Costa-Gavras:

“En cada filme, la historia impone su estilo propio”

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Uno de los mayores sucesos de esta 18va. edición del Festival de Cine Francés en Cuba es la presencia del multilaureado cineasta greco-francés Costa-Gavras. Referente intelectual en el ámbito europeo, autor de filmes de resonancia mundial como Z (1969), Estado de sitio (1973) o Desparecido (1981), y considerado por muchos como “un clásico viviente”, Gavras acude a la cita del cine galo en la Isla para presentar su más reciente obra: El capital (2012).

El público cubano, conocedor y amante de su filmografía, aplaude y agradece su visita. Varios periodistas lo acaparan y son muchos los compromisos, por ello no resulta fácil hallar la ocasión de dialogar sin presiones. No obstante, con una sencillez y humildad poco común en las figuras encumbradas, Gavras busca y encuentra el momento de continuar nuestra plática interrumpida luego de la conferencia de prensa, y minutos antes de acudir a la inauguración del Festival, terminamos el diálogo.

“Yo hago las películas como las siento. En cada filme, la historia impone su estilo propio”, afirma el cineasta, quien, a pesar de reiterar en varias de sus producciones la temática político-social y los mecanismos del poder, asociados muchas veces a regímenes totalitarios y dictatoriales, prefiere huir de las definiciones. “No me autodefino, las definiciones se las dejo a los críticos y periodistas”.

Aunque exista cierta resistencia por su parte al autorreconocimiento de un sello estético y conceptual distintivo, Gavras ha sido considerado en varias oportunidades por críticos y expertos como el iniciador del llamado cine político. Sobre este tópico, erigido leit motiv de sus obras más aplaudidas, nos comenta:

“Pienso que la política y el poder son temas importantes en la vida. Además, tengo un pasado griego, y la tragedia griega hablaba mucho de esas cosas. Después, cuando fui a Francia a estudiar cine y literatura, vi también que los temas más trascendentales para hablar de la sociedad eran esos. Claro, hay otro tipo de películas, pero no me interesan tanto. Los americanos hacen muchísimas de esas, afortunadamente. Hollywood era un lugar donde se producían muchos filmes interesantes; ahora cambió completamente, con esas películas de resguardar la galaxia en las que un espectador pasa dos horas pensando en nada. Fue una sorpresa para mí ver que le hayan dado un Oscar a Birdman. Es impresionante, no sé qué pasó con los que votan por las películas, pero evidentemente esa clase de filmes también ha encontrado su espacio.  

“Las películas que hago son sobre los seres humanos y lo que está pasando alrededor de nosotros que nos ayuda a ser felices o infelices. También hablo del poder, porque todos tenemos poder sobre algunos y otros tienen poder sobre nosotros, entonces se trata de este juego, algunas veces muy dramático, y de cómo cambiar nuestra vida. Me parece que el papel del arte, del cine y el teatro es mostrar lo que está sucediendo. Cuando un espectador va al cine no busca escuchar un discurso político, no quiere tampoco una lección universitaria, sino el espectáculo que le transmita emociones. Yo hago las películas con esa idea”.

Pero junto con las reacciones emotivas que pueda transmitir a la audiencia, no pocos de sus largometrajes le han generado al realizador, por un lado, fuertes polémicas, y por el otro, importantes reconocimientos. Con respecto a las primeras, apunta que hay algunas positivas comercialmente y otras negativas. Aunque se han creado en más de una ocasión, nunca se lo ha propuesto como objetivo a la hora de concebir una historia. “Cuando realizas una película no sabes lo que va a pasar con ella. En el caso de los premios, son importantes, pero los coloco en un lugar secundario; el problema principal no son tanto los galardones, sino la aceptación de las películas por el público, que es para el que se hacen”.

En El capital, su más reciente filme, Gavras acude, como en realizaciones anteriores, a la adaptación de una obra literaria. Se trata de la novela del mismo nombre escrita por Stephane Osmont. Esta vez, el inquieto cineasta, observador pertinaz de la realidad social, se inspira en una problemática que devora al mundo occidental contemporáneo: la filosofía de “el fin justifica los medios” desarrollada en el contexto bancario y financiero, con el protagonismo de un individuo inescrupuloso, cuya ambición sin límites lo lleva a escalar ininterrumpidamente los peldaños del poder hasta convertirse en una de las personalidades más influyentes del país.

“La idea llegó a mí viviendo y mirando cada día todo lo que está pasando con el tema de las finanzas, especialmente en Francia, durante los últimos diez años. Hay un libro que se llama El capital total donde está reflejado todo lo que acontece en los bancos. Plantea algo importante que la gente no imagina tanto, y es que los jefes de los bancos son empleados de los accionarios, y si los primeros no hacen una política en que los segundos adquieran un diez o 15 por ciento de la ganancia, entonces los cambian. Por eso los que arriban al más alto nivel son los listos. Llegan a esos lugares y se convierten en reyes, porque los salarios son extraordinarios, las posiciones son únicas y si caen no pueden trabajar en otra. De ahí que sean muy duros y hagan exactamente lo que tienen que hacer hasta el final. Eso es muy interesante y es lo que pasa con el personaje de la película.

“En el libro, el protagonista es un monstruo desde el principio con todo el mundo, incluida su familia; además, cae al final con historias de droga y sexo. Era la posición personal del autor —que conozco muy bien— porque hablaba de alguien en especial, que fue su jefe en cierto modo. Pero yo no quería abordar un personaje en particular, sino tomar de varias personas y biografías y así construir la película. Me basé en este libro que es de un banquero y describí cómo se desenvuelve hoy el sistema, los cambios extraordinarios e instantáneos que se suceden en la bolsa y cómo las máquinas cada día más van sustituyendo el trabajo que hacen los hombres.

“La primera satisfacción fue haber hecho el filme y tener a los actores que quería ver en él. Había dificultades para encontrar el dinero; no fue fácil, era una contradicción porque en cierto modo se pide a los bancos, pero al final el resultado fue positivo”.

Sobre el Festival de Cine Francés, el director de Z opina que es una alternativa muy positiva para que los cubanos puedan apreciar las más recientes producciones galas; sin embargo, es partidario de que las películas no se queden solo en las salas tradicionales de cine, sino que irrumpan en otros espacios de mayor masividad como la televisión, para incrementar el acceso del público cubano a lo mejor de la filmografía contemporánea de su país, que considera de alta calidad dramática y técnica en general:

“El cine en Francia cuenta hoy, además, con la presencia de muchos jóvenes y mujeres, no solo realizadoras, ya hay mujeres en todos los puestos y especialidades. Esto implica un cambio radical y le aporta otra sensibilidad a un cine que años atrás era muy machista”.

De Cuba admira el impulso de su filmografía, a pesar de las limitaciones: “No solo los grandes países con tradición cinematográfica, como EE.UU. y Francia, pueden hacer buen cine. Un pequeño país como Cuba es ejemplo, porque después de los años de liberación tras la Revolución ha desarrollado un cine nacional fuerte, con obras muy importantes”.

En los últimos años, Costa-Gavras ha llevado en paralelo su labor de realizador con la presidencia de la Cinemateca Francesa. Acerca de su trabajo en esta importante institución, declara:

“La Cinemateca requería un cambio profundo, había que adaptarla a las transformaciones en el ámbito digital y conservar la calidad de los filmes. Nos dedicamos a eso y, actualmente, hemos decidido hacer exposiciones sobre algunos directores y la vida que hay detrás de la obra. Hemos organizado algunas muy importantes: sobre Truffaut, sobre el cine italiano, pensamos exhibir otra de Antonioni y en septiembre inauguraremos una acerca del cine americano a través de Scorsese. Hacemos dos grandes cada año y otras más pequeñas sobre la compaginación, los decorados, las fotografías en el cine. Tenemos una programación de casi mil películas al año y recibimos anualmente de 450 a 500 mil personas que acuden a la cinemateca. Hacemos retrospectivas de directores, actores y filmes de éxito mundial”.

En estos momentos, el reconocido cineasta se encuentra enfrascado en la escritura de su próximo largometraje, del cual se resiste a dar pistas y detalles: “Estoy trabajando en un tema actual; pero no siempre es sencillo, porque las cosas cambian con una facilidad extraordinaria y tampoco quiero repetir tópicos que ya he tocado. Un guion es muy frágil, se puede reescribir, se pueden encontrar otras soluciones o no, por eso es mejor hablar de una película cuando ya existe”.

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