En el centenario del cineasta norteamericano

Orson Welles y el humo de un tabaco cubano

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Mucho antes de que el escritor Leonardo Padura tomara el episodio del trasatlántico St. Louis, con sus 937 judíos a bordo impedidos de desembarcar en La Habana, como punto de partida para la trama de la novela Herejes, el director Stuart Rosenberg filmaba la trágica saga de aquellas familias en una película de 1976 titulada El viaje de los malditos.

Fue una costosa superproducción cuyo monto financiero se encareció considerablemente por el fichaje de un elenco de estrellas: James Mason, Faye Dunaway, Lee Grant, Oskar Werner, Julie Harris, Max von Sydow, Ben Gazzara, Fernando Rey, José Ferrer, Denholm Elliot y una decena de bien cotizados actrices y actores aparecieron en una cinta a la cual no dejó de concurrir para interpretar un modestísimo papel el inefable Orson Welles.

Este, a la sazón con más de 60 años de edad, acababa de aportar su voz al disco de Alan Parsons, Cuentos de misterio e imaginación, basado en textos de Edgar Allan Poe, hoy día una pieza de culto. Desde Los Ángeles, mientras Parsons registraba el fonograma en los estudios londinenses de Abbey Road, Welles leyó fragmentos de “Un sueño dentro de un sueño” y de “La caída de la Casa Usher”, que en la primera edición del disco no fueron incluidos, pero que el propio Parsons rescató para la versión de 1987, dos años después de la muerte del cineasta.

El dato viene al caso por cuanto Welles, aparentemente alejado del cine —aunque hoy se sabe que andaba involucrado en la filmación del proyecto inconcluso La otra cara del viento, al que regresaremos más adelante—  y más interesado en otras aventuras artísticas, aceptó la invitación de Rosenberg solo porque se trataba de “reivindicar la memoria de gente que no debió nunca morir y a la que la democracia norteamericana dio la espalda”, según confesó en una entrevista para la televisión concedida poco después de estrenarse la película.

Con esto aludía a la actitud del gobierno de su país que rechazó la entrada de los judíos, quienes regresaron a la Alemania nazi. Antes, las autoridades cubanas de la época, habían hecho lo mismo, pese a que los viajeros contaban con visas previamente concedidas.

No obstante la brevedad de su participación, la presencia de Welles en el filme se recuerda por una frase, que no figuraba en el guion original. La dijo cuando su personaje, que intercede por la entrada de los judíos a la capital cubana, se da cuenta de que la negociación va a fracasar, y entonces afirma: “En La Habana de lo único que se puede estar seguro es de un cigarro”.

Algunos han querido ver en dicha frase un sabor hemingwayano y pudieran no transitar por una pista equivocada. Como hemos apuntado antes, la principal obsesión de Welles por aquel tiempo se situaba en ver de qué modo le ponía pies y cabeza a La otra cara del viento, película con la que intentaba recrear el encontronazo que había tenido en 1937 con Ernest Hemingway.

Invitado por Hemingway, Welles debía ponerle voz a la narración del documental La tierra española, pero fiel a su temperamento le quiso enmendar la plana al texto del autor de Por quién doblan las campanas. Hemingway se enfureció y calificó el atrevimiento como cosa de “marica”. Welles, que no lo era, se burló del desplante machista de Hemingway. Se iban a ir a las manos cuando alguien intercedió y la sangre no llegó al río, apenas unos puñetazos.

Pero la vivencia quedó en la memoria de Welles quien a partir de ella quiso desarrollar un guion que nunca fructificó aunque se filmaron largas escenas interpretadas por John Huston, Peter Bogdanovich y Dennis Hooper, ahora recuperadas y en vías de completarse en los próximos meses.

Todo ello a propósito de ser este de ahora el año del centenario de Welles, nacido el 6 de mayo de 1915 en Hollywood. A diferencia de Hemingway, Welles nunca estuvo en Cuba, pero gustaba de fumar puros habanos. Para que no queden dudas, ahí está la escena de Sed de mal en la que lanza volutas de humo al rostro de Janet Leigh.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato