La sociedad civil y el debate (II)

Fernando Ravsberg • La Habana, Cuba

Esta última semana ha sido de gran actividad para Cartas desde Cuba, hacía tiempo que no teníamos tanta atención sobre nosotros. Nos dedicaron varios artículos, unos críticos y otros respaldándonos, de los cuales publicamos los que consideramos más serios y no repetitivos.

Algunos se sorprendieron porque le dimos espacio en nuestra página a estas “respuestas” pero en realidad es lo único honrado que toca hacer en un debate. Ya hemos visto demasiadas mesas redondas en las que todos los panelistas están de acuerdo.

La andanada de respuestas le recordó a algunos el quinquenio gris o los actos de repudio y salieron al ruedo porque temen que se extienda, “que los fabricantes de obtusos saben convertir en banderolas a imitar, incluso en otros ámbitos, para complicarlo todo más”.

De lo que ya no hay duda es de que muchos cubanos están en desacuerdo con la actuación de la sociedad civil en Panamá y que su voz no fue reflejada en los medios de prensa nacionales, los que mantuvieron la ficticia “unanimidad”, tan criticada por el Presidente Raúl Castro.

Silvio lo confirma cuando dice que “todavía no me he encontrado a alguien que esté de acuerdo con la piñacera y la gritería. Creo que fue un momento en que tuvimos demasiada consciencia de que éramos noticia y quizá creímos que con esa actitud subíamos de nivel, pero no era así”.

Sin embargo, puntualiza que “Entiendo el derecho de cualquiera a no compartir un espacio con lo indeseable (mucho más si entre lo indeseable está uno de los asesinos del Che y amigos del terrorista Posada Carriles). Lo que no comparto es el insulto y la agresión”.

Yoerky Sánchez nos explica que “la sociedad civil cubana, la única, la legítima, fue la que viajó desde La Habana con el mandato de millones de hombres y mujeres de bien, expresado en foros previos en suelo patrio”. Pero no nos dice cuál era ese mandato ni quien lo debatió en Cuba.

En la mesa redonda el historiador Elier Ramírez nos relata que la delegación cubana estuvo bajo fuerte presión psicológica. Dijo que incluso en un momento, en la sala de debate, él estuvo sentado entre personas de la derecha latinoamericana.

De todos los artículos, el de Ariel Montenegro me pareció el más honesto: “con quienes no tienen ni siquiera rumbo político, con quienes se vendieron al vecino que mató e hizo pasar hambre a los suyos, con quienes asesinaron a Manuel Ascunce, y al Che… ¿con esos?… vaya… ¡ni pinga!!!”.

Sin embargo, me pregunto cómo nos damos la mano con el hombre que más guerras hace en el mundo, matando cientos de inocentes con sus drones y bombardeos. Según la lógica de Ariel, cuando Obama le tendió la mano a Raúl Castro, ¿este debería haberle respondido ¡ni pin…!?.

Amaury Pérez cree que “En la Cuba futura, la que promueve con fuerza, vigor e inteligencia nuestro General Presidente, hay que valorar, al menos por nuestra parte la civilidad que nos legaron nuestros antepasados. Aquellos que, jugándose la vida, no eludieron nunca el debate, nuestra historia como nación puede exhibir múltiples ejemplos de juicio y altura en los desacuerdos”.

Incluso hay quienes están de acuerdo con lo que se hizo pero no con la forma, como este educador que escribió en un blog oficialista: “No se justifica que una joven con cargo directivo nacional pierda la compostura y termine dando una respuesta disparatada, no se justifica que en el medio de una confrontación, una compañera de las nuestras le grite al enemigo, “La resi… de tu madre” como ahora ponen en un video hasta la saciedad el enemigo”.

Otro de los tópicos recurrentes es que debatir con los disidentes les da legitimidad. Eso sería cierto si quien conversara fuera el gobierno pero no entiendo que legitimidad puede darle a un opositor discutir con esa psicóloga dirigente de la UJC, a la que se refiere el educador cubano.

Y tal vez ese sea uno de los puntos donde hay más gente de acuerdo, la imagen proyectada del pueblo que apoya a la revolución fue desastrosa. No es muy inteligente responder a los gritos ni  mentir ante las cámaras de la televisión sobre cómo se pagaron el viaje.

Puede que tengan razón quienes aseguran que fue una trampa pensada para sacar de paso a los cubanos. La pregunta es si no era previsible que ocurriría eso con toda la información que había de antemano o si no fueron capaces de darse cuenta cuando vieron a Félix Rodríguez.

Me senté a ver la mesa redonda de esta semana sobre el caso y, como era de esperar, todos los participantes tenían una opinión unánime, no se invitó a nadie que opinara de otra forma a pesar de que el debate ha dejado claro que existen opiniones diversas.

En su blog, Yohandry -a quien no se puede acusar de recibir dinero del imperio ni de ser extranjero- escribió: “De este tema no he querido dar mi opinión, pero, si se necesitan tantas explicaciones es porque algo no salió bien, a pesar de las manipulaciones de la prensa y otros…”.

Tomado de Cartas desde Cuba

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