Preámbulo

Raydel Araoz • La Habana, Cuba

El asesino ya está en la casa. Así lo indica la puerta entreabierta que la víctima cierra para atravesar la sala en penumbras y llegar al comedor. Por un momento cree que alguien lo espera, enciende la luz y se vuelve, pero solo están su sombra en el aparador, la mesa con el frasco de pastillas que el asesino cambió, el refrigerador con la nota y la foto. Abre el refrigerador y llena un vaso de agua mientras lee el papel:

La comida está en la cocina. Fui a ver a unas amigas. Quizás demore

Sonríe al pensar que puede ser la misma nota de anteayer (porque últimamente siempre dicen lo mismo) y saca del frasco una tableta. Un sabor metálico se extiende por sus labios y le adormece la lengua. La víctima corre a la cocina, escupe la pastilla en el fregadero y se enjuaga la boca mirando por las persianas. No ve al fastidioso perro de su mujer ni encuentra la comida. Coloca el pomo de pastillas frente al retrato de su esposa “Mira que las mujeres toman mierda” piensa y se dirige al cuarto. El asesino ha fallado su primer intento.

En el cuarto la víctima se sorprende al ver a su esposa ladeada en la cama con las piernas flexionadas, las manos bajo la almohada y el largo y sedoso cabello que le cae por los hombros cubriéndole parte de la cara. No enciende la luz. Presiente la palidez de su cara, los labios amoratados, la frialdad extrema de su cuerpo. “Al menos hoy está aquí”, se dice mientras abandona el cuarto para no perturbar aquella visión.   

Por supuesto, la mujer está muerta.

Debajo del pelo se esconde la clásica mueca de quien ha agonizado durante varias horas, las uñas han abierto un hueco por debajo de la almohada, en el piso yace una novelita rosa. Evidentemente el asesino ya estuvo aquí y ha regresado, como siempre ocurre. En estos momentos acaba de abandonar el cuarto. La víctima vuelve a atravesar la sala, enciende un cigarro y se sienta en el vano de la ventana. Desde allí puede ver al perro echado sobre el pavimento. Un montón de moscas le cubre las heridas que la altura de la ventana no deja apreciar. Sonríe y apaga su último cigarro.

El asesino es la víctima que va cayendo de la ventana al asfalto.

 

Ficha: Raydel Araoz (La Habana, 1974) Graduado de Ingeniería Eléctrica en 1999; diplomado en Realización audiovisual en el Instituto Superior de Arte en el 2001; graduado de la Escuela de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños en la especialidad de Guion en el 2004. En el 2014 obtuvo la Beca de Creación Samuel Feijóo convocada por el ICL. En el 2015 ganó el Premio de Ensayo Alejo Carpentier con su libro Las praderas sumergidas. Un recorrido a través de las rupturas. Ha publicado los libros: El mundo de Brak (Extramuros, 2000, cuentos), Graffiti, signos sobre el papel. Antología de la poesía experimental cubana (Extramuros, 2005) realizada en colaboración con Mercedes Melo; Réquiem para las hormigas (Letras Cubanas, 2008, cuentos); Casa de citas (Letras Cubanas, 2014, novela). Como realizador cinematográfico y guionista ha obtenido numerosos reconocimientos nacionales e internacionales. Recientemente obtuvo el tercer premio en el Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez con La isla y los signos.

Comentarios

Dentro de las tan socorridas minificciones, de moda en estos tiempos, la ambivalencia del personaje es el conflicto en sí. La historia es la más trivial del mundo, pero se salva precisamente por su personaje conductor. Me recordó, salvando la enorme diferencia, el Tema del Traidor y el Héroe de Borges. Un buen personaje el tuyo, Raydel, que mereció tal vez otro cuento.

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