Diálogo con Silvina Fabars, quien enseña mientras aprende

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

“Yo soy santiaguera, pero pertenezco al Realengo 18”, me dice Silvina Fabars, Premio Nacional de Danza 2014; y yo pienso en Pablo de la Torriente Brau, y en su reportaje de ese lugar con el mismo nombre.

Fabar no atesora para sí todo el conocimiento que adquirió en el  Conjunto Folclórico Nacional de Cuba, como tampoco cree en la inmutabilidad de las cosas. Ella tiene un nombre, un pasado, un presente y lo que es mejor aún: un futuro.

“Eso lo digo lo mismo aquí, que en el mundo. Voy a todos los lugares que me llamen para enseñar, y aprender también”.

La danza folclórica está actualmente en una encrucijada, los especialistas opinan que el espectáculo escénico está muy relacionado con el foco religioso. También a eso se suma la inopia de un pensamiento que mira lo folclórico y tradicional sin comprender el amplio campo de estudios que lo sustenta, el cual está muy lejos de admitir reducciones si se asume seriamente.

“Yo tengo inconformidades. Creo que hay cosas que se les debe dar una evolución, hacerlas diferente. Hay que darle un margen de creación diferente a los artistas, pero sin perder la esencia. Porque el folclor se expresa por sí mismo. Se llega a él a través de estudios y con trabajo, porque aquellos que lo hicieron así