

El jueves era el día del encuentro. La profesora acudía para mostrarles cómo mejorar su técnica vocal o simplemente conversar por algunas horas. “Con ellas compartí almuerzos, cumpleaños, aplausos y lágrimas, al verlas cantar en las peñas de boleros. Fue entonces cuando entendí que mi misión en Venezuela no se trataba de ser solamente una instructora de música, sino una amiga que llegara al corazón de las personas y les devolviera su capacidad de creer y soñar.”

Encontrar agua en el desierto

El acercamiento con los jóvenes se inició en la Escuela Técnica Industrial Gregorio McGregor, de la Parroquia Coche y en la Asociación Civil Niña Madre. Al principio, reseña, caminaba por los pasillos de la institución y todos estaban visiblemente entretenidos con los aparatos tecnológicos. No prestaban atención y cuando los saludaba con un beso, separaban la mejilla.

“Me preguntaba todos los días cómo lograr que los adolescentes trabajaran en equipo, acercarlos al arte de los sentimientos, evitar que consumieran drogas o dejaran de golpear a los más indefensos en el patio trasero”, confiesa.

A veces tenía la sensación de quien busca agua en un desierto, afirma. Pero un día encontró a alguien que le mostró como luchar por ese objetivo, un académico venezolano maravilloso, así lo define.

Imagen: La Jiribilla

“Lo conocí durante una discusión con otros profesores, porque él usaba un arete en la escuela y eso molestaba al claustro. Yo le pregunté por qué lo utilizaba