Alabanza artística para una Ciudad en Movimiento

Alejandro Ruiz Chang • La Habana, Cuba
Fotos: Claudio Sotolongo

Retornó la magia de la danza a la vieja Habana. Cinco días en los que el  caminante interrumpió su paso y se detuvo, inevitablemente, ante el ir y venir melódico. No estuvo permitida la estática y no hubo lugar a los reclamos cuando en un revoloteo constante dos décadas se entremezclaron con la pueril experiencia de unos y el habitual transitar de otros. La ciudad hizo una ofrenda a la vida, al arte a disposición de todos; un halago al camino, al dejarse arrastrar para fundirse con la arrasadora pasión por la danza.

La Compañía Danza Teatro Retazos y la Oficina del Historiador de La Habana —con el apoyo del Centro de Teatro de La Habana— hicieron una vez más, la comunión para ofrecer al público una nueva edición de este Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos Habana Vieja Ciudad en Movimiento. Desde el 15 y hasta el 19 de abril, la maestra Isabel Bustos, con 20 años dedicados a este quehacer, colmó la Habana Vieja de baile, música, teatro, audiovisuales y mucho más. Una experiencia que se repite cada año para devolver a la urbe el coqueteo constante con sus calles, plazas, paredes y parques en un juego interminable donde el baile se fusiona con la arquitectura para re-significarla.

Una experiencia que se repite cada año para devolver a la urbe el coqueteo constante con sus calles, plazas, paredes y parques en un juego interminable donde el baile se fusiona con la arquitectura para re-significarla.

El humanismo irrevocable de la maestra ha impreso a este Festival un sello indiscutible dentro del panorama danzario latinoamericano y, por qué no, mundial. El Callejero es la génesis de esta experiencia en Cuba, un evento de y para la ciudad del cual surgieron otros en Matanzas, Villa Clara, Camagüey, pero este es un festival madre”, asegura la Bustos. Este 2015, y en paralelo al suceso veinteañero, tuvo lugar la décima edición del festival Internacional de Videodanza DV Danza Habana: Movimiento y Ciudad y las 4tas Jornadas de Intercambio Cultural con Artistas Escandinavos Tránsitos Habana, esta última hasta el 26 de abril. Tres eventos que discurren bajo una misma premisa: convertir el Centro Histórico en epicentro danzario durante estas fechas.

¿Se hace necesario entonces hablar de logros cuando se contempla la salud fortísima que goza este suceso? Con la satisfacción del deber cumplido, pero con mucho por hacer aún, la Premio Nacional de Danza amplía: “cuando yo contemplo cómo crece el Festival, cómo los jóvenes se apropian de los espacios y hay tantos intercambios creativos me siento muy satisfecha porque el conocimiento es importante y ayuda al desarrollo de las personas, humanamente los hace mejores. Cada vez más grupos quieren venir y solidificar ese sentido de hermandad y humanización entre las personas y los espacios. Creo que ese es uno de los logros fundamentales para valorar todo este proceso”.

Imagen: La Jiribilla

Cada año implica un nuevo comienzo, un empezar desde cero, pero con una experiencia acumulada que, aun dejando lugar a fallos, hace de estos los menos. Para demostrarlo, la llegada a La Habana de artistas de 16 países y más de 60 compañías nacionales y extranjeras, un cúmulo de participantes para nada despreciable. La voz de Retazos, que es su propia voz, afirma que “el festival ha arrastrado gente del patio, de América Latina y Europa para concederle el valor que tiene trabajar en la calle con los moradores del Centro Histórico, valorizando así la danza aunque no esté en los teatros”.

“Cuando yo contemplo cómo crece el Festival, cómo los jóvenes se apropian de los espacios y hay tantos intercambios creativos me siento muy satisfecha porque el conocimiento es importante y ayuda al desarrollo de las personas, humanamente los hace mejores..."

En una especie de retrospectiva, Isabel Bustos nos arrastra a aquel primer Festival donde apenas siete personas corrían “descontroladamente” por las casas y calles. “Han pasado muchos años de un esfuerzo continuo haciendo malabarismos y sacando conejos de debajo de las mangas, pero eso ha permitido que el festival se mantenga y esté presente siempre. De pronto vamos creciendo y se van propiciando otras posibilidades creativas sin que salgan de una estética adecuada, manteniendo la armonía de las formas que es vital en Retazos y la formación de las personas, que también es indispensable. Si el Festival tiene todas estas personas llegando cada año es que hay una historia detrás”.

Se impone el reto de los creadores de enfrentarse a una pared y re-significarla en un intento por transmitir a partir de un hecho concreto e inesperado; el cómo captar la esencia de las circunstancias e incorporarla a un sentido creativo personalísimo entre un amor lúdico por la ciudad desde la creatividad, la arquitectura y lo cotidiano, y un despertar sensitivo para descubrir lo que está, pero olvidan las rutinarias miradas.

Para los participantes, El Callejero se convierte en un nicho de experiencias, de aprendizaje continuo desde la teoría y la práctica. Expertos y desconocedores de este arte comparten un mismo espacio, sin exclusiones ni supremacías porque la danza viola sus habituales predios y sale libre a la calle para inundar el ambiente. No hacen falta grandes escenarios ni luminarias; se minimizan los lujos teatrales y la tecnología se torna prescindible cuando de marcar estos pasos callejeros se trata.

Imagen: La Jiribilla

Queda dicho que el escenario por excelencia es la ciudad toda: una Habana que también hace ofrendas a la cultura. Su gente se acopla sin reclamos a este vaivén armónico. Los moradores del Centro Histórico esperan cada año el suceso al que la maestra Isabel los tiene acostumbrados y en una especie de retroalimentación viven El Callejero: “Los niños y el grupo nuestro interactúan constantemente en los espacios que Retazos abre a la comunidad y yo estoy muy contenta porque no solamente montan las coreografías de sus maestros, que son mis alumnos, sino que ellos tienen sus propias obras y pueden mostrarlas en la calle. Eso suple sus expectativas y los lleva al encuentro definitivo con estos cinco días de danza”.

Para los participantes, El Callejero se convierte en un nicho de experiencias, de aprendizaje continuo desde la teoría y la práctica.

La historia se sigue escribiendo año tras año. En La Habana las huellas imborrables de un suceso arrasador de la cultura cubana. En cada edición, el regalo coreográfico de Retazos para marcar la arrancada y dejar abierto un espacio que es de todos y todas. Una alegría que, para beneplácito de muchos, regresa con abril.  

Solo resta la invitación para el próximo asalto a las calles, a esta toma de la ciudad por el baile que ya aguarda el venidero 2016. Con la experiencia queda el sabor exquisito del objetivo logrado, el encuentro renovado con una compañía que no cesa en su trabajo, y la charla siempre provechosa con la artífice por excelencia de este volcán artístico. Abiertas están las puertas de La Habana para nuevos días de movimiento, para venideros encuentros con ese soplo de vida que, como aquel argentino tango de Gardel, nos replantee cuánto de nada hay en 20 años.

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