El respeto a nuestros principios es civilidad

La Jiribilla • La Habana, Cuba

A tantos días de concluida, la VII Cumbre de las Américas no ha dejado de estar en el debate público. Para la sociedad civil cubana no era difícil asistir a la Cumbre de los Pueblos; espacio de los representantes de las causas preteridas, de los soñadores y humanistas, de los rebeldes y revolucionarios.

Dar el paso más allá, llevar el reclamo de los sin voz precisamente a donde no quiere ser escuchado, asistir a los foros paralelos como los de la sociedad civil, de la juventud –dominados por la OEA y organizados por la Red de Derechos Humanos de Panamá- era la decisión que habría que evaluar.

Largamente se prepararon los delegados cubanos antes del evento y sus propuestas fueron publicadas por nuestra prensa y enviadas a los encargados de los foros. Se optó por el sí, por el atrevimiento, por creer que en esta Cumbre podría operarse un cambio más allá de la invitación oficial al presidente cubano, por entender que era la mejor manera de apoyar la misión histórica de Raúl.

Imagen: La Jiribilla

En la IX Cumbre Extraordinaria del ALBA-TCP, efectuada en marzo pasado en Venezuela, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros había anunciado: “asistiremos a la VII Cumbre de las Américas.  Expondremos nuestras posiciones, con firmeza, claridad y respeto (…) La sociedad civil cubana será la voz de los sin voz y desenmascarará a los mercenarios que [se] presentarán allí como sociedad civil de Cuba y a sus patrones.”

La decisión de intervenir en los foros paralelos por la parte cubana, implicó entonces someterse a un complejo mecanismo burocrático de acreditación (ajeno a la transparencia y libre participación que caracteriza a la Cumbre de los Pueblos), que solo admitía a dos personas por organización para el foro de la sociedad civil. Ello hizo obviamente necesario que cada organización pensara en una preselección antes de acatar las reglas de este juego, para nada ingenuo.

Y aun cuando los representantes de la sociedad civil cubana fueron aceptados mediante este mecanismo de inscripción, se toparon al llegar con que sus credenciales no aparecían, y con el absurdo de que quienes asistían representado los intereses de nadie –más allá de los que les pagan por aparentar una contrarrevolución que nunca ha existido, como dijera Esteban Morales1-, tenían de manera expedita las suyas. (Según varios delegados, en las manipuladas listas de la supuesta Red de Derechos Humanos que organizaba el Foro, faltaban muchos nombres de representantes de la sociedad civil cubana, y los de los mercenarios aparecían de primeros y en negritas.)

Antes de llegar a este punto, trataron de agotarse todos los recursos para desarticular la operación ofensiva que a todas luces se montaba al amparo de este Foro.

A los organizadores, la mayoría con una posición de derecha, se les presentaron tempranamente las propuestas de la sociedad civil cubana, y se les demostró que el diálogo frente a quienes pensaran diferente era posible (lo cual no es igual a conversar con quienes son pagados para simular, o se codean con autores de crímenes contra su propio pueblo.)

También se les alertó sobre la presencia de estos mercenarios, porque el itinerario previo de concertación para asistir en bloque, con financiamiento de las agencias norteamericanas, se hizo público por medios afines a la contrarrevolución.  La concertación de los anexionistas indicaba –y sigue indicando- el guión que sus patronos de la CIA y la NED han montado para estos tiempos.

Apelando a todas las vías posibles de denuncia, lo primero que hizo la delegación de la sociedad civil cubana al llegar a Panamá fue ofrecer una conferencia de prensa, hacer públicas sus alertas, distribuir pruebas…

Luego de no ser escuchados por los organizadores de los foros paralelos, no quedó sino el deber de no acepta