Literatura

De la Feria del libro en Cienfuegos

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Cienfuegos es, sin duda, una de las ciudades más hermosas de Cuba, y probablemente del continente. La limpieza de sus parques, el espléndido mar que la rodea, sus construcciones antiguas, la cuadrangular ubicación de sus calles y avenidas, el lindísimo teatro Tomás Terry, el único Arco que ostenta la Isla, todo conspira a su favor. Visitar la llamada Perla del Sur es realmente un privilegio. Allá fuimos varios escritores de diversas provincias, a la Feria del Libro: Virgilio López Lemus, Eldys Baratute, José Raúl Fraguela, Silvia Padrón, Pedro Llanes, Frank Padrón y yo.

El poeta Ian Rodríguez, actual Vicepresidente de la UNEAC cienfueguera y ex Director del Libro en la provincia, nos acogió con particular calidez, y ha de señalarse que a pesar de las varias dificultades que afrontamos (y que señalaré más adelante), gracias a sus gestiones organizativas, el programa literario se llevó a cabo con la mayor eficacia posible. Escritores de Cienfuegos como Atilio Caballero, Luis Esteban Ramírez, Clara Lecuona, Jesús Candelario y Kryster Álvarez entre otros (echamos de menos a Marcial Gala, quien visita Argentina), compartieron lecturas y debates con nosotros, tanto en la Biblioteca Provincial como en la UNEAC, y en un espacio delicioso, llamado “Piña Colada”, ubicado en el Muelle Real, donde se muestra activa la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Participamos en actividades en diversas sedes (Termoeléctrica, Pabellón Infantil, Oficina del Conservador de la ciudad, en el municipio Cumanayagua, Jardines de la UNEAC).

Puede decirse que la feria cumplió su programa para los escritores, aunque sin la participación de público para la cual fue originalmente creada. El día de la inauguración, por ejemplo, las carpas y los estantes a lo largo del Prado, mostraban una desnudez pavorosa, lo cual provocó el malestar nuestro y sobre todo, de la población. Tal vez la ausencia de adecuada promoción a la Feria amortiguó un poco la protesta masiva que esperábamos: tanto peor. No existió divulgación ni antes ni durante las actividades feriales, de modo que cuando fuimos invitados a la televisión y a la radio (Perlasur y Radio Ciudad del Mar, respectivamente), los periodistas y conductores nos ofrecían disculpas por no haber tenido acceso previo a nuestras biografías, ni a informaciones de a qué fuimos allí con exactitud. En otras palabras: no sabían ni quiénes éramos, ni qué libros llevábamos, ni cuáles conferencias impartiríamos.

Resulta un poco incómodo hablar de uno mismo —para no mencionar el hecho insólito de convertirnos en nuestros propios presentadores—, sin que medie ningún tipo de vanidad en mis palabras. El propio Atilio Caballero señaló acertadamente que no existe peor promotor de un libro que el propio autor: o exagera las cualidades de su obra, o las minimiza sin piedad. Todo esto explica el mínimo público que hubo en los lanzamientos, para no mencionar otras dificultades como retrasos en los audios, desconocimiento de la población acerca del programa, ausencia de los libros que lanzaríamos, salvo aquellos que la UNEAC consiguió, casi a través de gestiones personales. Parecía que todo se improvisaba sobre la marcha, los cienfuegueros “de a pie”, —para quienes se realiza la Feria—, nos preguntaban por las calles quiénes éramos, dónde estaríamos, y qué libros habíamos llevado, en total despiste.

Se entiende la falta de recursos para imprimir programas masivamente, pero iniciativas como un megáfono colocado encima de un coche tirado por caballos podrían aliviar la situación. Las lecturas y lanzamientos (salvo el libro dedicado al Gigante del Escambray, el muy popular pelotero Muñoz, que tuvo un numeroso público a pesar de que dicha presentación comenzó casi dos horas después de lo previsto) fueron efectuadas entre colegas. Los no cienfuegueros (habaneros, guantanameros, santaclareños) asistíamos a las actividades de los autores cienfuegueros, y ellos a las nuestras. No era necesaria una feria para ese tipo de intercambio, por demás, muy satisfactorio. Confiemos en que en próximas ediciones se logre una coordinación eficaz entre promotores, dirigentes de cultura y proveedores de recursos gubernamentales. El pueblo cienfueguero merece una digna fiesta de los libros, como todos los cubanos.

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