Entrevista con Adolfo Izquierdo

Videodanza, entre arte y ciencia

Ana Lidia García • La Habana, Cuba
Fotos: Alexis Rodríguez y Juan Carlos Borjas
 

El 10. Festival Internacional de Videodanza, DVDanza Habana Movimiento y Ciudad, reafirmó al artista Adolfo Izquierdo como el realizador de videodanza más prolífero de nuestro país en los últimos años. Una de las mayores atracciones del evento, que compartió fechas con el 20. Festival de Danza en Paisajes Urbanos, fue la videodanza instalación de este artífice, ganadora del Premio TECNOLOGIAS QUE DANZAN 2014. La especial volumetría de la pieza despertó la curiosidad de quienes visitaron el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales donde se expuso la muestra Burdsall-Izquierdo. Continuo Espacio-Tiempo, un recorrido por el trabajo conjunto desde los años 80 entre Izquierdo y Lorna Burdsall, la bailarina y coreógrafa norteamericana radicada en Cuba a partir de la década de 1950.

Imagen: La Jiribilla

“Es un icosaedro”, explicó su autor, quien fusionó arte y ciencia de manera extraordinaria para lograr una figura de “30 caras, construida con varillas metálicas que conforman una estructura cubierta por una tela”. Sobre dicha superficie, “se proyecta un video que siempre está en loop y muestra a una persona levitando en movimiento”.

El mecanismo interior de la pieza, que puede entenderse a partir de bocetos que también estuvieron expuestos en el Centro de Desarrollo, “está hecho con espejos que permiten que la imagen gire constantemente y al mismo tiempo rote en sí misma y oscile”. “Estudié mecánica clásica para poder desarrollarla”, confiesa el artista quien también tiene muchos intereses científicos, los cuales siempre, de una u otra forma, aparecen en sus creaciones. 

“Este es un proyecto que quería hacer desde hace mucho tiempo y el premio ayudó en gran medida a su concreción”, agregó. Ha quedado muy satisfecho con esta “escultura cinética”, y considera que la experiencia puede inspirar a otros creadores.

Graduado de Artes Plásticas, Izquierdo incursionó primero en el mundo de la fotografía y el diseño. De hecho, aclaró, al principio diseñó muchos envases de productos comerciales. “La compota del osito que todos conocemos, los vinos Viña del Sur y Doña Tina”, son algunos ejemplos de su quehacer en ese ámbito.

¿Cómo llega entonces a la danza y especialmente al videodanza?

Cuando me gradué de Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Arte, en 1988, conocí a Lorna Burdsall y tuve un primer acercamiento a la danza y a su obra en el grupo Así somos, que se había creado desde principios de los 80. Me encantaba el video pero no tenía equipos, Lorna tenía unas cámaras viejas y comencé a hacer algunos registros. Son grabaciones de poca factura porque los aparatos eran muy antiguos y no poseían todos los adelantos que tenemos hoy; sin embargo, tienen un gran valor porque han trascendido los años y nos permiten trasladarnos a la producción danzaria de ese período.

Imagen: La Jiribilla

Los primeros materiales los hice con Tomás Brene. En ese período nació Ayer (1988) que a partir del uso de una sola fuente de luz, nos remite a un espacio de ensoñación. Más tarde realicé Virus gris (1989), que además de estar inspirada en una danza muy original, posee elementos  interesantes como el encuadre, que le imprime cierta rareza que en vivo no era visible. Luego comencé a experimentar con pantallas. Como Lorna era muy creativa e impulsaba la creación de otros, tuve la posibilidad de hacer una obra con sombras chinescas que nombré Pensamientos nocturnos, derivada de una pieza que ella había hecho con Rodolfo Echevarría titulada Cuando vuela la paloma. En ese producto se pueden apreciar mis primeras relaciones con la tecnología y la danza. Recuerdo que lo hicimos con un retroproyector y linternas. En la exposición presenté solo un fragmento, unos pocos segundos que se repiten. Puede decirse que es una obra diferente que transmite nuevas sensaciones. En esta soy yo quien está en la sombra; ahora prefiero usar bailarines en mis creaciones.

Al principio todo era muy experimental, pudiera decir que empecé a hacer videodanza de manera consciente ya cuando Lorna estaba muy enferma. De hecho, cuando terminé la obra ella había fallecido. En esa ocasión quise contar cómo era un día en su vida, describir su casa y su entorno. Para ello utilicé a su nieta Gabriela, que había heredado su mundo interior, que vivía sola en el mismo lugar en que ella vivió y que, además, es bailarina. Quise describir a través de imágenes cómo Gabriela recibía ese universo y reflejar sus deseos de crear, de hacer danza. Sola (2011) es el título del docudrama de 52 minutos resultante, donde todo es danzado y se mezclan la ficción y la realidad. Creo que Lorna me dejó a su nieta como un tesoro, sigo trabajando con ella que siempre está dispuesta a colaborar y a sumar a sus amigos a nuevos proyectos.

¿Qué rasgos definen sus obras en el género videodanza?

Pienso que soy muy experimental y minimalista. Debe ser por eso que siempre hay una motivación por indagar sobre las leyes del Universo, por insertar la Geometría. Me gusta buscar la esencia de las cosas y tratar de transmitir mucho con poco.

Por otro lado, me interesa que mis piezas cuenten una historia. En 2014, por ejemplo, hice fi- lamentos, obra realizada con la técnica del stop motion donde se habla del amor entre dos alambritos; se presentan sus conflictos, sus alegrías. Todavía no sé adónde voy a llegar con el videodanza pero me gusta hacerlo y creo que al final quedan productos que puedo mostrar sin vergüenza.

¿Considera que los espectadores cubanos tienen cultura de apreciar videodanza?

No creo que las personas se sienten frente al televisor para ver un videodanza, sin embargo, sí entran a una galería para ver una instalación como Continuo Espacio-Tiempo porque la intención visual y estética es muy fuerte. Hay poco público interesado en este género, pero siempre se acerca gente. Sería magnífico que los medios le fueran dando espacios que motivaran la creación. Por ahora, me parece genial que una institución tan importante como el Centro de Desarrollo de la Artes Visuales haya abierto sus puertas a esta iniciativa.  

Imagen: La Jiribilla

¿Qué valor le concede al videodanza como género?

La experiencia que uno recibe en un teatro durante una puesta en escena es algo que no tiene sustituto. Sin embargo, pienso que la obra de videodanza es un género que ha ido tomando vida propia y que aun cuando requiere del bailarín, posee otras características. En el teatro se aprecia la obra desde la posición deseada; en el videodanza, el espectador ve solo lo que el artista ha querido mostrarle. A mí en lo particular me permite mezclar mis conocimientos de artes plásticas con el audiovisual. Creo que no debemos seguirlo viendo como un registro del acto danzario porque es mucho más. Las sensaciones que se exploran son diferentes, los bailarines se pueden expresar de otras formas frente a la cámara. Me gusta que mis obras tengan el sonido ambiente, que se sientan los giros de los intérpretes, esos detalles le dan otra dimensión al videodanza.

Hay quienes sienten cierto temor hacia el género, lo ven como una obra de segunda o quinta categoría, pero yo creo que como mismo hay algunas que no tienen la categoría de arte, hay otras muchas que sí. Pienso que siempre es bueno que la gente haga, porque haciendo se aprende.

¿Qué otros proyectos ha impulsado en los últimos meses?

Recientemente terminé un documental que se va a estrenar en mayo y refleja el proceso de creación del artista británico Billie Cowie con Danza Contemporánea de Cuba. Para mí fue una suerte haber trabajado con él pues iba aprendiendo mientras filmaba. Es muy atractivo el material porque los bailarines hablan, él también comparte su opinión sobre la experiencia, se aprecia el proceso de montaje y, finalmente, la pieza terminada.

Hace poco hice otro pequeño documental dedicado a la Compañía Ecos, que habla sobre los integrantes de la compañía, cómo desarrollan su trabajo.

¿Qué sueños le quedan por hacer realidad si de videodanza se trata?          

Hace mucho tiempo quiero hacer un filme de videodanza donde se mezclen muchos géneros danzarios. Se trata de una historia que habla de nuestras raíces, de cómo somos una Isla formada por gente de muchos lugares. Me gustaría hablar de la confluencia de culturas, de la inmigración y la emigración. Es un proyecto que tengo medio congelado y que hasta el momento se reduce a pequeñas notas de guion. Después de varios años trabajando en este ámbito, he comprendido que siempre hacen falta algunos recursos para hacer realidad un sueño y para que el resultado pueda ser mostrado al mundo con orgullo.

 

 

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