Artes Plásticas

Zona Franca, ¿una intra-Bienal?

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Nos acercamos al inicio de la XII Bienal de La Habana, acontecimiento que a partir del 22 de mayo y hasta el 22 de junio convertirá a la capital cubana —como se ha repetido— en una “galería a cielo abierto”.

Entre los proyectos más atractivos se encuentra Zona Franca, a desarrollarse en la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, que al decir del reconocido crítico y pintor, Manuel López Oliva, “de otrora emporio militar ha devenido bastión cultural porque todos los años acoge las distintas ediciones de las Ferias Internacionales del Libro y otros eventos de marcado impacto socio-cultural”.

Imagen: La Jiribilla

Diálogo de sordos
 

En esta ocasión Zona Franca  será el espacio en el que confluirá el quehacer de un centenar de artistas cubanos por lo que puede considerase que allí se desarrollará una suerte de intra-Bienal de arte cubano: “la Bienal se ha clonado a sí misma” —enfatiza López Oliva— y emerge Zona Franca, que es el más grande de todos los proyectos de la Bienal, al tiempo que insiste en que “es el germen” de algo que, necesariamente, hay que organizar: un Festival de Arte Cubano con una Feria de Arte Cubano que implique la presencia de curadores, artistas y galeristas de todo el mundo que no tienen una dinámica porque no están transnacionalizados: “Zona Franca, aunque actualmente no tiene un carácter comercial, es una opción para el mercado de arte cubano y es por eso que insisto en que la Bienal es un suceso que se trasciende a sí mismo y hay que ser realistas, llegó el momento de crear el necesario y soñado Museo de Arte Contemporáneo Cubano”, enfatiza el artista.

López Oliva acudirá a esta Bienal con Cambiar de máscara, acción multidisciplinaria que se podrá ver en la Bóveda D-1 de La Cabaña: “la idea es dar todas las dimensiones no de la máscara como objeto sino como concepto; máscara como mascarada, como el enmascaramiento porque es un estado en el que entran muchas cosas como la falsa identidad, el falso concepto que tienen las personas de sí mismos, el ocultamiento de realidades, las paradojas, es decir eso que parece ser y no es”, afirma.

En la práctica Cambiar de máscara será un espacio interactivo en el que habrá obras de López Oliva y, también, se exhibirá el trabajo de otras personas relacionados con “enmascarar”, pero de las más diversas disciplinas como modistas, diseñadores, fotógrafos y sicólogos que trabajan sobre el concepto máscara. Por ejemplo, —revela López Oliva— “un traje de la reconocida diseñadora Mercy Nodarse que por la parte delantera es una belleza, pero por dentro está lleno de espinas, de máquinas de moler carne, etc., lo que da la dualidad de la persona que es”.

Igualmente habrá una obra de la escenógrafa Virginia Carina que consiste en una caja con varios visores y cuando la persona penetra en ese espacio, se verá de otra manera, es decir, determinadas imágenes generarán máscaras fantásticas transformadoras de la realidad; así mismo se impartirán conferencias, entre ellas la del prestigioso investigador y ensayista, Jesús Guanche, sobre La máscara en el cine y la compañía de danza —que dirige la coreógrafa y bailarina, Rosario Cárdenas,— hará un performance. También acudirá un grupo de chefs que, desde la culinaria, realizarán un enmascaramiento de los alimentos, es decir, cómo una determinada comida tiene una imagen y es otra cosa completamente diferente.

Cambiar la máscara sugerirá un concepto universal y “variará la idea de la máscara como careta” que —aunque en su caso nace de los  antifaces de los carnavales de su natal Manzanillo y después se reencuentra con la idea en el Carnaval de Venecia—, el artista se abre a otras disciplinas; de ahí que participarán especialistas de diversos campos: “será un proyecto puramente conceptual, pero también con momentos de diversión, de humor y de ironía; Cambiar la máscara parte de la estética de la pobreza o la cultura de la pobreza que es con la que convivimos en Cuba, aunque no nos guste”, puntualiza el creador y de inmediato reconoce que en Zona Franca el espectador encontrará “proyectos muy interesantes que van desde exposiciones convencionales de pintura hasta la obra de artistas como Ponjuan o Ángel Ramírez, que tienen otras dimensiones: será como un gran ajiaco o popurrí del arte cubano”.

En conversación exclusiva con La Jiribilla, Manuel López Oliva —que sin duda es un creador que ha participado de manera activa en el nacimiento y consolidación de numerosas y diversas iniciativas culturales desde los tempranos años 60 hasta hoy— dijo sentirse “culpable” de la génesis de las Bienales porque formó parte del equipo que las concibió: “La Bienal apareció en Cuba en un momento necesario —las cosas aparecen y también pueden desaparecer cuando ya no son necesarias— y con el paso de los años ha habido distintos tipos de Bienales —de investigación, de curadurías abiertas, monotemáticas, sobre la ciudad— y hoy es una Bienal que, como me decía el actual director del Centro Wifredo Lam, Jorge Fernández, llega a los límites porque está expandida en lugares y en soportes y entre la idea y la experiencia”. Según López muchos criterios deben variar: “los organismos, la historia y la cultura tienen una dinámica interna y una dialéctica y el hombre tiene que ir entendiendo que antes que las cosas mueran, es preferible cambiarlas. Y una de las cosas que debía de haber cambiado es la Bienal porque ha crecido, se ha transformado, se ha abierto y, al final, ha llegado a clonarse. Hoy no tenemos una Bienal, sino dos”.

Imagen: La Jiribilla

El tramoyista
 

Recordó que la Bienal se empezó a concebir como un proyecto del Fondo de Bienes Culturales para crear una Fundación que llevaría el nombre de Wifredo Lam: “Lam no muere en Cuba —aunque había estado aquí para tratarse en el Hospital Ortopédico Frank País— y sus cenizas son depositadas en el Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en la Necrópolis de Colón, de La Habana. Quizá eso se debió a que Lam aparecía en una foto como combatiente de la Guerra Civil Española, pero realmente no estuvo nunca en combate sino que participó en un grupo que hacía carteles. Él estaba en España estudiando en la Escuela de San Fernando y, lógicamente, se sintió identificado con lo que estaba sucediendo y con los ideales de la República y se retrata delante de un carro vestido con el traje de los milicianos de la Guerra Civil Española; esa foto aparece en el libro que publica Núñez Jiménez con la ayuda de Pablo Armando Fernández y, tal vez, por eso sus cenizas se depositaron en el mencionado panteón. Antes de morir, Lam había manifestado —también me lo dijo a mí— que quería volver a Sagua porque él era ’un guajiro de Sagua la Grande’; incluso, hay una entrevista de un periodista, que ya no vive en Cuba que se llama Manuel Pereira, que se titula ‘El guajiro de Sagua la Grande’.

“Queríamos que la viuda y heredera de Lam, nos apoyara para crear una Fundación y cuando se entierran las cenizas de Lam, Fidel se reúne con un grupo de personas entre los que estaban el entonces Ministro de Cultura, Armando Hart, y la viceministra, Marcia Leiseca que atendía el sector de las artes plásticas y en ese momento se plantea el deseo de crear una Fundación. A Fidel no le pareció adecuado porque estaba condicionado por la idea de las fundaciones norteamericanas, que no eran más que instrumentos de control y de dominio neocolonial en América Latina, que era su traspatio.  Rápidamente —como ya se había manejado la idea de una Bienal, Marcia Leiseca —que es muy hábil e inteligente— le preguntó ¿y una Bienal? y luego de explicarle qué sería, Fidel da el sí: ahí está la semilla de las Bienales de La Habana.

“A partir de ese momento, nos dimos a la tarea de concebir una Bienal que tenía como modelo el trabajo realizado por Casa de las Américas: iba a ser una Bienal Latinoamericana y lo fue durante las dos primeras ediciones. Para la compresión de la Bienal es clave una persona que ¡por suerte está junto a nosotros y es más activa que algunas gentes jóvenes!, que es la pintora y grabadora, Lesbia Vent Dumois. También hay que recordar a Mariano Rodríguez, el artista de la plástica, que comenzó a buscar a personas que conformarían un equipo que delineara las políticas culturales en el trabajo de las artes visuales. Ya en 1983 estaba apto el proyecto y, paralelamente, se había creado el Taller de Serigrafía René Portocarrero que pertenecía al Fondo de Bienes Culturales. En 1986 el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam es el que asume plenamente —y hasta hoy— la Bienal de La Habana. Esa es la historia contada someramente”.

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