Haydée

Nancy Morejón • La Habana, Cuba

¿Qué otro nombre podría tener cualquier niña cubana sino el de Haydée, así a secas?  Heroína de la Isla, de la Patria, de la Humanidad entera.  Su rostro adolorido y firme, en una foto archiconocida, expresa no sólo el desgarramiento que, de modo natural, está recordando ante el lente sino la esencia de la hazaña con que acudiera para asaltar el firmamento azul del mar Caribe, con su hermano Abel, a la izquierda; y su novio, Boris, a la derecha.  

Haydée fue mucha Haydée. 

Durante los primeros años del triunfo su nombre estaba asociado a una cifra, repetida y repetida hasta la saciedad: veinte mil muertos.  Fueron, por lo menos en las estadísticas oficiales, veinte mil muertes resultado de la traición y la tortura.  Era su emblema: «perdimos a veinte mil patriotas».  En primera fila, entre ellos, su hermano Abel Santamaría y su novio Boris Luis Santa Coloma, ambos entregados a la noble causa para erradicar una de las tiranías más sangrientas de su época, la de Batista, precursora—junto a la de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana—  de las venideras dictaduras de todo el Cono Sur. Nuestros veinte mil muertos fueron los primeros que abonaron el camino de una Cuba que se abrió a todo el continente para encarnar en el siglo XXI, un irrever