Entrevista con Eugenio Chávez

“Trabajamos para que el vuelo de los artistas sea seguro”

Ana Lidia García • La Habana, Cuba
Fotos: Claudio Sotolongo

Aquel año 2002 cuando llegó por casualidad al Festival Habana Vieja: Ciudad en Movimiento para diseñar la programación, “solo asistieron cinco compañías extranjeras y todos estaban volviéndose locos con la organización”, recuerda Eugenio Chávez. Por suerte para quienes hoy disfrutamos de esta fiesta de la danza, ni Eugenio ni nadie ha perdido la razón allí, o sí, se han contagiado con la irremediable locura del arte con la cual impulsan este evento que en su vigésima edición recibió más de 60 compañías nacionales y extranjeras de 16 países. En busca de una explicación para semejante boom en la participación, comenzó este diálogo.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué elementos han propiciado que en cada edición se sumen más artistas al Festival?

En primer lugar, la magia del trabajo de tantas personas durante mucho tiempo y en equipo, que ha permitido que ganemos en experiencia y organización. Por otro lado, la réplica que tiene el Festival en diarios, sitios web de la cultura y redes sociales, propicia que durante todo el año nos contacten personas para participar. Y lo más importante: la satisfacción de quienes ya han estado involucrados, se convierte en eje multiplicador.

Realmente cada año recibimos a más invitados, pero sigo insistiendo en que no es tan importante la cantidad como la diversidad de las propuestas, lo cual significa enriquecimiento natural para una programación en la que incluimos opciones para muchos públicos.

Es la primera vez que recibimos compañías norteamericanas en el Festival, lo cual abre un camino para el intercambio entre nuestras culturas.

Cada vez nos sorprenden nuevas y talentosas iniciativas. En la recién concluida edición tuvimos varias sorpresas como la tan esperada visita de Company E, de EE.UU. Luego de tres años intentándolo, llegaron a la lsla 13 de sus miembros junto a su director ejecutivo Paul Gordon Emerson, en una especie de misión artístico-diplomática, apoyada por el Departamento de Estado de la nación norteamericana y su Sección de Intereses en La Habana. Procedentes de ese país, arribaron también dos de los integrantes de Bistoury INC y Peggy Choy, bailarina, coreógrafa y profesora de la Universidad de Wisconsin.

Es la primera vez que recibimos compañías norteamericanas en el Festival, lo cual abre un camino para el intercambio entre nuestras culturas.

Otras de las novedades fueron la Compañía Artística Kaluá, de Colombia, y la numerosa comitiva mexicana. Como suceso en esta ocasión, tuvimos el evento teórico “Pensar la danza”, un intento por acercar la creación a la investigación. Por otro lado, disfrutamos nuevamente de varias de las más significativas compañías danzarias del patio y celebramos los aniversarios 40, 20 y 15 de Raíces Profundas, Danza del Alma y Gigantería, respectivamente. De los participantes nacionales, es necesario destacar el trabajo del Proyecto Experimental de Danza y Teatro Oyu Oro, de Santiago de Cuba, que nunca antes había participado y realmente nos impresionó con su proyección escénica y su propuesta. También como agasajos por nuestras dos décadas, nos deleitamos este año con los conciertos del músico italiano Leandro Brandi, del cantautor cubano Pedro Luis Ferrer y de la emblemática Orquesta Miguel Faílde, de Matanzas.

¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta el evento después de dos décadas de fundado?

Los artistas que llegan a La Habana se dan cuenta de que es necesario mover su concepto e interactuar con los elementos del entorno.

Durante años hemos luchado por romper el esquema de enfrentamiento tradicional entre el público y los intérpretes, para que sea tomado en cuenta el espacio urbano y se convierta en herramienta coreográfica. Los artistas que llegan a La Habana se dan cuenta de que es necesario mover su concepto e interactuar con los elementos del entorno. Aquí viven una experiencia inolvidable y abren la mente y el corazón a nuevas formas de crear, que a su vez generan nuevos retos para nuestro equipo de trabajo. Hemos aprendido que hay que dejar volar a los artistas; a nosotros nos toca hacer que ese vuelo sea seguro.

Sin embargo, no siempre logramos el súper objetivo de que se conciban obras teniendo en cuenta el espacio urbano tal y como está. Muchas personas vienen con piezas ya realizadas, otras proponen la improvisación. Pienso que, sobre todo las compañías nacionales, deberían preocuparse por crear pensando en las condiciones y características de los escenarios públicos de La Habana Vieja. Siempre recuerdo con alegría el trabajo de Danza Espiral que intenta explorar en el espacio con sinceridad y lo ha logrado en muchas ocasiones.

Creo que tenemos que seguir buscando la calidad en las propuestas y mayor organización sin perder de vista nuestro objetivo de dejar cabida a la creación.

Sería maravilloso reforzar desde la convocatoria la invitación a que los artistas no solo tomen en cuenta los elementos de la arquitectura para sus coreografías, sino también la historia de los sitios; que investiguen sobre el pasado de los lugares para que su obra, incluso desde el punto de vista dramatúrgico, tenga mayor coherencia con el espacio en el que están trabajando. Se trata de seguir asumiendo la ciudad, esta maravillosa Habana Vieja, que no solo es paisaje, sino también el lugar donde transcurre nuestra vida.

Creo que tenemos que seguir buscando la calidad en las propuestas y mayor organización sin perder de vista nuestro objetivo de dejar cabida a la creación. Hace algunos años no pensábamos en el problema que serían los espacios pequeños. Ahora la cantidad de público que participa nos pone a reflexionar sobre los escenarios adecuados, porque ya muchos resultan reducidos. Fenómenos como este van transformando la propuesta del evento, porque al ser un Festival vivo, que crece constantemente, hay que ir asumiendo nuevos desafíos. Es curioso que también se sumen otros públicos. Ya no hablamos solamente de visitantes y de personas de la comunidad que se encuentran con el arte en las calles sino también de quienes llegan buscando la más novedosa danza contemporánea.

¿Han pensado en insertar algún tipo de certamen que estimule la creación basada en espacios públicos?

En algún momento lo hicimos pero iba en contra de la propia concepción del Festival. Creo que debemos seguir teniendo una convocatoria abierta. Ahora bien, sería encantador que los coreógrafos jóvenes, quienes participan en el Encuentro Impulsos, otro evento que desarrolla también la compañía Retazos y que tiene como objetivo apoyar la creación de las nuevas generaciones, se interesaran más por el trabajo en las calles y que luego esas obras fueran presentadas durante la cita de abril.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué características del Festival nunca cambiaría?

Quisiera que el evento conservara el espíritu inquieto y creativo que lo ha distinguido durante 20 años. No podemos pensar que todo está hecho. El reto no tiene fin. Creo que estamos inmersos en una constante exploración y de esa búsqueda incansable resulta un Festival diverso e inclusivo como el que en este abril puso de nuevo a La Habana a danzar. Siempre tenemos espacio para los consagrados pero también para quienes están aprendiendo, esa es otra de las características que los organizadores estamos convencidos de mantener, aun cuando muchos nos cuestionen.

El arte contemporáneo se encuentra en un momento de confluencia entre todas las manifestaciones y, en ese sentido, debemos continuar siendo un espacio donde todos los artistas se encuentren y surjan nuevos proyectos que incluso puedan ser compartidos durante estas jornadas. 

Tampoco nos interesa restringir la creación a una determinada expresión. El arte contemporáneo se encuentra en un momento de confluencia entre todas las manifestaciones y, en ese sentido, debemos continuar siendo un espacio donde todos los artistas se encuentren y surjan nuevos proyectos que incluso puedan ser compartidos durante estas jornadas. Qué bueno que seamos la tierra fértil donde nazcan esas semillas.

¿Por qué sigue siendo importante apostar por la danza callejera?

Pensamos que es una excelente forma de llamar la atención sobre la arquitectura y la historia de los lugares que habitamos o visitamos. Vivimos una vida tan caótica que en muchas ocasiones pasamos cerca de sitios hermosos y no nos fijamos en ellos o no los disfrutamos tanto como cuando un artista se adueña de estos espacios y, a partir de su creación, nos lleva a admirar ese paisaje que antes no fuimos capaces de reconocer. En esos momentos se vivencia una relación armónica, casi perfecta, entre el público y los artistas. Además, constituye una vía para acercar el arte a personas que nunca visitan los espacios tradicionales.

¿Qué lugar ocupa este evento en su vida?

Antes de encontrarme con este Festival solo tenía una pasión: la música. Desde que llegué a la sede de Danza Teatro Retazos, laboratorio de búsqueda constante donde no existe espacio para el descanso, comparto mi corazón entre dos amores. Ha sido una puerta abierta, un encuentro con otro paraíso: la danza; ha significado la entrada en el mundo de otra de las maneras maravillosas de hacer arte, de fascinarse.

¿Conoce otros festivales en el mundo que sigan patrones similares en la organización y en la programación?

Muchos de los festivales que pertenecen como el nuestro a la Red Internacional Ciudades que Danzan, tienen el mismo principio de la danza callejera, pero pocos tienen la suerte de tener una Habana Vieja, este espacio privilegiado. Otro elemento que nos distingue es el desarrollo continuo de presentaciones. En otros eventos en los que he tenido la oportunidad de participar, solo ocurren acciones aisladas en algunos momentos del día.

¿Qué sueños aún le faltan por hacer realidad en Habana Vieja: Ciudad en Movimiento?

Quisiera ver a bailarines danzando por todas las esquinas como permite La Habana Vieja, donde el tráfico no interrumpe al caminante. También me gustaría disfrutar de acontecimientos extremos que cautiven la atención de los transeúntes a cada paso: malabaristas, traga-fuegos, etc. Sería genial que pudiéramos tener más música y que cada compañía fuese un suceso que impactara a los espectadores, que de verdad todo el mundo sintiera que hay algo que le atrae en la programación. Sueño con que sigamos siendo el lugar al que cada año no llegan artistas sino amigos artistas, gente que se han sentido en La Habana como en ningún otro sitio.

 

*Coordinador general del Festival Habana Vieja: Ciudad en Movimiento.

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¡Enhorabuean, Eugenio y Retazos!

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