Artistas e intelectuales por la paz, la equidad
y la justicia

Vivian Martínez Tabares • La Habana, Cuba

La Cumbre Mundial Arte y Cultura para la Paz de Colombia, sesionó entre el 6 al 12 de abril, y en ella artistas e intelectuales colombianos y llegados de todos los puntos del planeta levantaron su voz en favor de la paz de Colombia y de todo el mundo.

Hombres y mujeres del arte y la cultura en su sentido más amplio, víctimas del conflicto armado y activistas de diversos sectores sociales, dialogaron sobre la base del respeto y la disposición de escuchar y cruzar ideas y propuestas. Trescientos invitados del país sede, llegados desde todos los confines, desde la selva amazónica a las costas más lejanas, hasta la capital, ocuparon espacios en los teatros Jorge Eliecer Gaitán, México, Bogotá y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, a pocos metros de donde se erige ese monumento contra el olvido, creado por las artistas Beatriz González y Doris Salcedo en los columbarios del antiguo Cementerio Central de Bogotá, al multiplicar siluetas del levantamiento de cadáveres rescatadas como iconos de las crónicas rojas de tantas masacres.

Imagen: La Jiribilla

La aproximación, amplia y plural, abordó temas como la resistencia de las víctimas desde el arte; conflicto y territorios: despojo, desplazamiento y reparación; conflicto y creación artística; la educación para la paz; el papel de los medios de comunicación; las políticas culturales necesarias para la paz; construcción de ciudadanía, políticas y ejercicios de la memoria, y economías de paz, entre otros. También contó con ponentes estadounidenses, entre otros de la Liga Profesional de Mujeres del Teatro y de la Universidad de Minnesota, y representaciones oficiales de Ecuador y El Salvador.

Me tocó el privilegio de integrar el primer panel, después de las numerosas palabras inaugurales. Acompañé, para cerrar nuestra voz múltiple, a una mujer extraordinaria, madre de los jóvenes secuestrados, asesinados y disfrazados de bandidos de Soacha —conocidos por un macabro rótulo como “falsos positivos”—, a una mujer desplazada en ciclos de desarraigo, a una cantora popular, y a una joven estudiante universitaria apresada como subversiva y que vio caer a una cercana amiga. Todas, han encontrado en la expresión artística, teatral y musical, un espacio para expandir su lucha por la vida, su afán por recuperar los cuerpos incompletos y los necesarios actos de reparación y justicia.

Hablé de Cuba ahora, del momento histórico que vivimos, de las expectativas y los riesgos, del inevitable forcejeo en tiempos de cambios inusitados, y del necesario camino de desarrollo pleno para nuestra Isla, de las opciones del teatro aquí y ahora. Hablé de las escenas de Guatemala, Costa Rica, Chile y México y sus vínculos con los contextos, tristemente hermanadas con los escenarios variopintos del teatro colombiano y la performatividad social en las tramas de pérdidas y obligados, urgentes rescates de la memoria. Evoqué instantes en que la escena se vuelve suprema imagen de belleza y acción renovadoras de conciencias, e invoqué la paz.

Imagen: La Jiribilla

Escuché a mis compañeras contar y cantar, y procesé tantas brillantes intervenciones que reafirmaron que frente a la barbarie y los intereses transnacionales y reaccionarios, millones de hombres y mujeres reclaman su derecho a vivir y a hacer mejor el mundo. Especial impacto me produjeron las palabras de la actriz, directora y activista Patricia Ariza, de Estela de Carlotto, fundadora y líder de las Abuelas de Plaza de Mayo y de su nieto Ignacio, recuperado de la mentira, del cineasta Lisandro Duque, del sacerdote argentino Eduardo de la Serna, coordinador de Curas en Opción por los Pobres; del filósofo y antropólogo Jesús Martín Barbero, de León Giecco hablando de Cuba. Una lamentable nota discordante, del novelista colombiano, Fernando Vallejo, en estridente negación de toda esperanza, levantó una oleada de respuestas en medios de la prensa plana y digital, que enriqueció el ya profuso clamor contra la violencia, al que se sumaron desde la canción más de una veintena de músicos: nuestros Carlos Varela y David Torrens, junto con los colombianos Mario Krápula, Totó la Momposina y Petrona Martínez, el grupo puertorriqueño Cultura Profética, el panameño Rubén Blades y muchos más.

El Concierto por la Paz fue el colofón de una marcha multitudinaria, que el 9 de abril, Día de la Memoria de las Víctimas, conjuntó a trabajadores, jóvenes, mujeres de muy diversos sectores, organizaciones sociales y políticas, y recorrió más de seis kilómetros en una mañana-mediodía jubilosa en el que los pronósticos de un 85 por ciento de probabilidades de lluvia se disiparon y el sol rajó las piedras y nos dejó increíblemente bronceados.

Por obvios intereses profesionales, entre las muchas opciones artísticas que comprendieron la Cumbre: el cine, la literatura y la música, elegí asistir a la Muestra Nacional y Latinoamericana “Teatro y conflicto”, organizada por la Corporación Colombiana de Teatro, con los grupos locales Teatro del Presagio (Negro y Silencio), La Antiliga (Falso + positivo), La Máscara (La reina de los bandidos), Tramaluna (Antígonas, tribunal de mujeres), La Candelaria (Si el río hablara y Soma Mnemosine), Umbral Teatro (Donde se descomponen las colas de los burros), Kussy Huayra (El Evangelio según María), y a las actrices Carlota Llano (Mujeres en la guerra) y Liliana Montaña (Performance a quemarropa por las divas corruptas); y recibió del Ecuador, a Malayerba (Instrucciones para abrazar el aire) y a Wilson Pico (Los materiales de la ira y el amor); del Perú, a Yuyachkani (Adiós Ayacucho y Rosa Cuchillo); de Cuba, al Teatro La Rosa (Hojas de papel volando); del Brasil a Arlequins (Iara, la dialéctica del mito) y a la Cía Yins Piração Poéticas Contemporáneas (Memorare), y de México a Violeta Luna (Vírgenes y diosas II: Piedras de memoria). En total, 19 espectáculos.

Imagen: La Jiribilla

Fue una epifanía reencontrar el Adiós Ayacucho, de Yuyachkani, que no veía desde Mayo Teatral 2001, cuando integró nuestro programa. Fue una revelación redescubrir al actor Augusto Casafranca, ya sesentón, pero con su cuerpo magro y menudo insuflado de energía, para representar el viaje de Alfonso Cánepa hasta el palacio de gobierno en busca de sus propios restos. El actor renueva el candor del campesino, que acentúa la crueldad de su historia en el Perú, tan cercana a la de tantos colombianos sentados en la platea. A su lado, Ana Correa, articula una banda sonora con más de diez instrumentos tradicionales de cuerda, viento y percusión y palpita con él. Y Ana volvió a ser también Rosa Cuchillo vagando por su hijo, blanca de polvo como una esfinge, en los espacios de la Universidad Nacional.

Fue una suerte apreciar Si el río hablara… de un equipo del Teatro La Candelaria con Coco Badillo al frente y conocer la recreación de la leyenda viva de una mujer que se dedicó a recoger muerticos, de tantos que le pasaban cerca, arrastrados por el río, y apreciar la complejidad del conflicto en el despertar de la memoria de sus personajes fantasmagóricos.

Disfruté también de volver a ver a Carlota Llano representando y presentando a cuatro mujeres de la guerra, testigos y víctimas en carne propia. Y a Soma Mnemosine con sus imágenes sublimes desde la crudeza de las pérdidas, y a Antigonas, tribunal de mujeres, con sus protagonistas que se muestran a sí mismas, en un estremecedor teatro de lo real.

Y conocer la labor del caleño Teatro del Presagio. Y compartir con mis colegas y amigas, la cubana Roxana Pineda, la mexicana Violeta Luna y la brasileña Camila Scudeler, sus creaciones unipersonales, femeninas, sensibles, políticas y hermosas.

La Cumbre fue una propuesta de los artistas que acogió y coordinó el Instituto Distrital de las Artes, IDARTES, de la Alcaldía Mayor de Bogotá con otras instituciones, y que planteó un camino de continuidad: la inserción de los artistas en las comisiones del Diálogo por la paz y muchos, muchos esfuerzos para lograrla, conscientes de que luego de que se alcancen los ansiados acuerdos en La Habana, se abre un arduo camino para la construcción de una sociedad nueva. Con la energía de tanta gente, regresé henchida y esperanzada por la luz en el camino, a pesar de todo.

Comentarios

OJO EDITORES: Al inicio del trabajo se han colado frases de enlace que no van. Por favor, corregir.
Para los lectores, el primer párrafo debe decir:
La Cumbre Mundial Arte y Cultura para la Paz de Colombia, sesionó entre el 6 al 12 de abril, y en ella artistas e intelectuales colombianos y llegados de todos los puntos del planeta levantaron su voz en favor de la paz de Colombia y de todo el mundo.

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