Vivir un momento Cumbre

Indira Fajardo • La Habana, Cuba

Participar en el IV Foro de Jóvenes de la séptima Cumbre de las Américas en Panamá, resultó para mí una experiencia extraordinaria como joven de una generación a la que le ha tocado enfrentar desafíos muy diversos para defender la Revolución cubana.

Nuestra presencia en los escenarios del Foro llamado a fomentar una prosperidad con equidad, si bien fue una victoria ideológica del esfuerzo de muchos países latinoamericanos amigos, también resultó a mi juicio la legitimación de una alternativa para las propuestas que, desde un carácter abiertamente neoliberal, imperaban en ediciones anteriores de estos encuentros. Muchos llegaron a  catalogarnos como  “la voz de los sin voz”.

Este encuentro entre juventudes de las dos Américas, organizado por la Young American Bussines Trust (YABT), sesionó en mesas de trabajo que  abordaban temas relacionados con la Gobernabilidad Democrática y la Participación Ciudadana; Medio Ambiente y Energía; Educación y Salud; Migración y Seguridad Ciudadana. Las discusiones que sostuvimos en las mesas estaban antecedidas de propuestas resultantes de los Foros Presenciales que cada país realizó. En nuestro caso el pasado 25 de marzo la Universidad de La Habana y el Pabellón Cuba fueron la sede de los debates que giraron en torno a “La Juventud y la América que queremos”. Las ideas enviadas a los organizadores como resultado del encuentro realizado en Cuba no siempre se vieron reflejadas en las mesas de trabajo, de hecho la mesa de Gobernabilidad Democrática y participación ciudadana en la cual participé mostró un documento inicial muy distante de  lo discutido en la isla.

Imagen: La Jiribilla

En esta mesa en particular la composición de los participantes era muy desigual, la mayoría de los jóvenes presentes pertenecían a la llamada Red Juvenil interamericana por la Democracia, de marcado carácter derechista con discursos y propuestas abiertamente neoliberales que respondían a intereses muy propios. Fue común encontrar jóvenes bolivianos, venezolanos, panameños de ideologías diferentes entre los cuales aquellos de pensamiento izquierdista eran minoría.

Para nosotros resultó muy gratificante que en cada momento se reconociera nuestra participación como una fortaleza y sin lugar a dudas, estábamos convencidos de que era necesario sacarle provecho a eso. Nuestra intención, más allá de exponer modestas experiencias, era que el dictamen final a presentar a los Jefes de Estado, recogiera  aquellas preocupaciones que hoy laceran el desarrollo del hemisferio y particularmente a los jóvenes  como actores sociales. Era preciso poner en blanco y negro la defensa de la autodeterminación de los Estados; el logro de un mayor acceso de mujeres, negros y discapacitados  a espacios de participación, la denuncia de la presencia de bases militares injerencistas e ilegales en países de  la región y la solidaridad con el pueblo venezolano ante las amenazas del gobierno de los Estados Unidos, por mencionar algunas.  Ante estas propuestas, se puede imaginar que el escenario no fue complaciente, tuvimos que discutir fuertemente y  establecer un diálogo hasta encontrar el consenso.  Pero a pesar de  la pluralidad y diferencias de razonamientos, establecimos alianzas que enriquecieron el debate y demostraron que era posible sostener un diálogo desde criterios encontrados.

En lo personal, tuve más de un momento cumbre en Panamá. En primer lugar, denunciar públicamente la presencia de mercenarios en los Foros paralelos que se mostraban como representantes del pueblo cubano y la sociedad civil. Dejar clara nuestra posición desde la llegada y la disposición de no legitimarlos en ningún espacio fue determinante para el desarrollo de las acciones posteriores.

Imagen: La Jiribilla

De igual manera fue muy enriquecedor el intercambio con otros jóvenes de intereses diversos a los nuestros, con realidades muy distintas a las que vivimos y que esperaban conocer la verdad cubana con todos sus matices, por lo que indudablemente debíamos  estar muy convencidos  de lo que representábamos  y lo que queremos  que se conozca del  país. Esto principalmente nos generó mucho compromiso, porque de pronto te das cuenta de que tu cotidianidad no es la misma a la  de otros jóvenes y defiendes con mayor orgullo lo que tienes.

Creo que otro elemento que supimos utilizar a nuestro favor, en buena medida, fue el uso de las tecnologías de la información. Tener acceso a las redes sociales y divulgar todo lo que sucedía en tiempo real facilitó que el mundo conociera lo que pasaba en las voces de sus protagonistas. La presencia de periodistas y blogueros jóvenes también ayudó a que simultáneamente se enviaran mensajes hacia distintas plataformas y se suscitara también en las redes un debate ideológico importante, sobre todo para explicar las razones de nuestras posiciones.

Por otro lado, establecimos una relación muy linda con universitarios panameños, quienes nos apoyaron en las denuncias que tuvieron su punto más álgido en la inauguración del foro de la Sociedad Civil —al no dejar entrar a la delegación cubana— y en la manifestación de los mercenarios en el lobby del Hotel Panamá el jueves 9 de abril. Particularmente estos dos momentos fueron muy fuertes, porque por mucho que se pueda construir en el imaginario un  escenario así, la realidad lo supera con color y sonido auténtico. Tener frente a nosotros a personajes que se codean  con Posada Carriles y Félix Rodríguez, el asesino del Che, fue razón suficiente para cantar más fuerte el Himno Nacional, la Marcha del 26, el Himno Invasor, la Guantanamera, Cuba que linda es Cuba, y cuanto pensamiento expresara la dignidad de este pueblo y el rechazo a la presencia de esos delincuentes allí. Ante esas circunstancias la delegación cubana se estrechó mucho más. Dejamos de ser jóvenes, intelectuales, deportistas, médicos, para ser Fidel, Chávez, Martí, el Che, Bolívar, todos con una misma voz.

La juventud cubana presente en la Cumbre de las Américas, heredera de un proceso revolucionario liderado por una generación que tuvo su Moncada, su Sierra Maestra y su Girón, tenía la misión de defender la Patria  al precio de cualquier sacrificio, como lo hicieron ellos en otro contexto histórico. Hicimos lo que hubiera hecho cualquier cubano apasionado por esta tierra, pusimos en alto nuestra bandera que sabíamos estaba acompañada del sentimiento y la preocupación de todos los que nos veían desde Cuba. Creo que muy humildemente lo que nos movió fue el sentimiento de preservar a ultranza el ideal por el que hemos luchado tantos años. 

La autora es la Presidenta Nacional de la Brigada José Martí de instructores de arte

 

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