Selección de poemas

Lina de Feria • La Habana, Cuba

El vellocino viejo reclama la atención del niño
y la historia comienza por animales gigantescos
dromedarios del sueño
atravesando desiertos cancelados ya.
En el libro todo parece cuento superlativo
pero alguna vez los hombres lanzaron sus halcones
al aire de la ira de otros ojos
y cegaron la belleza de los rostros sucios.
Ahora en el Orinoco
las agudas cerbatanas detienen los cuerpos huyentes
y hay vidas aún salvajes
culminando el camino de la existencia y el porvenir.
La noche se hace paralela con el día
y el hombre recibe meteoritos del espacio
sin la aniquilación de la esperanza vital.
No todo es la ciudad
ni cruzar calles transitables
porque todavía en el Nilo
se miran las trascendencias de las pirámides
y el hombre es tan infinitesimal
que acude al amparo del cuello de la madre.

 

***

No me gustan los títulos colgados, las cenefas. Imparte el mar su porción de sequedad desde los tributos de los barcos hundidos y los hombres presienten que el destino es solo la confusión. No hay peor ciego que el jerarca infinito. Por las calles de Santa Amalia los cuerpos se mezclan en la ronda de la oscuridad. Hay quien solo bebe agua de las cataratas del Victoria y luego su mirada de leopardo inhibe el crecimiento del espacio. Apurar a los astros es condenar a cien años de prisión a un hombre. La libertad se mide por el tiempo en que nacemos continuamente. Si existieran los frijoles mágicos podría embellecerse el mundo. Quiero apaciguar la sangre que me nutre y granear de soles mis silencios. Estoy fatídica y entra el jaque a la muerte.

 

***

se refleja una angustia en los ojos
abiertos a plenitud frente a los aires continentales
Los meses dejan de ser benignos por el calor del tiempo
y en los espasmos alternados hay dudas sobre la existencia.
Si realmente somos una carne hacia la nada
¿a dónde irá el Narciso de Caravaggio cuando truciden
Como cuchillos a mansalva nuestro cuerpo la muerte y la soledad
Y Thomas Harris ¿a dónde irá si en los bolsillos de su gabán
hay cien poemas vivos sobre las emociones de los mares?
Lanzar al aire la ceniza de la cremación
para devolver los ojos secos a la tierra
es de una tristeza irremediable.
Por eso inhalo ahora el olor de los jazmines
que bordean el jardín de la infancia
y me pellizco el párpado
muy lentamente
para saberme consciente de los fulgores de la noche

 

***

Tenme retenida en tu búsqueda
que en algún sitio estoy
adormilada imagen en carne viva
viendo la perfección de la belleza.
Los canales del techo
laceran de agua los halcones
y ni siquiera el más ciego regresa al hombro
                                                      a la cañada
donde se caza sin querer un ser humano.
Toda la libertad está en la lluvia
que me impide correr hasta tu patio
donde te contaminas de lunas misteriosas
para adivinar la cruz del mundo.
Las fuentes todas
vierten olor a reja y a demonio
y se expande la noche ofertando los cuerpos
al erotismo y a la sensación.
Lo amable surge de lo ignoto
mientras los cocodrilos se deslizan en el Zambeze
y yo huyo del tiempo que no quiere perdonarme.

 

***

Un ciprés es a veces el violín mejor tocado por el artista
levantando su copa como rostro del desmayo
es perfecta la silueta a contraluz.
Bajo el ciprés estuve condonando una pena
grave
taciturna
y en el manteo del cielo sobre las estrellas
vi rodar astros difusos
la extraña dosis melancólica de mi intrepidez
porque todavía siento que puedo ser audaz con mis manos
cuando sobrecogidas entre las tuyas
creo un segundo sol en los planetas.

 

 
Ficha: Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945) Licenciada en Filología por la Universidad de La Habana. Ha publicado, entre otros, los poemarios Casa que no existía (1968, Premio David), A mansalva de los años (1990), Espiral en tierra (1991), El ojo milenario (1995), A la llegada del delfín (1998), El libro de los equívocos (2001, Premio Raúl Hernández Novás), País sin abedules (2003), La rebelión de los indemnes (2008) Ante la pérdida del safari a la jungla (2009, Premio Nicolás Guillén), Caminando en el ocre (2011) y Los poemas de la alquimia (2013); así como los ensayos Sobre Muerte de Narciso y otras impresiones (2009) y Espacios imaginarios (2010). Ha recibido el Premio Nacional de la Crítica en cinco ocasiones. Estos poemas pertenecen al libro Jaque a la muerte, de la Editorial Unicornio. 

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