Bajo la guerra de baja intensidad

Stella Calloni*

Ante la presencia en Panamá, en el marco de la recién finalizada VII Cumbre de las Américas del terrorista Félix Rodríguez Mendigutía, responsable del asesinato del líder revolucionario Ernesto Che Guevara, cuando estaba herido y prisionero en una escuelita rural en La Higuera, Bolivia, llamo a los integrantes del Club Argentino de Periodistas amigos de Cuba a repudiar esta maniobra de provocación que ofende a toda la región.

Este cubano-americano” de Miami, agente de la CIA estadounidense, es también responsable de crímenes de lesa humanidad acompañando a siniestras dictaduras en la región.

La convocatoria dentro del marco oficial de la Cumbre a un foro de las llamadas “sociedades civiles”, fue simplemente una trampa para llevar a Panamá a una serie de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) creadas, financiadas, asesoradas por la CIA estadounidense, responsables de maniobras golpistas y golpes de Estado contra los gobiernos elegidos democráticamente en la región.

Ante esta situación nos unimos a todas las voces que se han levantado contra esta farsa de “sociedades civiles”, de las cuales se retiraron las delegaciones cubanas y venezolanas, y que intentó debatir temas claves como derechos humanos, democracia y libre expresión.

Precisamente los representantes de estas “sociedades civiles” convocadas por la OEA son los violadores de los derechos humanos y de los pueblos, de la democracia verdadera, de la libre expresión de las mayorías que no tienen voz.

Son estos engendros de una falsa sociedad civil los que realizan toda clase de maniobras para desacreditar a los gobiernos más respetados de la región, facilitando el golpismo “blando” aparentemente, pero tan destructor y mortal como cualquier golpe de Estado.

Llegaron a Panamá montados en la farsa de sociedades civiles, cuando en realidad forman parte de la guerra psicológica destinada a derribar gobiernos, y a sostener el terrorismo mediático que se aplica a todos los estados que no se sometan a los mandatos del poder hegemónico.

¿Y qué es sino una provocación que trajeran en su caballo de Troya nada menos que a terroristas mercenarios como Félix Rodríguez y otros, lo que afrenta y ofende a las verdaderas sociedades de nuestra región?

Sin olvidar que en noviembre del 2000, en un encuentro similar, la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno realizada en Panamá descubrió que varios compañeros de Félix Rodríguez, ligados a la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) e integrantes de grupos terroristas, intentaban asesinar al entonces presidente Fidel Castro Ruz, y se estima al presidente de Venezuela en esos momentos, Hugo Chávez Frías, durante un acto en la Universidad de Panamá, lo que hubiera dejado además centenares de víctimas.

Terroristas como Luis Posada Carriles, responsable entre otros graves atentados y crímenes en toda la región, del realizado contra un avión de Cubana de Aviación al salir de Barbados y que costó la vida a 73 personas en octubre de 1976; Guillermo Novo Sampoll, también entre otros atentados el que costó la vida a Orlando Letelier y su secretaria Ronny Mo­ffit (hiriendo gravemente al esposo de esta, Michael Moffit), ambos estadounidenses, en Washington en septiembre de 1976 y luego integrando la Operación Cóndor, coordinadora criminal de las dictaduras del Cono Sur en los años 70 y principio de los 80; Pedro Remón Rodríguez, Gaspar Jiménez Escobedo, otros con un historial de terror asombroso, responsables de crímenes y atentados en distintos países, fueron detenidos en Panamá con explosivos suficientes para los magnicidios propuestos como objetivo y para una verdadera masacre. Fue el propio líder cubano Fidel Castro quien hizo una detallada denuncia que permitió la detención de los criminales, indultados por decreto por la expresidenta panameña Mireya Moscoso el 25 de agosto del 2004, unos días antes de dejar el gobierno en ese país.

Fue a pedido de altas autoridades de inteligencia de Estados Unidos y se conoció después que recibió un “pago” muy especial por parte de esos grupos cubanoamericanos. El terror seguía siendo amparado por Washington y sus cómplices locales.

De la misma manera durante la IV Cumbre Iberoamericana, celebrada en Cartagena de Indias (Colombia) los días 14 y 15 de junio de 1994, estuvieron a punto de disparar contra Fidel Castro cuando recorría la ciudad vieja en una caravana de coches tirados por caballos, que organizaron los anfitriones.

Gabriel García Márquez viajaba junto a mí en ese recorrido. Habría tenido yo, en ese caso, el honor de morir con tan lúcido escritor”, relató en su momento Fidel Castro.

Fueron los mismos de la FNCA que planearon e intentaron otro atentado en la isla Margarita durante la VII Cumbre (8 y 9 de noviembre de 1997), cuando la guardia costera de Estados Unidos capturó una embarcación, cerca de Puerto Rico, pensando que llevaba drogas, y encontraron un pequeño arsenal entre los cuales había dos fusiles semiautomáticos calibre 50, mirilla telescópica (infrarrojos) con un alcance de 1 500 metros, que podían ser disparados, de día y de noche, en lo que iba a ser un atentado también en esa cita.

Mencionado esto a grandes rasgos porque hay mucho más para contar en hechos similares en varias Cumbres, la pregunta inevitable es: ¿cómo las autoridades panameñas, los equipos de seguridad de la CIA y otros que trabajan activamente en estas Cumbres y más cuando llega un presidente de Estados Unidos, y prácticamente convierten a la sede en un terreno de seguridad con toda clase de armas de última generación, puede permitir el ingreso, no solo de un terrorista como Félix Rodríguez, muy conocido en Centroamérica y en el mundo, sino de otras por lo menos dos decenas de activistas del terror?

¿Cómo pueden pasar por el ojo de aguja de la Organización de Estados Americanos semejantes personajes?

Además de ser un peligro grave para los jefes de Estado de nuestra región, en este caso nadie ignora que con el intento de normalizar relaciones diplomáticas (aunque con escollos) el presidente Barack Obama también está en la mira de estos grupos terroristas de Miami y de los fundamentalistas republicanos, y también demócratas que están superactivos en estos momentos.

De hecho la invitación a la Cumbre, dentro de esta oficialmente del Foro de las Sociedades Civiles, también sirvió para montar una serie de provocaciones, a cuyo amparo los golpistas de la región se convierten en las supuestas víctimas de los gobiernos a los que intentan derrocar, o que derrocaron en su momento en los primeros golpes que lograron instalar (Honduras 2009 y Paraguay 2012), entre otra serie que fracasaron en otros países, pero dejaron muerte y destrucción en pleno siglo XXI. Golpismo financiado y dirigido desde Estados Unidos y que suman víctimas al verdadero genocidio latinoamericano-caribeño del siglo XX.

No podemos dejar pasar una situación semejante sin una reacción colectiva que indique, al menos, que sabemos de qué se trata la guerra sucia, la guerra psicológica, la guerra contrainsurgente que nos azota en estos tiempos, bajo diversas modalidades. Esto se ha evidenciado como pocas veces antes en esta Cumbre, concluida el 11 de abril, que debía servir para avanzar en diálogos y retirar las amenazas sobre nuestro continente, especialmente la Orden Ejecutiva que impuso Obama contra Venezuela y que fue rechazada masivamente en tiempos en que al fin vemos las primeras luces altas hacia un periodo de emancipación, que nos hemos ganado con grandes sacrificios.

Tenemos el derecho humanitario y de los pueblos a recuperar nuestra independencia definitiva, sin la cual las democracias están y estarán siempre bajo amenaza. Llamo a los compañeros de Club Argentino de Periodistas amigos de Cuba a reclamar ante la brutal provocación, donde esas fuerzas terroristas intentaron incluso rendir homenaje nada menos que a José Martí. Llegamos a un punto sin retroceso.

*Prestigiosa intelectual argentina y colaboradora de Prensa Latina.

(Tomado de Granma)

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